jueves, 5 de mayo de 2022

Carrera matutina

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Todos los días, mi papá me levanta temprano... Ejem, en verdad, yo despierto a mis papás. La cosa es que mi papá se pone su ropa deportiva, me vista con ropa que mi mamá dejó lista en la noche y salimos a correr.
Él corre, a mí me lleva en mi coche delante de él. Vamos por unas calles bonitas cerca de la casa. Las personas que se cruzan con nosotros me sonríen. Pasamos tan rápido que no me da tiempo a contestarles, pero me gusta ver esas sonrisas.
Lo que más me divierte es un grupo grande que baila con música a todo volumen. Su ropa colorida me hace acordar a la ropa que se pone mi papá  para salir a correr. Cuando me ven, me llaman con alegres gritos. A esas alturas, ya voy medio dormido y sus saludos me despiertan. Saco la mano por el costado del coche y así sigo hasta que sus voces y la música quedan lejanas.
Veo muchos perros, de todos los tamaños y colores. Sus dueños me saludan también, y yo tengo ganas de jugar con los perros.
Cuando mi papá completa el camino, regresamos a la casa. Mi mamá nos recibe con besos y abrazos y me va preguntando a quién vi mientras me saca del coche. Son los mejores momentos de las mañanas.
(*) Inspirado en el niñito que pasa en su coche que empuja su papá, justo antes de empezar  nuestra hora de zumba y nos saluda a lo lejos.

Que este domingo tengan todos un feliz Día de la Madre.

domingo, 17 de abril de 2022

Un lindo detalle

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Abu, acabo de recibir la respuesta que estaba esperando. Me aceptaron para el ciclo que empieza en agosto.
La abuela felicitó a su nieto, su nieto mayor. Sabía que estaba esperando esa respuesta y se alegraba de saber que seguiría su brillante camino profesional.
Si había una abuela orgullosa y feliz ese día, era ella.
Faltaban tres meses para la partida del nieto, pero pasaron volando. Y dos días antes de la partida, el nieto fue a visitar a su abuela. Pasó buena parte de la tarde con ella riendo, contando historias y queriéndose mucho. Esas horas también pasaron volando.
El nieto se fue, llegó, se instaló. Varias veces al día se comunicaba con la familia, que quedó pendiente de sus noticias. Las llamadas y los mensajes iban y venían. La abuela sabía siempre cómo estaba el nieto. "Bendita sea la tecnología", se decía.
Una tarde cualquiera, sonó el timbre, La abuela recordó las visitas sorpresivas del nieto, cuando llegaba simplemente "porque estaba cerca".
"Ya volverán esas visitas", pensó, mientras iba a ver quién tocaba.
El intercomunicador le devolvió la voz de un hombre que preguntó por ella y le dijo que tenía un regalo para ella. La abuela salió y se encontró que le traían un enorme ramo de flores. Destacaban los girasoles entre flores más chicas. Recibió el pesado ramo, agradeció al hombre del reparto y entró rápido a su casa para ver la tarjeta.
Una furtiva lágrima le salto al leer la tarjeta: "Abu, te mando un motivo para sonreír. Te quiero mucho".
Misión cumplida, pensó mientras iba a buscar su teléfono.
Si había una abuela orgullosa y feliz ese día, también era ella.

domingo, 20 de marzo de 2022

¿Frejol o maíz?

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La tía Angelita tenía un arsenal inagotable de historias que aún recordamos en diversas ocasiones.
El otro día recordé el cuento de un muchacho que ella conocía en su juventud. Este chico no podía distinguir la derecha de la izquierda, y eso le había creado una cantidad increíble de problemas.
Este chico confundido entró al Ejército, y volvía locos a sus superiores por esa desesperante confusión de izquierda y derecha. Ni con paciencia, ni amenazas, ni burlas ni llamadas de atención el soldado raso acertaba cuando le decían que girara a un lado u otro.
"Si por lo menos fueras al contrario de donde te manda tu instinto, avanzaríamos algo. Pero no, ni por esas lo haces bien", le decía su superior, a veces con paciencia, más veces con hastío y casi siempre al borde de estallar.
Pese a todo, le había tomado cariño al desubicado recluta, quería darle una solución a su incapacidad de distinguir un lado del otro. Después de mucho pensar, se le ocurrió una idea. Puso frejoles en una bolsa y granos de maíz en otra. Llamó al muchacho y le dijo:
- Te voy a poner una bolsa de frejoles en el bolsillo derecho y otra con maíz en el izquierdo. Acuérdate, Frejoles-derecha, maíz-izquierda. E con E, I con I. Te lo pongo fácil para que, por fin., lo hagas bien.
Y entonces empezaron las prácticas, que cambiaron de ser "izquierda, derecha, izquierda, por maíz, frejol, maíz. O más comúnmente, "por el fréjol, por el maíz". Por fin, todo correcto.
Alegría compartida, todos felices.
Nunca supimos si la historia era cierta o si era producto de la imaginación de la tía Angelita. Es lo de menos. Lo importante es recordarla a ella y a sus historias..

jueves, 10 de febrero de 2022

Zumba en el malecón

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Desde hace un mes bailo zumba en el malecón tres veces por semana. Conocí a este alegre grupo gracias a mi práctica de yoga. A pocos metros de donde yo pasaba de una asana a otra, muchas participantes seguían el ritmo de la música contagiante. Era inevitable voltear a ver el espectáculo de alegres bailarinas.
Qué ganas de estar ahí, pero los horarios coincidían, así que había que escoger. Hasta que se dio la ocasión, y vaya que la aproveché.
Así que ahora voy tres veces por semana. Camino unos cuantos pasos y paso del yoga al zumba en segundos. Esa combinación es la mejor manera de empezar la mañana. Y al aire libre, con el mar a la vista, en alegre compañía es mejor todavía.
A las órdenes de Johana vamos a la vez, derecha, izquierda, adelante, atrás, arriba, abajo, piso, y ya cambié. Al cabo de media hora el cansancio se siente, pero la energía colectiva hace que el ánimo no decaiga. A aguantar media hora más.
Después de una hora, previo selfie con fondo marino, cada quien vuelve a casa. Menos Johana, que va rumbo a otra hora más de zumba, con una fuerza y una alegría realmente envidiables.