sábado, 6 de julio de 2024

Gesto solidario

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Últimamente, Laura, vivía pendiente de su madre, que estaba enferma. Iba a verla tantas veces como podía, la llamaba por teléfono todos los días y pedía a quienes vivían con su mamá que le contaran de cualquier novedad. Cualquiera.
Hasta que llegó una llamada de casa de su madre: la señora quería comer algo típico de un lugar en el que había vivido en sus días de recién casada. Ese día se celebraba al santo patrón de ese lugar, y era motivo para una comida más que especial.
Laura se quedó de piedra. ¿Dónde conseguiría esa comida tan típica, tan especial?
Se serenó y empezó a buscar una solución. Y se acordó de que en la empresa en la que trabajaba había alguien que era de ese sitio donde había vivido su madre. Fue a buscarla en ese momento, aunque no sabía exactamente qué decirle.
Fue donde la compañera de trabajo, le contó la situación de su madre y le preguntó si sabía dónde comprar la comida. "Seguro tú sabes", le dijo, con una risita nerviosa.
"Voy a hacer algo mejor", le contestó la compañera sonriendo mientras agarraba el teléfono. Laura la vio hablar con alguien y dar unas indicaciones, y luego colgó.
"En mi casa han preparado lo que tu mamá quiere. Ya sabes, hoy es un día importante en mi tierra, y en casa esa es la comida obligada en esta fecha. Toma mi dirección, está esperando un paquetito para tu mamá", dijo la compañera de trabajo, mientras le entregaba un papel con la dirección e indicaciones de cómo llegar.
Sin saber cómo agradecer tan tremendo gesto proveniente de casi una desconocida, Laura abrazó a la mujer. Fue directo a llamar a su casa.
Más tarde supo que su mamá comió feliz su comida deseada.
Años después, muchos años después, se encontró casualmente con esa compañera de trabajo. Recordó el momento, recordó lo feliz que la recibió su mamá ese día y su reacción cuando le contó ese pequeño milagro. Se acercó a la ya excompañera de trabajo, la saludó y le hizo acordar de ese día, que en su familia fue tan especial.
Le agradeció una vez más: "no te imaginas lo que tu gesto significó para mi mamá, para toda la familia. Estuvo feliz en medio de sus malestares".
¡Que ruede la cadena de solidaridad y favores!

domingo, 16 de junio de 2024

Todos los días, a la misma hora

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Cuando pasas por el mismo sitio todos los días a la misma hora, te encuentras con la misma gente.
Por ejemplo, está el señor alto, muy alto que siempre va de manga larga y pantalón corto, haga frío o haga calor. Lleva siempre una mochila de la que sobresale una raqueta de tenis. Se saludan cuando se cruzan y cada quien sigue su camino.
Está también la muchacha que pasea perros. Es admirable cómo logra dominar hasta seis perros a la vez. Y más admirable el cariño con que les habla y la sonrisa que la ilumina a cada paso. Se nota cuando alguien adora lo que hace.
Vienen también los dos señores canosos, que deben tener más de 70 calendarios encima, que te preguntan por la instructora de zumba, a quien llaman con el nombre de una famosa cantante colombiana.
Más allá ves a la escolar que, mochila al hombro, espera el bus que la llevará al colegio. Por el color del uniforme, sabes que es un colegio que no está muy lejos de ahí.
A algunos los reconoces por sus perros, como el dueño del beagle que te saluda aunque esté en la vereda del frente. Tal vez no sabrías quién es si la mascota no estuviera a su lado.
Te llama la atención el muchacho de elegante terno que espera todos los días al lado del semáforo a alguien que pasa a recogerlo, presumiblemente para ir a trabajar. Es muy puntual, quien lo recoge no lo es tanto.
Ocasionalmente, ves al señor que camina con leve cojera, pero decidido. Y a la señora que camina con un rosario en la mano y sonriéndole a todos.
Así es cuando pasas por el mismo sitio todos los días a la misma hora.

miércoles, 29 de mayo de 2024

El tintineo

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La mujer estaba sola en casa. Todos habían salido, pero ella prefirió quedarse viendo una película y disfrutar de la compañía del silencio.
Se preparó algo de comer y decidió acompañarlo con una copa de vino. Llevó todo al salón, donde estaba en televisor gigante del que nunca podía disfrutar por vivir complaciendo a todo el mundo y postergando su comodidad. Pero esa noche decidió que ella era la prioridad. La oportunidad era perfecta, con el esposo de viaje, despachó a todo el mundo, ya fuera al cine, a la casa de los abuelos, a donde alguna amiga.
Salió de la cocina con una fuente en la que puso una delicia recién preparada y una copa de vino. Se sirvió una porción generosa, no quería levantarse de su cómodo asiento.
Escogió la película, una que le habían recomendado mucho. Y a los pocos minutos  de haber empezado a verla, supo que no se había equivocado. Estaba interesadísima.
De repente sintió un sonido metálico o algo parecido, como cuando algo choca con vidrio. Miró a su alrededor, intentó descubrir qué había sido. Muy a su pesar, paró la película para ver qué pasaba, qué se había caído, qué se había roto.
No encontró nada, así que llegó a la conclusión de que algo había golpeado la ventana por afuera. Pero ese sonido lo sintió tan cercano, tan particular. No quedó convencida del todo.
Reinició la película a la vez que levantó la copa de vino para dar un sorbo. Y sintió que algo le mojaba la manga.
Dio un salto de susto. Al mirar de dónde salía el líquido, vio que la copa se había partido perfectamente en dos con un corte horizontal.
"¡Ese fue el sonido! La copa se rompió de lado a lado", se dijo, entre asombrada y asustada.
Hasta hoy no sabe qué hizo que la copa se partiera así. Y tampoco sabe en qué acababa la película, nunca más intentó verla.

¡Estamos de vuelta!