domingo, 21 de noviembre de 2021

Bodas de marfil

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Y sin darme cuenta, este blog cumplió ayer 14 años. Ya pasaron catorce años desde que publiqué esa primera entrada, ya legendaria.

Gracias por acompañarme en este viaje blogueril..

martes, 16 de noviembre de 2021

Una relación alarmada

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La abogada intentaba trabajar, pero la alarma de un auto no paraba y no la dejaba concentrarse. "Caramba con esta gente que deja la alarma activada y luego ni se preocupa".
La alarma seguía y seguía. Ya casi se había acostumbrado al intruso sonido cuando otro abogado de la oficina se asomó a su puerta y le dijo que fuera a ver qué pasaba afuera:
- ¿Por qué?, preguntó la abogada.
- Es la alarma de tu carro la que suena.
Tomó las llaves y se asomó por la ventana. El control remoto no le hacía caso, así que salió precipitadamente con la idea de intentarlo de cerca.
Nada, el control remoto no le hacía caso. Ya le había dado avisos antes, pero no le había hecho caso, lo resolvería después, pensó. Ahora sí que era urgente.
La alarma seguía y seguía con su desesperante sonido.
Abrió el capó e intentó recordar cuál era el cable que debía desconectar, pero los nervios no le dejaban pensar.
Y ahí fue que los oyó. Lejanos primero, más cercanos después. Eran los gritos furiosos, airados de un hombre que reclamaba por el escándalo. La abogada sabía que tenía razón, pero lo importante en ese momento era encontrar cuál era el cable a desconectar.
No sabe como, pero lo encontró finalmente. Y volvió la paz... Bueno, casi, porque el hombre seguía gritando.
La abogada le pidió disculpas, le prometió que mandaría a revisar la alarma de inmediato. Estaba muy avergonzada por todo. El hombre se calmó un poco, asintió y se fue por donde había venido.
Ella regresó a su trabajo, pero se le hizo difícil.
Al día siguiente dejó su auto en el taller para que revisaran la alarma. Cuando legó a su oficina, encontró un enorme ramo de flores con una tarjeta: "Mil disculpas por mi reacción de ayer. En señal de reparación por el mal rato, te invito a almorzar mañana". Y le dejaba su número de teléfono.
Lo llamó, almorzaron al día siguiente. Ella le contó que el auto estaba en plena revisión de la alarma, para que no ocurriera lo mismo nunca más. Él le contó que era extranjero y que estaba en el país por trabajo. Estaba trabajando en un proyecto grande y tenía planeado estar en Lima tres años más.
Una cena siguió al almuerzo, una ida al cine siguió a la cena y luego pierdo la cuenta de lo que siguió. Para hacer corto un cuento largo y alarmado, dos años después se casaron y ya tienen dos hijos.

martes, 26 de octubre de 2021

¡Vaya chasco!

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Ese día se levantó tarde. En verdad casi todos los días se levantaba tarde, y sabía que ya debía estar acostumbrada, y sabía que ya debía hacer algo para cambiar. Pero lo pensaría en otro momento, ahora no tenía tiempo.
Se levantó como pudo, se alistó como pudo. Salió a las carreras, casi deja la puerta de la casa abierta. Corrió al paradero y tuvo la suerte de que justo pasara el bus que la llevaba.
"A pesar de todo, las cosas pueden salir bien", se  dijo.
Llegó a la clase con diez minutos de retraso, y calculó que habría perdido apenas cinco minutos de disertación del profesor. "No es tan terrible", se dijo.
Divisó un asiento libre bastante cerca de la puerta y fue directo a ocuparlo.
Cuando intentaba concentrarse en la clase, se dio cuenta de que estaba al lado del chico más guapo del salón. Sí, ese al que todas miraban de lejos y con quien nadie se atrevía a hablar. Él se volteó, la miró fijamente, la saludó con un leve movimiento de cabeza, que ella correspondió nerviosamente. Le notó una extraña expresión, pero no le dio mayor importancia.
"Ya, atiende", se dijo.
Así transcurrió la clase, ella intentando atender, él volteando a mirarla de rato en rato, Siempre con la misma rara expresión, que ella interpretó positivamente.
"Buenos, chicos, hasta la próxima clase. Muchas gracias", se despidió el profesor mientras guardaba el libro con el que siempre daba su clase.
Ella vio cómo el chico salía del salón sin apuro. De ahí, se levantó y fue directo al baño. Con las prisas de la mañana ni se había acordado de ir. Al entrar al baño, se cruzó con otra chica que salía y que la miró con la misma expresión rara que había tenido el chico a lo largo de toda la clase.
Se miró al espejo y lo vio. Ahí estaba el tremendo rulero azul eléctrico que se ponía todas las noches para amansar ese mechón rebelde y con vida propia que en su apuro olvidó completamente.
"Ay, no, las cosas finalmente me salieron mal".
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Llegó de nuevo ese momento del año de decir "pobre octubre".

 

viernes, 8 de octubre de 2021

Sorpresa en el hotel

Hotel
Raquel se despertó con sueño, siempre se despertaba con sueño. Se obligó a levantarse y ponerle buena cara al día. Tenía la sensación de algo bueno. No lo podía definir, pero ahí estaba.
Entró puntual al hotel en el que trabajaba haciendo la limpieza de los cuartos. Ni conocía las caras de los huéspedes, entraba cuando ellos ya se habían ido. Y si se los cruzaba en algún pasadizo, a ella casi no la veían.
No importaba. Ella hacía su trabajo y aunque era agiotador, lo hacía con cariño. Le gustaba dejar los cuartos bien ordenados, deshacer el caos que los turistas dejaban todos los días.
"Si yo me fuera de vacaciones, también dejaría todo desordenado, para variar de las obligaciones diarias", se decía mientras hacía magia con sus manos. Y es que hacía magia, en un segundo sacaba las arrugas de las sábanas, desaparecía los papeles regados en el suelo, doblaba las toallas en el baño y reponía los frasquitos.
Después de hacer magia en un cuarto, salió y pasó al siguiente. Casi como una máquina, infalible y mecánica.
Al abrir la puerta, el desorden la golpeó sin aviso. A pesar de que ya estaba acostumbrada, ese desorden la impresionó. Puso manos a la obra de inmediato, aunque no sabía por dónde empezar.
Sobre una silla vio una caja. "Claro, con este desorden ni cuenta se dieron y se olvidaron de esto", pensó ,mientras se acercaba a la caja. Debía dejarla en la Administración, por si los huéspedes la reclamaban.
Al tenerla en la mano, vio que había una nota escrita a mano pegada con cinta adhesiva: "Gracias por mantener nuestro cuarto ordenado y limpio. Perdón por nuestro desorden. Como compensación le dejamos un dulce de nuestro país para que lo disfrute con quien más quiera".
Se quedó sin palabras, paralizada de asombro. A la máquina infalible le tomó un buen rato reponerse.