No olvidemos a nuestros muchachos solidarios. Desde acá agradezco a los que han ofrecido ayudarlos y de manera muy especial a los que ya han hecho efectiva su ayuda.
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Tal como narré hace algún tiempo con la cartera azul, ahora estoy enfrascada en otra misión que jamás imaginé que podría ser catalogada como imposible: encontrar un simple gorro de baño, para no mojarme el pelo.
Todo empezó hace algunas semanas, cuando me di cuenta de que el gorro que uso ahora está demasiado deteriorado. Casi diría que necesita un cambio a gritos. Así que me dije que debía buscarle reemplazo en la primera oportunidad en que fuera a algún supermercado a hacer compras.
Fui y volví a mi querido y cercano autoservicio auriverde, que me queda muy cerca y al que prácticamente voy todos los días, y cada vez que iba, me olvidaba del gorro de baño. Me acordaba cuando ya estaba de vuelta en casa.
Hasta que por fin recordé el asunto en el momento en que debía recordarlo. Me paseé por donde están los artículos de limpieza, los de ducha, los de baño. Nada. No había ni asomo de gorros de baño. Pensando que los podrían haber colocado en otro sitio, sobre todo porque jamás entenderé la lógica detrás de la disposición de los artículos en los supermercados (por ejemplo, ¿por qué no pueden poner juntas la sal y el azúcar?), pregunté a un trabajador de la tienda. Su respuesta fue: "no vendemos eso".
No le repliqué, pero me pareció rarísimo porque todos los gorros de baño de los que tengo memoria los he comprado en diversos supermercados.
Decidida a buscar en otras tiendas, me fui a un recién inaugurado autoservicio rojiblanco, primo hermano del auriverde, que queda a pocas cuadras de distancia. Busqué y busqué... sin éxito. Pregunté a otro trabajador de la tienda y la respuesta fue casi igual a la anterior: "no, no vendemos de esos".
Pensando por un momento que me encontraba estancada en una bizarra realidad alterna, opté por buscar y preguntar en farmacias. Empecé en las farmacias grandes de cadena que hay cerca de la casa. Adivinaron: no hay. Pregunté en la pequeña farmacia del barrio, y la atenta Jackie me dijo que sí tenía. Yo ya estaba a punto de lanzar un ¡Eureka! arquimediano, cuando regresé a tierra. Los gorros que tienen en la farmacia son de tela, pues son para cirugía y no son de baño.
Vuelta a mi triste realidad, me veo obligada a seguir usando el mismo gorro envejecido. Pero no cejaré en mi intento, seguiré buscando un gorro de baño. Total, el que persevera triunfa... es lo que me han dicho.

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Tal como narré hace algún tiempo con la cartera azul, ahora estoy enfrascada en otra misión que jamás imaginé que podría ser catalogada como imposible: encontrar un simple gorro de baño, para no mojarme el pelo.
Todo empezó hace algunas semanas, cuando me di cuenta de que el gorro que uso ahora está demasiado deteriorado. Casi diría que necesita un cambio a gritos. Así que me dije que debía buscarle reemplazo en la primera oportunidad en que fuera a algún supermercado a hacer compras.
Fui y volví a mi querido y cercano autoservicio auriverde, que me queda muy cerca y al que prácticamente voy todos los días, y cada vez que iba, me olvidaba del gorro de baño. Me acordaba cuando ya estaba de vuelta en casa.
Hasta que por fin recordé el asunto en el momento en que debía recordarlo. Me paseé por donde están los artículos de limpieza, los de ducha, los de baño. Nada. No había ni asomo de gorros de baño. Pensando que los podrían haber colocado en otro sitio, sobre todo porque jamás entenderé la lógica detrás de la disposición de los artículos en los supermercados (por ejemplo, ¿por qué no pueden poner juntas la sal y el azúcar?), pregunté a un trabajador de la tienda. Su respuesta fue: "no vendemos eso".
No le repliqué, pero me pareció rarísimo porque todos los gorros de baño de los que tengo memoria los he comprado en diversos supermercados.
Decidida a buscar en otras tiendas, me fui a un recién inaugurado autoservicio rojiblanco, primo hermano del auriverde, que queda a pocas cuadras de distancia. Busqué y busqué... sin éxito. Pregunté a otro trabajador de la tienda y la respuesta fue casi igual a la anterior: "no, no vendemos de esos".
Pensando por un momento que me encontraba estancada en una bizarra realidad alterna, opté por buscar y preguntar en farmacias. Empecé en las farmacias grandes de cadena que hay cerca de la casa. Adivinaron: no hay. Pregunté en la pequeña farmacia del barrio, y la atenta Jackie me dijo que sí tenía. Yo ya estaba a punto de lanzar un ¡Eureka! arquimediano, cuando regresé a tierra. Los gorros que tienen en la farmacia son de tela, pues son para cirugía y no son de baño.
Vuelta a mi triste realidad, me veo obligada a seguir usando el mismo gorro envejecido. Pero no cejaré en mi intento, seguiré buscando un gorro de baño. Total, el que persevera triunfa... es lo que me han dicho.







