domingo, 16 de febrero de 2020

La mujer en la ventana

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Ese día se levantó temprano. Se levantó temprano ese día como todos los días.

Como todos los días, no prendió la luz sino que se iluminó con el televisor a volumen muy bajo. No es cosa de despertar a todos los demás a causa de su rutina.

Así entró y salió varias veces del dormitorio, como todos los días. Hay que prepararse bien para la rutina diaria, y esta parte de la rutina diaria es tan igual que la hace a oscuras, solamente el dormitorio tiene la luz del televisor.

Como todos los días, casi lo último que hace es abrir la ventana del dormitorio para que quede abierta todo el rato que no está. Y como todos los días, miró hacia el cielo a ver si podía adivinar cómo estaría el resto del día. No todos los días acierta, pero no deja de hacerlo.

Cuando recorría el espacio con la vista reparó en que tenía delante a una mujer. Una mujer que parecía hablarle directamente, movía la boca pero no emitía sonido.

El susto fue inenarrable.

Comenzó a preguntarse, ¿por dónde había entrado esta mujer? Todos los accesos están asegurados, pensado justamente para que nadie pueda colarse a la casa. Alguna vez ha descubierto gatos que se pasean por la parte alta de los muros que dividen que las propiedades vecinas sin animarse a dar el salto al suelo.

Pero una persona es imposible. Simplemente no hay lugar.

Volvió a mirar, la mujer seguía ahí. Y de repente, desapareció.

El susto fue doblemente inenarrable.

Se dio la vuelta de inmediato para rechazar lo que fuera que estuviera afuera. Y volvió a mirar hacia afuera.

Otra vez estaba la mujer.

Entonces se dio cuenta de algo.

La mujer era una entrevistada en el programa que estaban dando en el televisor prendido cuya imagen se reflejaba en la ventana del otro dormitorio, y que con el volumen tan bajo hacía parecer que la mujer le hablaba directamente y que movía la boca pero sin emitir sonido.

lunes, 27 de enero de 2020

Historia de una reivindicación

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Hay un programa español que consta en saber para ganar. Como se puede deducir, es un concurso de conocimientos en el que hay diversas preguntas en diferentes pruebas que tres concursantes deben superar todos los días.

No me lo pierdo un solo día, pues lo dan hasta fines de semana.

Hace algún tiempo, dieron una respuesta incorrecta cuando preguntaron quién había compuesto "La flor de la canela", canción de la peruana Chabuca Granda. El presentador dijo que la autora era María Dolores Pradera.

Eso provocó una reacción mía inmediata:

No solamente nunca rectificaron, sino que al cabo de un tiempo volvieron a cometer el mismo error, que motivó una respuesta mía más ruidosa.

Durante varios días, semanas y hasta meses, estuve insistiendo con el mismo pedido: que rectificara, que dijeran quiera la verdadera autora. Y hasta mandé un tuit diario con el pedido:
Y así pasaron varios meses, tiempo en el que de vez en cuando mandaba mi recordatorio del pedido de rectificación.

Hasta que un día me dieron una sorpresa doble. Por un lado, si bien no era una rectificación, era una reivindicación. Por el otro, ahí supe que había personas interesadas en mi reclamo:

Otro ejemplo:
Ya entrado 2020, seguí insistiendo:

Y a los pocos días, otra sorpresa:

Y así quedó reivindicada Chabuca Granda y su inmortal "Flor de la canela". Que nadie vuelva a confundirse. Acá está, en su propia voz:

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Les invito a leer mi más reciente artículo en Global Voices, con una terrible noticia de algo que ocurrió en Lima el jueves 23 de enero.

domingo, 12 de enero de 2020

¿El cliente siempre tiene la razón?

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Una empresa de cable decide unilateral y arbitrariamente retirar de su programación un canal. Un día prendes el televisor con la idea de ver la serie que sigues hace semanas y no hay canal. Crees que te has equivocado, repites la operación... nada.

Llamas a preguntar qué pasó y un hombre que repite instrucciones y consignas como si fuera una máquina te responde que "es un cambio que obedece a mejoras en bien de los clientes". Cuando replicas que en qué realidad alterna es una mejora que te quiten programas que ves sin anuncio previo (ni posterior, digamos la verdad), el hombre que repite como si fuera una máquina vuelve con la cantaleta.

Ajo y agua nomás.

De un momento a otro, el periódico que compras pone anuncios con "Desde el domingo, tu diario favorito crece". Ingenuamente te preguntas si aumentará el número de páginas, el tamaño del diario o tal vez habrá más columnistas. Tienes curiosidad por saber por dónde vendrá el cambio.

Cuando llega el día tan esperado, notas que el único cambio está en el precio. De un plumazo, el diario cuesta 50 % más. No hay más secciones, no hay más columnistas, no hay más páginas. Al contrario, jurarías que hay menos páginas.

Decides cambiar el diario que compras todos los días. Y de nuevo, ajo y agua.

El canal que ves todos los días repite impunemente capítulos de series hasta la saciedad.  No son series que continúen, cada episodio es una historia. Sabes que la serie tiene infinidad de capítulos más porque los has visto antes. Sin entender por qué, el canal comienza a dar los mismos cuatro capítulos uno tras otro, como si no hubiera más. Y sabes que sí hay muchos más.

Ese mismo canal repite las promociones también hasta la saciedad.

Reclamas ambas circunstancias por medio de una red social, crees que te harán caso, pero no. Ya se sabe, ajo y agua.

¿El cliente siempre tiene la razón? Francamente, no lo creo.

sábado, 28 de diciembre de 2019

¡Santos inocentes!

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Como hoy, ese año el 28 de diciembre cayó en sábado.

Todavía no eran las ocho de la mañana, pero la tía bisabuela estaba despierta desde hacía más de dos horas. Traviesa e ingeniosa como ella sola, tuvo una idea. Así que fue al cuarto donde dormía plácidamente su sobrina bisnieta y le dijo:
- Hijita, hijita...

Cuando la sobrina despertó a medias, la tía bisabuela le dijo muy seria:
- Te llama tu amiga, la que vive en Francia.

La sobrina se levantó de un salto. Esa amiga muy querida tenía años de vivir en Francia y años de no venir de visita. En tiempos de cartas y llamadas de larga distancia, las comunicaciones que recorrían fronteras no eran fáciles ni baratas. Así que había que correr para aprovechar hasta el último segundo de la llamada.

Cuando la sobrina estaba a punto de tomar el teléfono, que la tía bisabuela había dejado descolgado, un grito que vino de atrás la sobresaltó:
- ¡Santos inocentes!

La tía bisabuela comenzó a reír, la sobrina quedó un momento con el teléfono en la mano sin entender nada. Hasta que se dio cuenta de la fecha.

Así que santos inocentes, ¿no? Ahora vas a ver, pensó.

Resignada a no volver a dormir, se levantó y fue a tomar desayuno. Mientras tanto, su cerebro pensaba y pensaba...

De repente, la sobrina preguntó por su mamá y la tía bisabuela le dijo que salió temprano a hacer varios encargos. "Tempranito mejor, hijita, así no hay gente. Ya sabes cómo son estos días de Navidad y Año Nuevo, todos corren".

"Sí, pues", pensó la sobrina.

Al cabo de un rato, la sobrina bajó las escaleras hacia la cocina, el reino indiscutible de la tía bisabuela. Estaba apurada, casi gritaba:
- Tía, tía, saca tu carrito de compras. Ahí viene mi mamá con el pavo que le regalaron en su trabajo. Anda haciendo sitio en la refrigeradora mientras yo traigo el pavo del carro. Haz bastante espacio, mejor, es un pavo grande.

Tan grande fue la impresión que la tía bisabuela ni siquiera se detuvo a pensar cómo la sobrina tenía todos esos datos. Se limitó a renegar:
- Pero si ya habíamos hablado que iba a esperar hasta la próxima semana para traer el pavo. Pero si ya le había dicho que mejor pasaran unos días antes de cocinar de nuevo algo complicado. Pero si ya le había dicho que mejor lo guardáramos para su cumpleaños. Pero si ya habíamos quedado en que...

Sus cavilaciones fueron interrumpidas por una carcajada y un grito de la sobrina:
- ¡Santos inocentes!
- Ay, esta muchacha...
- Ay, esta tía bisabuela.
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A todos mis lectores, que 2020 venga mejor que 2019 en todos los aspectos. Nos leemos el próximo año.