miércoles, 15 de mayo de 2013

Otras cosas más que no entiendo

El mundo es ancho y ajeno, tal como dice el título de un libro del escritor peruano Ciro Alegría. Y como ancho y ajeno que es, está lleno de cosas que pasan y sigo sin entender, por más que trato.

No entiendo por qué los anuncios publicitarios de perfumes son todos tan surrealistas, con imágenes que más que mensajes comerciales parecen revelaciones oníricas de los creativos que los conciben y los llevan a la pantalla: mujeres que caminan etéreas, entre bufandas que vuelan y paredes de blancas plantas, hombres que corren sonriendo entre olas rompientes, y hasta creo que sin mojarse. ¿En las clases de publicidad de televisión de las facultades de Ciencias de la Comunicación de este ancho y ajeno mundo hay alguna lección especifica que diga que para vender perfumes hay que hacer comerciales sin lógica?

No entiendo por qué los videos de vigilancia de tiendas, estacionamientos y otros establecimientos son de tan mala calidad que apenas se distingue a la persona que comete la acción que se quiere investigar. Los videos son tan borrosos, granulados e imprecisos que solamente si se conoce bien a la persona se la puede reconocer, y aun así, existen dudas.

No entiendo por qué algunas personas, en su mayoría hombres, ponen la radio de sus autos a todo volumen, al punto que se puede oír y reconocer la música tres cuadras antes y después de que pasen por nuestro lado. Creo firmemente que pasado un cierto nivel de decibeles, hasta el sonido más sublime se puede convertir en ruido insoportable. Eso sin contar con el daño que hacen a sus oídos que, finalmente, es problema  exclusivo de ellos.

No entiendo por qué muchísimas empresas, sobre todo las más grandes, las que tienen plena capacidad de ofrecer todo tipo de incentivos para captar nuevos clientes, no tienen esos mismos o mejores incentivos para lograr que los clientes antiguos no se pasen a otra empresa que presta los mismos servicios. Me parece que la fidelidad que un cliente tiene con el proveedor de un bien o un servicio, muchas veces a pesar de los maltratos, bien merece una recompensa.

lunes, 6 de mayo de 2013

No pues, así no juega Perú

"Así no juega Perú" es una expresión muy conocida por estas latitudes, y se usa para expresar disconformidad con una situación que se considera injusta, en donde supuestamente alguien no ha seguido las reglas.

Exactamente tuve ganas de decir esta frase la noche del último jueves, y no una, sino dos veces ante situaciones que me parecen injustas. Situaciones de ficción, es cierto, pero que de todas maneras me dejaron un muy mal sabor de boca.

Primero fue ver que metieran preso a Carlos Alcántara Fernández de la serie española Cuéntame cómo pasó (no confundir con el  comediante peruano que se llama Carlos Alcántara). Quienes como yo ven la serie desde sus inicios, hemos visto a Carlitos (sí, Carlitos) desde que la faltaban los dos dientes de adelante, cuando su papá Antonio lo llevaba sentado en sus hombros, cuando hacía de todo para aprobar el año escolar y cuando dejó los pantalones cortos y pasó a usarlos largos... siempre heredando la ropa vieja de su hermano Toni.

Ojalá su situación se aclare, y se aclare pronto pues, para variar, Carlitos no ha hecho nada. Tal vez su crimen sea haber sido demasiado noble, muy buen amigo. Veremos qué pasa el próximo jueves, en los últimos capítulos de esta temporada.

La segunda vez fue en la escena final del último capítulo emitido de la serie británica Donwnton Abbey. Sospecho que con este episodio termina la temporada, lo que deja una desazón aun mayor a los espectadores.

En la parte final del capítulo, Matthew Crawley estrella su auto deportivo contra un camión que viene en sentido contrario. Matthew, a quien su suegro define como un nice chap (un buen tipo), está feliz, va camino del hospital a la casa de la familia, para contar a todos que ha conocido a su primogénito, nacido el día anterior. Tal vez esa felicidad lo tiene distraído y no ve al camión con el que se estrella.

Hace menos de un año en la trama, Sybill Grantham, la hija menor de los Grantham y cuñada de Matthew, muere al dar a luz a su hija.

¿Para eso se salvó Matthew de morir en las trincheras en la Primera Guerra Mundial? ¿Para morir 15 capítulos después? ¿Qué pretenden los guionistas dejando a dos recién nacidos sin madre a una y sin padre a otro?

Hay demasiadas malas noticias en la vida real como para querer que se trasladen a las series que vemos. No pues, señores guionistas, así no juega Perú.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Collar de perlitas

No puedo evitarlo, estas perlitas aparecen ante mis ojos casi gritándome para que las mire y pidiéndome que las comparta.
El Premio NoBel de Literatura 2010 también debería pedir que los redactores no se olviden de escribir bien.
Felizmente, yo ya eleGí el sistema de comisión que más me conviene y felizmente mi dinero no está en la administradora de fondos de pensiones que pagó por publicar este aviso. Me molestaría mucho que se malgastara parte de mis aportes en publicidad con mala ortografía.
Aunque no lo crean, esa S fuera de lugar estuvo en línea todo el día. Muchos lectores se percataron del error y dejaron su comentario haciéndolo notar. Pasaron horas, pero hasta donde vi, los encargados de la página no hicieron ninguna intervención para corregirlo.
La vida de la madre de la que hablan dio un vuelco inútil, pues llegó al exacto punto del que había partido. Espero que no le haya dado vértigo a esta mujer por girar 360° en vez de los 180° que se necesitan para un vuelco total.
Pobre neblina, espero que no haya estado tensa mucho rato. Nunca se me hubiera ocurrido medirle la tensión a la neblina, y eso que en Lima es cosa de todos los días. Me hubiera contentado con saber que era densa, que en Lima también es cosa de todos los días.

lunes, 22 de abril de 2013

¡Ay de los cumplidos!

Suele pasar. O mejor dicho, me suele pasar que por cumplir una disposición u obligación cualquiera dentro del plazo fijado para hacerlo, termino perjudicada por ser fiel observadora de las fechas límites.

Llego a tiempo a un sitio, por no decir que llego temprano, y como son muy pocas las personas presentes a la hora fijada, la función no empieza porque hay que tener consideración con los que no han llegado y esperarlos. ¿Y a los que se esforzaron por llegar a tiempo, quién les tiene consideración?

Una vez, alguien que conozco cumplió con el pago adelantado de sus obligaciones. A comienzos del año pagó los doce meses de tributos municipales. Varios meses después, por un acuerdo de alcalde y regidores, hubo una rebaja en los porcentajes tributarios. El beneficio fue, ya se imaginan, para los que no habían pagado todavía. Los que cumplieron con sus obligaciones no recibieron ni el 1% del beneficio que recibieron los demorones.

Otra vez, un abogado que conozco fue a pagar por adelantado el año entero de sus cuotas profesionales, tal como lo hace entre enero y febrero de todos los años. Grande fue su sorpresa, y mayor su indignación, cuando encontró que a los abogados que tenían meses impagos del año anterior se les había condonado todo lo adeudado. Por supuesto, no hubo ningún descuento equivalente, ni proporcional, ni comparativo para los que habían pagado el año completo por adelantado.

Alguien me contó que una vez averiguó cómo hacer para cancelar una deuda que tenía por uso de la tarjeta de crédito de una tienda por departamentos. Había pactado el pago en seis cuotas, pero luego decidió cancelarlas antes de tiempo. Se encontró con que el sistema de la tienda solamente juntaba cuotas una vez vencidas, pero que era imposible juntarlas antes de su vencimiento, ni siquiera agregando los intereses que la tienda dejaría de percibir por el pago anticipado. La conclusión a la que llegó esta persona es que el sistema está concebido y pensado para que la tienda se proteja de los que no quieren pagar, no de los que honran sus deudas.

Me apuro en enviar por correo un documento imprescindible, envío que debe hacerse por correo certificado local. El monto de la certificación no es mucho, lo pago y me olvido del asunto. Pocos días después voy al correo para enviar otra cosa y veo el tremendo cartel que dice que esos envíos por correo certificado local ahora son libres de costo. Le hago el comentario a la señora que atiende al público, que mejor hubiera esperado para ahorrarme esas monedas. Su respuesta fue: "yo también".

Parafraseando a Breno, "!ay de los cumplidos!"