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domingo, 3 de junio de 2018

Estampas desde un bus

Es una tarde de viernes de otoño que se volvió frío de un día para otro. El bus va relativamente vacío. No es hora punta, no hay calles llenas de gente. Es un momento perfecto para ir con toda tranquilidad, y es una delicia ver la vida pasar mientras en bus pasa.

El bus avanza por una larga y estrecha calle, normalmente llena de autos que pugnan por continuar su camino, autos que pugnan por encontrar estacionamiento y peatones que deben sortear a unos y otros. Pero en esta tarde de viernes de otoño que se volvió frío de un día para otro no pasa nada de eso. Al contrario, las tiendas por las que pasa el bus se ven vacías de clientes y llenas de mercadería y trabajadores que se distraen mirando el mundo a través de una minúscula pantalla que parece tenerlos dominados.

Un hombre que peina canas y cuyos ojos habrán visto mil batallas se estaciona afuera de una cafetería. Lo hace con la elegancia y la seguridad que dan la experiencia. Se baja de su auto, y al momento se le acerca un atento muchacho elegantemente uniformado con el logo de la cafetería. El hombre canoso lo reconoce, le sonríe, le da la mano y entablan un breve diálogo cordial de evidente intercambio de saludos.

El cartel de una tienda anuncia extemporáneamente ofertas de Navidad en varios carteles multicolores. Demasiada previsión o demasiada negligencia.

Una pasajera se baja del bus. Cruza una calle caminando a toda velocidad, sin llegar a correr. Cruza otra calle y se pierde entre los autos y otros peatones.

Estampas que se ven desde un bus en una tarde de viernes de otoño que se volvió frío de un día para otro.

viernes, 14 de abril de 2017

Estampas otoñales

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Tarde de otoño limeño, el sol se resiste a dejar de brillar y dar por terminado un verano que ha sido especialmente caluroso y cruel en muchas zonas del país. Un hombre mira su carro, puesto de cualquier manera al lado derecho de la pista. Una de las llantas de atrás está totalmente baja, y una llanta adicional yace en el suelo. Otro hombre que acompaña al primero le dice con tono de reproche: "se supone que la llanta de repuesto debe estar inflada y lista para cualquier emergencia".

Una pareja camina de la mano por la calle. En la mano libre, él lleva la correa de un perro pequeño que avanza a paso ligero que casi lo obliga a correr. Ella trata de mantener el ritmo que el perro le impone al hombre. Los dios ríen y luego miran a la mascota, que ha dejado en claro quién manda a quién.

Un niño señala con la mano un gato que duerme plácidamente en uno de los rincones de un parque miraflorino que se ha hecho famoso por albergar felinos por todos lados. El niño divisa otro gato más allá y también lo señala, luego ve que hay otro y otro. Al final opta por dejar de señalarlos y se deleita mirándolos de lejos, pasando de uno a otro con ojos traviesos y riendo a más no poder.

La carpa donde se reciben donaciones muestra cantidades enormes de paquetes, de cajas repletas de comida, de frazadas. Todo está empaquetado y embalado, listo para ser enviado a donde más se necesita. Al día siguiente, es evidente que son otros los innumerables paquetes que en horas llegarán a aliviar las necesidades en lugares donde durante días interminables el cielo no dejaba de mojarlo todo.

viernes, 24 de febrero de 2017

Otras estampas veraniegas

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Un hombre carga tres botellones de siete litros de agua cada uno. En total, lleva en ambas manos 21 litros que se usarán para aliviar los calores de este largo y ardiente verano. El hombre se detiene en un intento inútil de retomar aire, secarse el sudor y refrescarse algunos segundos antes de seguir su camino.

Una pareja camina por la calle conversando animadamente. De repente, la mujer se queda rezagada, se saca una de sus sandalias y deja ver una pequeña herida en la parte de atrás del pie, causada justamente por su propio zapato. La herida es muy chica en tamaño, pero enorme en efectos porque casi no le permite caminar. El hombre detiene su marcha para esperarla, pero la situación parece no tener remedio. Otra transeúnte que lo ha visto todo de lejos se acerca a la mujer y le entrega dos curitas. Ella las recibe, y la pareja se mira asombrada ante un hecho que debe haberles parecido un pequeño milagro.

Un grupo de niños juega tenis en un club muy cerca del mar. Son escolares de vacaciones en una de tantas actividades para que "no se aburran" en los meses de verano que los hace despertarse casi a la misma temprana hora que en los meses de colegio. Sus gritos son entusiastas, pero vistos desde lo alto, más de uno parece no tener ganas de estar ahí.

Las tiendas de ropa están rematando las prendas ligeras de manga corta y con el cartel de AVANCE DE TEMPORADA anuncian ofertas para artículos que probablemente se usarán dentro de algunos meses.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Estampas caninas

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Un hombre pasea a un perro de tamaño mediano. Los dos caminan a buen paso, sincronizadamente, el perro va por delante pero no se puede decir que sea quien lleve el mando. De repente, la mascota se detiene y el dueño hace lo mismo. El perro adopta una posición típica para lo que viene, y lo que viene se conoce elegantemente como excretas. Una vez terminada la faena, el dueño saca una bolsa de plástico del bolsillo, se agacha y recoge los residuos de su perro, anuda la bolsa y ambos retoman el paso. Esto hace recordar a Jerry Seinfeld, cuando dijo que si un extraterrestre recién llegado a la Tierra viera la escena recién descrita, no tendría duda alguna de quién manda aquí.

Una mujer lleva a un perro mínimo sujetado de una gran correa en la que el can casi se pierde. Van con pausa y sin prisa. De repente, por la acera del frente pasa un muchacho con un perro enorme bien agarrado de una cadena. Desde el otro lado de la calle, cuando el perrito mínimo ve al perrote enorme, empieza a ladrar sin parar, gruñe desafiante. La dueña trata de calmarlo. Al frente, ni el perro enorme ni su dueño se dan cuenta de la tremenda furia que han provocado a pocos metros de distancia.

Una multitud de perros vienen caminando ordenados, todos sujetos por sus respectivas cadenas que lleva un muchacho alto y flaco. Deben ser por lo menos diez perros, cinco en cada mano. Los hay pequeñitos, medianos y grandes. Todos avanzan a la vez, el muchacho tiene la voz de mando a la que todos los animalitos responden obedientemente. Surgen las ganas de preguntarle al muchacho cuántas bolsas para excretas lleva en sus bolsillos.

Por la ventana de un departamento en un segundo piso se divisa un perrito mirando hacia la calle. Parece una pinturita, no se mueve, está atento a todo lo que pasa debajo de sus ojos. La calle está animada, es temprano, hay niños yendo a su jardín de la infancia, los auto pasan con algo de prisa, una mujer vende periódicos a transeúntes y choferes que se lo piden. El perrito no pierde detalle de nada.

Una mujer viene caminando sola. De pronto, se abre la puerta de la casa justo cuando ella está pasando. De la casa, sale un perro enorme que corre hacia la mujer. Ella se queda inmóvil, mirando fijamente al perro. El perro se queda inmóvil, mirando fijamente a la mujer. Los dos se miran como estudiándose. Parece un momento eterno, pero apenas han pasado dos segundos. Por la misma puerta por donde salió el perro aparece un señor, llama al perro de un grito, y este entra en la casa obedientemente. El hombre pide disculpas a la mujer, ella le dice que no hay problema. El hombre contesta asombrado ante la calma de la mujer. Su perro no es bravo, explica, pero por su tamaño infunde temor.
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Les invito a leer mi más reciente publicación en Global Voices, sobre un profesor realmente admirable y digno de todo elogio.

miércoles, 29 de junio de 2016

Estampas invernales

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Un hombre que carga un bebé toca el timbre de una casa. Mira su reloj. Parece que lleva buen rato esperando que les abran la puerta. Es temprano en la mañana, hace frío, ha llovido durante horas, y aunque el bebé está bien abrigado, al hombre le preocupa que la espera a la intemperie lo pueda afectar.

Una mujer y una niña de unos seis años caminan de la mano por la calle. De repente se detienen. La mujer se agacha hasta quedar a la altura de la niña y le envuelve el cuello con una bufanda rosada con dibujos de ositos panda. Terminada la acción, se vuelven a tomar de la mano y siguen su camino.

Las calles están llenas de charcos por la lluvia que duró la noche entera. Un hombre avanza por una avenida principal. Va muy concentrado hablando por teléfono en tono algo airado mientras camina a paso ligero. Las personas que pasan a su costado deben hacerse a un lado para no chocar con él. Está tan concentrado en su conversación que no se da cuenta de dónde pisa y termina metiendo un pie en un enorme charco que hubiera visto de haber estado más atento a su entorno.

En la fila de pago del autoservicio, dos mujeres conversan animadamente. Parece que se contaran buenas noticias, pero la cercanía permite escuchar que están compartiendo historias de resfríos de parientes cercanos y hasta de mascotas. Parece una competencia de quién cuenta sobre la peor enfermedad.

sábado, 27 de febrero de 2016

Estampas veraniegas

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Una mujer y una niña pequeña caminan agarradas de la mano. Dos pasos adelante de ambas camina un niño un poco más grande. Tiene puesto un solo zapato. La mujer se da cuenta del detalle y le llama la atención con cariño. Le pregunta si no se ha dado cuenta de que está con un pie descalzo. El niño mira sus pies, recién lo descubre. Mira a la mujer con cara de curiosidad. De repente, llega un muchacho con el zapatito faltante en la mano. Dice que vio cuando el niño lo perdió y lo estuvo siguiendo para devolverlo.

Un hombre camina a paso ligero. Sujeta en una mano las correas de dos perros, uno grande y uno chico, que lo jalan en su paseo por la calle. Los perros van ansiosos y marcan el ritmo de la caminata. El hombre solamente puede seguirlos. De repente, los perros paran en seco y comienzan a ladrar furiosos al unísono, en diferentes volúmenes Se distingue perfectamente cuál ladrido es de qué perro. A pocos pasos, el motivo de tanta furia repentina: un gato techero se pasea altivo indiferente al revuelo que ha causado.

El consultorio de un dentista tiene la ventana abierta, quien pasa por afuera puede oír lo que pasa adentro. Suena el inefable taladro odontológico, ese cuyo sonido aterra a muchos y les impide ir al dentista. De inmediato, la risa clara de un niño se impone al taladro. El taladro deja de sonar. Una voz de hombre pregunta cariñosamente cuál es el motivo de esa risa. Una voz de niño dice que la causa gracia el sonido de "ese aparato". Ojalá que siempre sea causa de gracia, que nunca sea motivo de miedo ni aprensión.

Cuatro personas caminan por la calle. Van en orden un hombre, una niña, un niño más pequeño, una mujer cierra la fila. Cada uno lleva un helado en la mano. El del niño más pequeño se derrite y se inclina peligrosamente hacia el suelo. Siguen avanzando, se ignora el destino del helado del más chiquitito.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Crónicas de viaje: Estampas mexiquenses*

A pocos metros del hemiciclo dedicado a Benito Juárez, un hombre lee un libro tranquilamente. Hace caso omiso al ruido y la prisa de las personas que caminan delante de él, permanece sin levantar los ojos de las líneas que lo mantienen ocupado. De repente, levanta la cabeza como si una fuerza superior lo impulsara. Deja el libro a un costado, se inclina hacia adelante y pone toda su atención en el coche de bebé que tiene delante. El bebé que dormía plácidamente, a pesar del ruido y la prisa, acaba de despertar. Hora de cerrar el libro y emprender la caminata con el niño, que va atento a todo.

Una señora elegantemente vestida va por la calle. Tiene un abrigo largo de llamativo color rojo. Camina muy erguida, casi parece una modelo, sin mirar ni a la izquierda ni a la derecha, solamente mira al frente. Todo su pelo es perfectamente canoso, su cartera es plomo oscuro, al igual que su pantalón. De cerca se nota que lleva aretes de plata que se mecen al ritmo de sus pasos. Camina sin ruido y sin prisa, con ritmo que nada detiene. Casi hasta parece tener un pacto con los semáforos, pues las luces rojas se tornan verdes cuando ella llega a la esquina, por lo que su paso no se detiene.

En la Basílica de Guadalupe, una mujer reza con los ojos cerrados, muy concentrada en su diálogo con la Lupita. No se distrae con nada, ni con las voces de la concurrencia que responde a las palabras del sacerdote, ni con las personas que pasan a su lado en su afán de ver a la virgen un poco más de cerca. No abre los ojos en ningún momento, no deja de mover los labios en esa conversación silenciosa que la tiene abstraída del mundo.

Desde lo alto de la Basílica de Guadalupe, se divisa casi toda la enorme Ciudad de México. Miles de construcciones se ven a izquierda y derecha, miles de ventanitas abiertas y cerradas se distinguen a la distancia, por todos lados hay infinidad de autos avanzan en ordenadas filas multicolores que evocan hormiguitas. Pensar que en cada una de esas ventanitas, en cada uno de esos autos que parecen filas de hormiguitas multicolores hay una multitud personas con historias propias, con preocupaciones, sueños, alegrías y aspiraciones propias, como las que hay en todas las ciudades y en todos los pueblos de todos los países del mundo.

*mexiquenses: natural del estado de México, en la república mexicana.
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viernes, 20 de febrero de 2015

Crónicas de viaje: Estampas de Cebú

El jeepney avanza por las calles de Cebú, en Filipinas. Es domingo en la mañana. El alegre grupo que colma los asientos del singular medio de transporte siente como una aventura el breve recorrido, mientras mira una carrera de maratonistas dominicales sudar la gota gorda.

Una mujer está echada en la calle, al borde de la vereda. Parece ser el lugar donde duerme habitualmente. La alegre algarabía de voces políglotas se apaga en cuanto pasa por su costado. La mujer los mira, silenciosa, inexpresiva, por unos segundos. Después se da la vuelta y pone la cara hacia la pared.

Hay un gentío sin precedentes a las afueras de un templo de Cebú. La visita papal es un reciente acontecimiento que todos guardan en sus memorias. No olvidemos que estamos en el país con mayor cantidad de católicos en el continente asiático, así que la concurrencia es sorprendente. Ni el tremendo calor les impide ejercer su fe.

Una fila interminable de personas espera un taxi a la entrada de un centro comercial. La cola crece a cada segundo, los taxis aparecen cada varios minutos. El evidente desbalance entre personas y taxis hace que el proceso sea lento y desesperante. La cosa se pone peor cuando empieza a llover, aunque felizmente no dura mucho.

En un centro comercial, los caleidoscópicos pasillos se multiplican sin cesar. Es fácil perderse de vista y un segundo basta para alejarse del grupo de acompañantes. De todas maneras, el lugar no es grande, así que un sonoro grito basta para que el grupo se reúna sin problemas. El regateo está a la orden del día. En menos de 24 horas, los cálculos de moneda toman apenas segundos. Son datos imprescindibles para decidir si la compra se realiza o no se realiza.

jueves, 5 de junio de 2014

Estampas matutinas

Un escolar de primaria impecablemente uniformado y esmeradamente peinado espera en la entrada de un edificio la llegada de su movilidad escolar. A la distancia se oye su alegre voz y sus risas mientras le cuenta algo a la persona que lo acompaña.

Una mujer y una niña caminan juntas por la calle. Cruzan una estrecha y tranquila pista por la que no pasa ningún auto. La mujer está con ropa deportiva de colores y va a paso firme. La niña lleva un mandil típico de los jardines de la infancia y una pequeña mochila colgada de su espalda, también avanza a paso firme. El perfil de una parece un modelo a escala del perfil de la otra.

Un hombre se dispone a empezar el día armando su quiosco en una tranquila esquina. Retira una infinidad de candados que va metiendo en un misterioso cajón invisible. Sin duda es un ritual que se repite a diario pues lo ejecuta de memoria y en un orden aparentemente riguroso. Después va sacando la mercadería, y va poniendo cada uno de los artículos en un lugar previamente asignado y deja la impresión de que la ubicación de las cosas solamente cambia cuando alguno de los artículos se vende y debe reemplazar el espacio que quedó vacío.

Una mujer camina con pasos apresurados, le faltan pocos metros para llegar al paradero al que se dirige. En eso, ve llegar el microbús que debe tomar todos los días. Sus pasos apresurados se convierten en una carrera a toda la velocidad que sus tacos le permiten. Otro pasajero que sube en esa precisa esquina ve sus esfuerzos y le hace una seña al chofer. El chofer espera a la mujer que, con una sonrisa, le agradece mientras busca un lugar donde hacer el viaje cotidiano.
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Terminó una temporada más de Cuéntame cómo pasó. Pasarán meses antes del estreno de la siguiente temporada de los Alcántara.


martes, 8 de mayo de 2012

Otras estampas callejeras

Para ver las anteriores estampas callejeras, puedes entrar acá.

Vi este aviso el otro día muy cerca de mi casa. Si tuviera un perro, ya sé quién se encargaría de pasearlo cuando yo misma no pudiera hacerlo.

Me causó gracia la frase "perros felices".
En la tienda que queda en la esquina de mi casa, la dueña ha puesto este cartel. Habría que ver si los privilegiados a los que se ha concedido el derecho de admisión se portan a la altura de las circunstancias.

Por casualidad, otra de perros.

Una mujer pasea por la calle con su bebé en un coche, carriola o carro por la avenida Larco. Al llegar al cruce con una calle estrecha, tiene que detenerse y esperar que pasen todos los autos que avanzan apurados. Ni uno solo de los choferes puede frenar y darle pase a un mujer con un bebito. Al igual que el Hombre de Negocios de El Principito, son personas muy ocupadas y no pueden darse el lujo de perder valiosísimos diez segundos para que una mujer con un coche de bebé cruce la pista. Un motociclista que lo ha visto todo decide tomar acción: pone su moto de tal manera que impide el paso de todos los carros, arriesgándose a muchas cosas, y le hace un gesto con la mano a la mujer indicándole que pase tranquila. Ella pasa, le agradece con un notorio movimiento de cabeza y sigue su camino.

En el banco, un hombre quiere cobrar un cheque. La cajera le dice que no es posible pues el documento de identidad del hombre no tiene la constancia de la última votación. Sin esa constancia, o el sello que acredite el pago de la multa respectiva, el hombre no puede cobrar el cheque. Hay desesperación en su cara, definitivamente cuenta con ese dinero que por ahora parece inaccesible. La clienta de la ventanilla vecina se ofrece, su documento si está con el imprescindible sello. Es una completa extraña para el hombre, pero aun así está dispuesta a ayudarlo. Pregunta si puede cobrar el cheque y la cajera le dice que si, que no hay problema. La clienta endosa el cheque, recibe el dinero, lo cuenta y se lo entrega íntegro al hombre, que no sabe cómo agradecerle.
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domingo, 19 de febrero de 2012

Estampas callejeras

Una muchacha llora desconsolada sin hablar, mientras sostiene el celular a la altura de la oreja. El interlocutor habla sin que lo interrumpan. ¿Estará la muchacha escuchando razones que acarrean decisiones definitivas? ¿Estarán dándole explicaciones que ella preferiría no escuchar?

Un conocido publicista que no tiene un pelo de tonto cruza la avenida miraflorina de doble sentido aunque el semáforo le indica que debe esperar todavía 15 segundos más. Pasa al costado de alguien que lo mira con evidente desaprobación y que debe contenerse las ganas de gritarle "¡este santo no!"

Una mujer, harta de que su vecino le deje la basura en la puerta, pone un cartel en el poste de luz que está frente a su casa. Cada día, un cartel distinto. Se puede interpretar que al vecino le importa un reverendo pepino el papel de la mujer y que no solamente lo arranca y lo rompe, sino que sigue dejando su basura en donde le han pedido, siempre en tono educado, que no la deje.

Un niño pequeño, acompañado de una mujer adulta, cruza la pista subido en su triciclo. Cuando va a la mitad de su recorrido, ve que a lo lejos viene un carro. El niño mira hacia adelante y hacia atrás. Tiene dos opciones: o sigue rápido y llega a la vereda del frente o retoma sus pasos y regresa por donde vino. Opta por lo segundo, pero por precaución, se baja del triciclo y lo jala hasta estar de nuevo en lo que considera puerto seguro. El carro que motivó su decisión voltea una cuadra antes de llegar a donde está el niño con su triciclo.

Un cartel pegado en un poste incluye la foto de un gato que parece fino. Es un anuncio de recompensa a quien encuentre la mascota perdida pocos días antes. A mano, ayudado por la letra de algún bromista, el gato dice: "je, je, por fin conseguí mi libertad".
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