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domingo, 15 de mayo de 2016

El mundo en un plato de comida

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Hace varios años publiqué la entrada titulada "Culinaria internacional", que fue posible gracias a la colaboración de muchos amigos y lectores que contaron cuál era la comida que más les gusta del país en que viven. Algunas referencias ya no son correctas, pero lo transcribo tal como salió publicado originalmente. Creo que vale la pena recordarlo.
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Más de una vez me han preguntado cuál es el plato típico peruano que me gusta, más ahora que la gastronomía peruana está, por fin, encontrando su lugar dentro de la culinaria internacional. Puedo nombrar varios platos, y todos serían una buena elección, pero definitivamente me quedo con el tacacho con cecina. Es una delicia típica de nuestra selva peruana, hecha de plátano verde cocido y cecina de chancho, la carne de chancho más deliciosa que he probado en mi vida.
Creo que vale la pena aclarar que en la selva hay muchísimas variedades de plátano, y prácticamente cada una tiene un nombre diferente. Por ejemplo, el plátano que se come como fruta y que en Lima se llama simplemente plátano, por allá es conocido como guineo. Por eso es importante aclarar que la base del tacacho con cecina es el plátano verde.

Tal como hice hace algunos meses con las ciudades en la que viven diferentes amigos, esta vez la pregunta fue: ¿cuál es tu comida favorita del país en que vives? Acá las respuestas... y más vale no leer lo que sigue con el estómago vacío.

Hilda fue la primera en responder, con enlaces incluidos, y es evidente que no le fue fácil decidirse por una sola opción. Amablemente, proporcionó los enlaces que ven a continuación.
Mi comida favorita de México, es difícil hablar de un solo platillo, creo que México al igual que muchos otros países es rico en gastronomía. Pienso en lo que me gusta comer y pienso en aquellos días de fiesta donde nos reunimos todos alrededor de un rico mole picosito, de todos sabores sea en forma de enchiladas o acompañado de pollo o de guajolote. Y si el mole va acompañado de arroz que mejor. Claro que ese arroz también puede ir acompañado de unos tacos de barbacoa con cebollita picada en cuadros, cilantro y salsa. Pero sí es navidad, nos atracamos de romeritos. En vigilia nos atracamos de pescado en todas sus variedades (empanizado, a la plancha...) o un rico coctel de pulpo y camarones que comemos con aguacate y galletas saladas. En la noche nos comemos tacos de todos los sabores o unas ricas quesadillas de queso, huitlacoche, flor de calabaza... Una rica sopa de tortilla o un pozole. en tiempos patrios. De postre una rica rosca de reyes o un pan de muerto, según sea la ocasión, eso sí, acompañado de un chocolatito o un buen café. O si hace calorcito un rico helado de pistache, vainilla... En fin... eso tan solo es lo que se me viene a la mente y de escribirlo se me hace agua la boca...
Curiosamente, uno de los sabores de helado que más me gusta es el de pistache. Tenemos la promesa pendiente de compartir uno el día que nos conozcamos personalmente.
Katia, desde Argentina, lo tuvo un poco más fácil, aunque contiene un cierto toque de inevitable nostalgia por lo nuestro:
Personalmente mi comida preferida creo que sería un buen bife de chorizo jugoso a la parrilla, acompañado de papas fritas y ensalada verde. También disfruto mucho la calidad y gran variedad de cremas de leche, quesos y fiambres que están al alcance de todos. Hay una variedad mas amplia de empanadas, mis preferidas son la caprese, cebolla/queso y roquefort, pero en empanadas de carne vuelvo a quedarme con las nuestras, principalmente por el tipo de masa, que es suave, arenosa, deliciosa y extraño tanto. Y por supuesto ¡¡los vinos!!... sobre todo el Malbec, mi favorito lejos.
Amila, traductora bosnia que vive en Dinamarca desde los años noventa, nos cuenta de sus platos favoritos, tanto de su tierra natal como de su país adoptivo:
Mi plato bosnio favorito se llama "zeljanica". Es una masa rellena con espinaca mezclada con cebollas y huevos. Es algo complicado de hacer y requiere una harina muy fina para poder estirar la masa a través de la mesa hasta que tenga el grosor de un papel. Después se pone el relleno de espinaca a lo largo de un lado, y todo se enrolla y se mete al horno (lo explico muy mal, pero estoy segura de que una búsqueda en Google lo explicará un poco más). Siempre me han gustado las que tienen la masa más gruesa y que no esté sobrecargada de espinacas, por lo que son un poquito duras. La manera común de comerlo es con un vaso de yogurt. Hasta ahora, para mí el sabor de la espinaca con yogurt tiene algo especial, e incluso tomo yogurt con lasaña de espinaca :)
Mi plato danés favorito se llama "brunede kartofler" y en realidad es una guarnición que se come por lo general en Navidad. Son pequeñas papas hervidas y después fritas en mantequilla derretida y azúcar. Si, azúcar. Me impresionó la primera vez que supe que cómo se hacía porque para mí realmente no es convencional ponerle azúcar a la "comida de verdad", es decir, la que no es postre. Pero es sorprendentemente sabroso, si sabes cómo hacerlo. Si se le pone mucha azúcar, lo que es fácil que pase, o si no se derrite bien, sabe terrible. La mantequilla derretida y el azúcar hacen una salsa espesa que cubre todas las papas. Según he visto, el plato se sirve con pato, que lo complementa muy bien según recuerdo.
Desde Kenia, Rossana nos describe lo que más le gusta de la tierra que la acoge desde hace poco más de un año:
Acá hay una carne muy rica, se llama nyama choma, que quiere decir literalmente carne asada. En efecto lo es pero el sabor es delicioso, se siente que la carne está aderezada, condimentada de alguna manera especial. Cuando una pregunta por la receta te dicen que es sólo carne a la parrilla y que sólo tiene sal pero por ahí me han dicho que primero hay que marinarla en jugo de limón al que le echan ajo, semillas de culantro en polvo, palillo, pimentón, una especie de curry que hay acá, sal y ¡quién sabe qué más! Se puede hacer con cualquier clase de carne, generalmente se come de res, de cabra, de cordero, de cerdo es riquísima (pero hay que buscarla en lugares no musulmanes). Lo curioso es que la carne queda muy oscurita -marrón oscuro/negro- pero no amarilla ni rojiza, como se podría pensar por los colores de los condimentos. Se sirve con chapati, que es un pan sin levadura -plano, como tortillas- que es hoy en día típico de Kenya pero de origen indio (la comunidad india acá es enorme y ha ejercido mucha influencia en la cultura). Aquí lo comen con ugali que es una especie de polenta pero hecha con harina de maíz blanco de manera que queda muy blanca y, para mi gusto, tiene sólo la textura de la polenta.
Paula, autora brasileña de Global Voices, residente de Londres, la encontré en el preciso instante en que escribía un post en su blog personal sobre su plato brasileño favorito. Copio acá la parte pertinente de ese post. Para ver la versión completa en inglés, entrar acá:
Coincidentemente, cuando me sentía como una diva cocinera al regresar a casa con mi abarás (aunque solamente estuviera ayudando a la tia Biza), recibí un e-mail de la compañera traductora de Global Voices Gabriela Garcia Calderon Orbe, desde el Perú, que está escribiendo un artículo sobre cocina internacional para su blog. Me pidió que le diera tres o cuatro líneas de mi comida favorita de Brasil. ¡Acá está, Gabriela!
Acarajé y abará son las más populares comidas al paso en mi tierra natal, Salvador, donde se les puede encontrar en cualquier esquina, aunque no es tan fácil de encontrar en otras partes de Brasil y es imposible de encontrar en Londres. Se hacen con la misma base: una masa de frejoles con ojito molito con cebolla y jengibre (kión) y fritos en aceite de palma (en el caso del acarajé) o envueltos en hojas de plátano hervidas y sal (abará). Se sirven con vatapá —una pasta con la textura de mantequilla de maní, hecha de maní, nueces de cajú, leche de coco, langostino ahumado, pan y, de nuevo, aceite de palma— tomates fresco y ensalada dulce de pimienta y langostino. ¡Poca gente la comería sin una fuerte buena pimienta malagueta! El sabor es muy característico, no se parece a nada que yo haya probado, y la comida me da mucha energía. Con mucha influencia de la comida africana, ambos platos se usan como ofrendas en los rituales de candomblé, pero comerlos es una obligación en Salvador, independientemente de la religión, clase social o preferencias de comida que se tengan, o época del año. Cuando estoy en Salvador, lo comería todos los días, y por lo general se encuentra una “baiana” cuyo estilo te gusta y te conviertes en su fiel cliente —o, como dirían algunos— adicto.
AbuFares, mi amigo tartusino que me sorprendió hace poco por medio de su blog, nos cuenta desde Siria sobre su plato favorito:
Wara’ Inab (hojas de parra rellenas) es ciertamente el producto de bandera de la cocina siria tartusina. Es de lejos la entrada más importantantes, ofrecida en ocasiones especiales y que toda la familia en cualquier momento. A todo el mundo le gusta las hojas de parra rellenas frescas y bien preparadas y enrolladas con arroz y carne de cordero picada con una suculenta porción de costillas de carnero y jugosos huesos encima, todo nadando en una salsa de deliciosa grasa, jugo de limón, especias y ajo. Wara’ Inab es un obra de arte culinaria y legítimamente se merece reconocimiento internacional como uno de los logros más significativos de la imaginación humana y determinación al crear un objet d’art comestible.
Más información de este plato en el blog de AbuFares, en este post.

Taras, desde Ucrania, nos indica los platos tradicionales de su país que más le gustan:
Varenyky (masa guisada rellena), holubtsi (rollos de col), holodets (jalea de carne), borshch (sopa de betarraga), deruny (panqueques de papa).
Smachnoho! ¡Disfruten
!
Desde España, Úrsula nos cuenta que lo que más le gusta de la comida española es la paella, y comparte con nosotros el secreto de su sabor:
¡Lo prometido! (Mi plato favorito de la comida española es) la paella de verduras... Es rica, rica, rica.... y saludable...
Me encanta. Es simplemente espectacular. Y lo es más todavía si está hecha con amor.
Ese seria el ingrediente mágico de esta paella. Muchos abrazos.
Mariyah también tuvo doble trabajo, pues tuvo que pensar en sus platos favoritos de su natal Siria y de su segunda patria, Canadá, donde se encuentra actualmente:
Hay toda clase de platos elegantes, pero hay dos pilares básicos de mezza siria (o incluso del Medio Oriente) de los que nunca me canso: taboulleh y labneh. Taboulleh es una deliciosa ensalada de perejil mezclado con menta, cebolla, aceite de oliva, jugo de limón y bulghur. Es de lo más colorido, así como sabroso. Labneh es un queso suave hecho de yogurt y por lo general se sirve con aceite de oliva salpicado, un poco de menta y una pizca de sal. El taboulleh y el labneh se pueden comer con pan pita (un pan plano) - preferiblemente caliente.
Es un poco difícil definir la "cocina" canadiense. Mucha de la comida acá ha sido adoptada de los países de los pueblos que inmigraron. Sin embargo, uno de mis favoritos y que nunca había probado hasta que llegué es choclo. Agosto es el mes en que está disponible por todas partes y se asan choclos para celebrar. El maíz se cubre con mantequilla y sal, y se come directamente de su mazorca. Puede hervirse o asarse en una parrilla. ¡Es delicioso! No creo que sea un plato limitado a Canadá, pero a los canadienses les encanta!
Mariyah nos habla de un viejo y delicioso conocido para los peruanos: el choclo, que junto con una buena palta, puede acompañar y realzar el sabor de cualquier comida.

Ha sido un delicioso recorrido por las especialidades culinarias de países bastante diversos. Gracias a los que colaboraron conmigo en este post. Y a todos, bon appétit!

martes, 24 de noviembre de 2015

Crónicas de viaje: Comiendo mexicano en el mero México

Los peruanos estamos muy orgullosos de nuestra comida. A veces demasiado. Tanto que hasta podemos llegar a ser antipáticos cuando le preguntamos a amigos que nos visitan del extranjero: "¿qué has probado de comida peruana?"

Más o menos algo así me imaginaba, y me esperaba, de los mexicanos en mi reciente viaje a México. Si bien los amigos que me acogieron no son mexicanos (Coco es peruano, Kari es dominicana), tienen diez años viviendo en ese país así que con seguridad algo de la famosa gastronomía de esas tierras iba a probar.

Casi ni bien llegué, dije como pensando en voz alta: "me gustaría probar los famosos chilaquiles". Recuérdese que en casa, en mi niñez, las novelas mexicanas eran prácticamente de visión obligada gracias a la tía Angelita. Así que tacos, pozoles, chilaquiles, carnitas y demás nombres eran viejos conocidos.

Pues fue decir y ver mi deseo cumplido, pues a la mañana siguiente me esperaban mis ansiados chilaquiles verdes. El veredicto fue uno solo, y es que son simplemente deliciosos. Ahí me enteré que los hay verdes y rojos, aunque estos últimos no llegué a probarlos. El plato consiste en una salsa, verde o roja, sobre la que se ponen totopos (parecidos a lo que llamamos nachos), coronados con algo que parece queso pero que no es queso. La combinación de crocante con suave es de lo mejor. También supe que es un plato para desayuno, aunque yo los comería a cualquier hora del día.

¿Se imaginan comer tacos en el mero México? Los comí a los dos días de mi llegada, probé tacos de alambre y tacos al pastor. Lamentablemente no los pude disfrutar plenamente pues no como nada de picante, no me gusta. Y eso es casi un pecado en la tierra de Pedro Infante: el chile, como llaman allá a nuestro ají, es un ingrediente prácticamente obligado. En el Perú también es ingrediente casi obligado, pero acá se suele poner aparte para que lo agregue el que quiera. Yo paso.

Así, durante los días que estuve de visita, desfilaron por mi paladar diferentes sabores, relacioné nombres tan familiares con olores y colores tan variados como deliciosos. Hasta probé la famosa agua fresca de jamaica que el Chavo del Ocho comercializaba en la vecindad, junto con las aguas frescas de limón y tamarindo. Aprendí que la jamaica es una flor con muchísimas propiedades. De las buenas, claro.

Probé los tamales mexicanos. Muchos tipos de tamales mexicanos, todos muy ricos. En el Perú también tenemos tamales, pero son un poco distintos. Los tamales mexicanos se me hicieron muy parecidos en textura y sabor a nuestras humitas.

Muchos de esos nombres escapan ahora a mi memoria. Lo que no escapa a mi memoria es que no vi ningún dulce, como si los postres no formaran parte de tan diversa selección de platos. Tal vez me equivoque o me faltó culturizarme un poco más.

A ver si en un próximo viaje...

martes, 12 de noviembre de 2013

Pedido homogéneo

En el Perú, la comida china se conoce como chifa. Dicen que el origen de la palabra está en el primer local de comida china que hubo en el Perú, que se llamaba simplemente Chi Fa. De ahí el chifa devino en nuestra manera de designar a los restaurantes de comida china y a la propia comida, que acá tiene nuestro particular toque.

Los mozos de los chifas tradicionales son personajes verdaderamente peculiares. No se caracterizan por su paciencia y por lo general hablan muy poco castellano. Y algo que siempre me ha dejado pasmada: nunca apuntan las órdenes de los comensales. Registran todo en algún lugar de su mente y antes de retirarse a efectuar el pedido, lo repiten de memoria ante los clientes a manera de confirmación. Nunca he visto que haya que corregirlos.

Cuenta la leyenda que una vez hace ya algunos años, un animado grupo decidió comer rico en un chifa luego de una velada en el teatro. Eran unas 10 personas que recalaron en uno de los mejores chifas de Lima, por lo menos en aquel tiempo. Un mozo los instaló en un salón suficientemente grande para albergarlos a todos cómodamente y les repartió las cartas para que eligieran sus platos.

Entre risas y comentarios, todos empezaron por elegir la sopa con que iniciarían su cena. Unos escogían sopa wantán, otros sopa de pato, algún otro sopa fuchifú y no faltó el que prefirió no pedir sopa. Todas estas elecciones las hacían de viva voz, pero entre ellos, sin dar su orden oficialmente al mozo, que escuchaba todo con aparente paciencia.

Pasado un rato en ese plan, tal vez cuando el mozo decidió que ya había sido suficiente, recorrió la vista por todos los comensales y sentenció:
- ¡Sopa pato pa'todo el mundo! -y sin más, salió.

Contrariamente al alegre bullicio de segundos antes, en el salón donde estaban los comensales un silencio atronador se apoderó del lugar.

jueves, 19 de septiembre de 2013

La pizza

La protagonista de esta historia era una mujer muy especial. Su principal característica era que siempre pensaba primero en los demás. Había sufrido de mucha pobreza en su niñez y eso la había marcado para siempre.

Ya en sus años dorados vivía en casa de una sobrina nieta. Sus sobrinos bisnietos la adoraban. Se hacía cargo del manejo de la casa, que bajo sus órdenes funcionaba casi a la perfección. Ese "casi" la hacía exasperarse muchas veces, pero era parte de su forma de ser. En verdad, era casi imposible concebir la casa sin su presencia.

Tenía un don extraordinario para la cocina. Casi siempre veía las recetas en algún programa de televisión y sin apuntar ni nada, al día siguiente sorprendía a todos con una comida que provocaba los aplausos de los comensales.

Su rápida mente siempre estaba pensando en diferentes maneras de generar recursos. Esa pobreza tan grande que conoció en sus primeros años le había enseñado a no dejarse estar, y así fue que se le ocurrió unir esa voluntad de ganar un beneficio económico con su habilidad para la cocina.

Cerca de su casa había una panadería. Una mañana se fue a hablar con el propietario y le propuso que cada día le dejaría una pizza completa para que él la vendiera por trozos. Al hombre le pareció una buena idea y quedaron en comenzar al día siguiente.

Efectivamente, al día siguiente, poco después de las 3:00 de la tarde, ella cumplió su parte del trato, dejó la pizza y recibió el pago acordado. La operación se repitió a lo largo de varios meses y tanto ella como el dueño de la panadería estuvieron más que contentos con el trato.

Hasta que un día, cuando llevaba la pizza caliente recién sacada del horno a su lugar de destino, se percató de que un perro la seguía. El pobre can, a todas luces un animal callejero, debe de haber sentido el delicioso aroma de esta delicia e instintivamente lo siguió.

Ella primero no le hizo caso y siguió su camino. El perro no cejaba en su empeño. Así que trató de desprenderse del animal, pero no pudo. Caminaban al mismo ritmo. Deben haber formado un par digno de atención: la mujer con la fuente de olorosa pizza caliente y el hambriento perro que no se despegaba de su lado. Hasta que le dio miedo que el hambre hiciera que el pobre animal callejero la atacara y tomó la decisión de regresar a casa con la fuente llena.

Los más felices fueron los sobrinos, a los que normalmente no permitía ni acercar la nariz a la cocina para que no le arruinaran la mercadería. Se dieron un banquete ese día. En cuanto a ella, decidió unilateralmente dar por terminada la venta diaria de pizzas.

El dueño de la panadería debe seguir esperando hasta ahora la llegada puntual de su producto estrella.

domingo, 12 de agosto de 2012

Crónicas de viaje: Lasaña de berenjenas

Hace muchos años, antes de siquiera imaginar que viajaría a Kenia y que conocería Nairobi, tuve un sueño muy raro. De esos que se tiene muy de vez en cuando, que se recuerdan de manera muy vívida. Casi como se recuerda una película.

En este sueño, yo estaba en casa de una amiga a la que llamaré Silvia. Por motivos de trabajo, Silvia y su familia viven en Nairobi desde hace poco más de cuatro años. Por alguna razón no expresada en el sueño, yo estaba en Nairobi alojada en casa de Silvia.

Algún tiempo antes, yo realmente había estado en casa de Silvia en la Ciudad de México, en donde la familia vivió un tiempo, también por motivos de trabajo. En esa visita, probé una carne deliciosa con una salsa de sabor incomparable, preparada en casa. El esposo de Silvia es italiano, y a los dos les encanta cocinar y lo hacen muy bien. No recuerdo cuál de los dos cocinó el día que fui a cenar a su casa en la capital mexicana. Lo que recuerdo claramente es que la comida me encantó y que me encantaría volver a probar el sabor de esa salsa a base de tomate.

Volviendo al sueño, la invitación incluía un plato del que nunca había oído hablar. Es más, ni sabía que existía. El plato principal era lasaña de berenjenas. Y recuerdo que en el sueño elogiaba la sazón de quien quiera que hubiera cocinado para la ocasión.

Al día siguiente, le mandé un mensaje por correo electrónico a Silvia, contándole ese sueño loco que había tenido la noche anterior". Enorme fue mi sorpresa cuando leí su respuesta: "la lasaña de berenjenas existe y mi suegra la prepara muy rica. Me ha enseñado a hacerla y cuando vengas a Nairobi, te haré la más rica que haya cocinado nunca".

Quién lo hubiera imaginado. No sé cuántos años más tarde, me llegó el momento de cobrar la promesa. Es que después de la Cumbre de Medios Ciudadanos de Global Voices, pasé unos días en casa de Silvia.

Pero el que quiere celeste, que le cueste, me dijo Silvia cuando le recordé la oferta que estaba pendiente. Si quería cumplir mi sueño, nunca mejor dicho, tenía tarea por hacer. Fuimos a comprar las berenjenas, y mi tarea consistió en lavarlas, pelarlas y cortarlas en rodajas. Después, había que poner las rodajas en agua con sal para que se les fuera el sabor amargo.

Lavé, pelé, corté y remojé. El agua se puso marrón de inmediato y las berenjenas tomaron el color de las manzanas cuando quedan expuestas al aire sin cáscara. Al poco rato, cambié esa agua por otra, también con sal. Ese cambio se hizo varias veces en 24 horas. Cada vez, el agua salía menos marrón.

Al día siguiente, Silvia se enfrascó en la preparación de la lasaña. Me dijo que en verdad no se llama lasaña de berenjenas, sino berenjenas a la parmesana. Recuerdo que era bastante fácil: una capa de berenjenas, una capa de queso y salsa de carne. Se hace así hasta agotar los ingredientes y entonces se mete al horno. No me pregunten cuánto tiempo, no me fijé.

Al cabo de un rato, estábamos compartiendo un delicioso plato. No puedo describir la sensación que tenía en ese momento: ahí estaba yo, sentada en la mesa de la casa de Silvia con sus hijos (su esposo había partido de viaje días antes), en su casa de Nairobi, comiendo lasaña de berenjenas, cumpliendo un sueño loco que tuve en una fecha no precisa hace años.

Ahora puedo decir que he visto un sueño hacerse realidad. Espero que no sea la única vez.

miércoles, 5 de enero de 2011

Guía Michelin

Para comenzar el año, aquí otro relato leído no sé cuándo ni dónde que comparto a través de Seis de enero.
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Había un hombre que era orgulloso dueño de un pequeño y simple restaurante de pueblo. Había heredado el negocio de su padre, que a su vez lo heredó de su abuelo. El local en el que funcionaba el restaurante era más que centenario, pero estaba tan bien conservado que nadie tenía ninguna queja sobre su estado.

El hombre, a quien llamaremos Antonio, era un apasionado de la cocina. Se pasaba la vida inventando nuevos platos, innovando platos conocidos, haciendo mezlcas que para otros serían imposibles e impensables. Casi sin que se diera cuenta, su cabeza no dejaba de pensar en novedades y más novedades para su carta.

Antonio era un hombre muy querido en su pueblo. Siempre estaba dispuesto a ayudar al que lo necesitara, a veces a costa de sí mismo. A veces a costa de su comodidad y hasta de su salud. Por eso lo querían y lo respetaban todos. Por eso su fama y su prestigio trascendía las fronteras de su pequeño pueblo de sierra. Era habitual ver su restaurante lleno de comensales venidos de lejos, motivados por la popularidad de sus guisos y su excelente atención.

Y aunque nunca se lo había dicho a nadie, Antonio tenía un único sueño: que su restaurante entrara en la Guía Michelin. Era consciente de lo difícil que era que su sencillo restaurante entrara en tan selecta lista, le decía su parte realista. Pero soñar no cuesta nada, replicaba su parte soñadora.

Así pasaba el tiempo para Antonio, entre ollas y fogones, entre recetas tradicionales e inventadas, entre comensales de toda la vida y recién llegados. Todo siempre dentro de una apacible y conocida rutina.

Hasta que llegó un sobre a nombre de Antonio. Un sobre que cambió su apacible y conocida rutina. ¡Era una comunicación a través de la cual ponían en su conocimiento que un inspector de la famosa guía pasaría por su restaurante para evaluarlo y ver si era digno de entrar en tan selecta lista! Su sueño hecho realidad...

Anotó la fecha en enormes letras rojas en su calendario. Tenía poco más de una semana para sorprender al inspector con un plato totalmente nuevo. Así que puso manos a la obra.

El día de la visita, Antonio estuvo más que nervioso. Atendió como siempre. Como siempre, es un decir porque definitivamente no se trataba de un día como siempre. La curiosidad había llevado al pueblo entero y poblaciones aledañas a comer ese día al restaurante de Antonio. Tuvo un lleno total.

Pasó el día, la hora de almuerzo y la hora de la comida, pero el inspector no apareció. El plato tan especial que había preparado con tanto ahínco esperaba servido. Desolado, al final del día Antonio se sentó en su cocina, pensando con amargura en lo que (no) había sucedido.

Así se quedó dormido. Unos suaves golpes en la puerta lo despertaron, bien pasada la medianoche. Se levantó y al abrir la puerta vio a un hombre con un aspecto muy sucio, con la ropa muy rota. El hombre la contó que había tenido un accidente, que había estado vagando por la zona sin conocerla y que estaba con mucha hambre. Le preguntó a Antonio si podía darle algo de comer, a la vez que le advirtió que no tenía un centavo.

Antonio dudó. No tenía nada en la cocina. Nada en la despensa. El lleno total del restaurante lo había dejado sin reservas. Hasta que vio el plato que se quedaría sin comer. Sería un desperdicio no aprovecharlo. A la vez, sería un desperdicio dárselo a quien no lo sabría apreciar. Finalmente ganó su buen corazón: el hombre comió sin mayores expresiones de gusto, casi sin hablar. Cuando terminó, agradeció el gesto de Antonio y se fue.

Casi amanecía. Antonio no abrió el restaurante. No tenía ganas ni fuerzas de nada.

Hacia la tarde, vio debajo de la puerta un sobre. Era igual al sobre recibido días antes. Lo abrió con manos temblorosas y casi sin poder respirar, leyó: Gracias por haber atendido tan bien a nuestro inspector. Es costumbre de la institución mandar a nuestros agentes de incógnito, pues es la manera en que descubrimos la verdadera alma de los candidatos a figurar en nuestra lista. Usted, su restaurante y su plato fueron del mayor gusto de ese viajero desaliñado al que atendió durante la madrugada.

Y fue así como el restaurante de Antonio entró en la Guía Michelin por la puerta grande.
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A todos los lectores, expreso mis deseos de que 2011 sea un año mucho mejor que 2010.



jueves, 3 de septiembre de 2009

Culinaria internacional

Más de una vez me han preguntado cuál es el plato típico peruano que me gusta, más ahora que la gastronomía peruana está, por fin, encontrando su lugar dentro de la culinaria internacional. Puedo nombrar varios platos, y todos serían una buena elección, pero definitivamente me quedo con el tacacho con cecina. Es una delicia típica de nuestra selva peruana, hecha de plátano verde cocido y cecina de chancho, la carne de chancho más deliciosa que he probado en mi vida.
Creo que vale la pena aclarar que en la selva hay muchísimas variedades de plátano, y prácticamente cada una tiene un nombre diferente. Por ejemplo, el plátano que se come como fruta y que en Lima se llama simplemente plátano, por allá es conocido como guineo. Por eso es importante aclarar que la base del tacacho con cecina es el plátano verde.
Tal como hice hace algunos meses con las ciudades en la que viven diferentes amigos, esta vez la pregunta fue: ¿cuál es tu comida favorita del país en que vives? Acá las respuestas... y más vale no leer lo que sigue con el estómago vacío.
Hilda fue la primera en responder, con enlaces incluidos, y es evidente que no le fue fácil decidirse por una sola opción. Amablemente, proporcionó los enlaces que ven a continuación.
Mi comida favorita de México, es difícil hablar de un solo platillo, creo que México al igual que muchos otros países es rico en gastronomía. Pienso en lo que me gusta comer y pienso en aquellos días de fiesta donde nos reunimos todos alrededor de un rico mole picosito, de todos sabores sea en forma de enchiladas o acompañado de pollo o de guajolote. Y si el mole va acompañado de arroz que mejor. Claro que ese arroz también puede ir acompañado de unos tacos de barbacoa con cebollita picada en cuadros, cilantro y salsa. Pero sí es navidad, nos atracamos de romeritos. En vigilia nos atracamos de pescado en todas sus variedades (empanizado, a la plancha...) o un rico coctel de pulpo y camarones que comemos con aguacate y galletas saladas. En la noche nos comemos tacos de todos los sabores o unas ricas quesadillas de queso, huitlacoche, flor de calabaza... Una rica sopa de tortilla o un pozole. en tiempos patrios. De postre una rica rosca de reyes o un pan de muerto, según sea la ocasión, eso sí, acompañado de un chocolatito o un buen café. O si hace calorcito un rico helado de pistache, vainilla... En fin... eso tan solo es lo que se me viene a la mente y de escribirlo se me hace agua la boca...
Curiosamente, uno de los sabores de helado que más me gusta es el de pistache. Tenemos la promesa pendiente de compartir uno el día que nos conozcamos personalmente.
Katia, desde Argentina, lo tuvo un poco más fácil, aunque contiene un cierto toque de inevitable nostalgia por lo nuestro:
Personalmente mi comida preferida creo que sería un buen bife de chorizo jugoso a la parrilla, acompañado de papas fritas y ensalada verde. También disfruto mucho la calidad y gran variedad de cremas de leche, quesos y fiambres que están al alcance de todos. Hay una variedad mas amplia de empanadas, mis preferidas son la caprese, cebolla/queso y roquefort, pero en empanadas de carne vuelvo a quedarme con las nuestras, principalmente por el tipo de masa, que es suave, arenosa, deliciosa y extraño tanto. Y por supuesto ¡¡los vinos!!... sobre todo el Malbec, mi favorito lejos.
Amila, traductora bosnia que vive en Dinamarca desde los años noventa, nos cuenta de sus platos favoritos, tanto de su tierra natal como de su país adoptivo:
Mi plato bosnio favorito se llama "zeljanica". Es una masa rellena con espinaca mezclada con cebollas y huevos. Es algo complicado de hacer y requiere una harina muy fina para poder estirarlla masa a través de la mesa hasta que tenga el grosor de un papel. Después se pone el relleno de espinaca a lo largo de un lado, y todo se enrolla y se mete al horno (lo explico muy mal, pero estoy segura de que una búsqueda en Google lo explicará un poco más). Siempre me han gustado las que tienen la masa más gruesa y que no esté sobrecargada de espinacas, por lo que son un poquito duras. La manera común de comerlo es con un vaso de yogurt. Hasta ahora, para mí el sabor de la espinaca con yogurt tiene algo especial, e incluso tomo yogurt con lasaña de espinaca :)
Mi plato danés favorito se llama "brunede kartofler" y en realidad es una guarnición que se come por lo general en Navidad. Son pequeñas papas hervidas y después fritas en mantequilla derretida y azúcar. Si, azúcar. Me impresionó la primera vez que supe que cómo se hacía porque para mí realmente no es convencional ponerle azúcar a la "comida de verdad", es decir, la que no es postre. Pero es sorprendentemente sabroso, si sabes cómo hacerlo. Si se le pone mucha azúcar, lo que es fácil que pase, o si no se derrite bien, sabe terrible. La mantequilla derretida y el azúcar hacen una salsa espesa que cubre todas las papas. Según he visto, el plato se sirve con pato, que lo complementa muy bien según recuerdo.

Desde Kenia, Rossana nos describe lo que más le gusta de la tierra que la acoge desde hace poco más de un año:
Acá hay una carne muy rica, se llama nyama choma, que quiere decir literalmente carne asada. En efecto lo es pero el sabor es delicioso, se siente que la carne está aderezada, condimentada de alguna manera especial. Cuando una pregunta por la receta te dicen que es sólo carne a la parrilla y que sólo tiene sal pero por ahí me han dicho que primero hay que marinarla en jugo de limón al que le echan ajo, semillas de culantro en polvo, palillo, pimentón, una especie de curry que hay acá, sal y ¡quién sabe qué más! Se puede hacer con cualquier clase de carne, generalmente se come de res, de cabra, de cordero, de cerdo es riquísima (pero hay que buscarla en lugares no musulmanes). Lo curioso es que la carne queda muy oscurita -marrón oscuro/negro- pero no amarilla ni rojiza, como se podría pensar por los colores de los condimentos. Se sirve con chapati, que es un pan sin levadura -plano, como tortillas- que es hoy en día típico de Kenya pero de origen indio (la comunidad india acá es enorme y ha ejercido mucha influencia en la cultura). Aquí lo comen con ugali que es una especie de polenta pero hecha con harina de maíz blanco de manera que queda muy blanca y, para mi gusto, tiene sólo la textura de la polenta.

A Paula, autora brasileña de Global Voices, residente de Londres, la encontré en el preciso instante en que escribía un post en su blog personal sobre su plato brasileño favorito. Copio acá la parte pertinente de ese post. Para ver la versión completa en inglés, entrar acá:
Coincidentemente, cuando me sentía como una diva cocinera al regresar a casa con mi abarás (aunque solamente estuviera ayudando a la tia Biza), recibí un e-mail de la compañera traductora de Global Voices Gabriela Garcia Calderon Orbe, desde el Perú, que está escribiendo un artículo sobre cocina internacional para su blog. Me pidió que le diera tres o cuatro líneas de mi comida favorita de Brasil. ¡Acá está, Gabriela!
Acarajé y abará son las más populares comidas al paso en mi tierra natal, Salvador, donde se les puede encontrar en cualquier esquina, aunque no es tan fácil de encontrar en otra spartes de Brasil y es imposible de encontrar en Londres. Se hacen con la misma base: una masa de frejoles con ojito molito con cebolla y jengibre (kión) y fritos en aceite de palma (en el caso del acarajé) o envueltos en hojas de plátano hervidas y sal (abará). Se sirven con vatapá — una pasta con la textura de mantequilla de maní, hecha de maní, nueces de cajú, leche de coco, langostino ahumado, pan y, de nuevo, aceite de palma — tomates fresco y ensalada dulce de pimienta y langostino. ¡Poca gente la comería sin una fuerte buena pimienta malagueta! El sabor es muy característico, no se parece a nada que yo haya probado, y la comida me da mucha energía. Con mucha influencia de la comida africana, ambos platos se usan como ofrendas en los rituales de candomblé, pero comerlos es una obligación en Salvador, independientemente de la religión, clase social o preferencias de comida que se tengan, o época del año. Cuando estoy en Salvador, lo comería todos los días, y por lo general se encuentra una “baiana” cuyo estilo te gusta y te conviertes en su fiel cliente —o, como dirían algunos— adicto.
AbuFares, mi amigo tartusino que me sorprendió hace poco por medio de su blog, nos cuenta desde Siria sobre su plato favorito:
Wara’ Inab (hojas de parra rellenas) es ciertamente el producto de bandera de la cocina siria tartusina. Es de lejos la entrada más importantantes, ofrecida en ocasiones especiales y que toda la familia en cualquier momento. A todo el mundo le gusta las hojas de parra rellenas frescas y bien preparadas y enrolladas con arroz y carne de cordero picada con una suculenta porción de costillas de carnero y jugosos huesos encima, todo nadando en una salsa de deliciosa grasa, jugo de limón, especias y ajo. Wara’ Inab es un obra de arte culinaria y legítimamente se merece reconocimiento internacional como uno de los logros más significativos de la inaginación humana y determinación al crear un objet d’art comestible.
Más información de este plato en el blog de AbuFares, en este post.
Taras, desde Ucrania, nos indica los platos tradicionales de su país que más le gustan:
Varenyky (masa guisada rellena), holubtsi (rollos de col), holodets (jalea de carne), borshch (sopa de betarraga), deruny (panqueques de papa).
Smachnoho! ¡Disfruten
!

Desde España, Úrsula nos cuenta que lo que más le gusta de la comida española es la paella, y comparte con nosotros el secreto de su sabor:
¡Lo prometido! (Mi plato favorito de la comida española es) la paella de verduras... Es rica, rica, rica.... y saludable...
Me encanta. Es simplemente espectacular. Y lo es más todavía si está hecha con amor.
Ese seria el ingrediente mágico de esta paella. Muchos abrazos.
Mariyah también tuvo doble trabajo, pues tuvo que pensar en sus platos favoritos de su natal Siria y de su segunda patria, Canadá, donde se encuentra actualmente:
Hay toda clase de platos elegantes, pero hay dos pilares básicos de mezza siria (o incluso del Medio Oriente) de los que nuna me canso: taboulleh y labneh. Taboulleh es una deliciosa ensalada de perejil mezclado con menta, cebolla, aceite de oliva, jugo de limón y bulghur. Es de lo más colorido, así como sabroso. Labneh es un queso suave hecho de yogurt y por lo general se sirve con aceite de oliva salpicado, un poco de menta y una pizca de sal. El taboulleh y el labneh se pueden comer con pan pita (un pan plano) - preferiblemente caliente.
Es un poco difícil definir la "cocina" canadiense. Mucha de la comida acá ha sido adoptada de los países de los pueblos que inmigraron. Sin embargo, uno de mis favoritos y que nunca había probado hasta que llegué es choclo. Agosto es el mes en que está disponible por todas partes y se asan choclos para celebrar. El maíz se cubre con mantequilla y sal, y se come directamente de su mazroca. Puede hervirse o asarse en una parilla. ¡Es delicioso! No creo que sea un plato limitado a Canadá, pero a los candienses les encanta!

Mariyah nos habla de un viejo y delicioso conocido para los peruanos: el choclo, que junto con una buena palta, puede acompañar y realzar el sabor de cualquier comida.
Ha sido un delicioso recorrido por las especialidades culinarias de países bastante diversos. Gracias a los que colaboraron conmigo en este post. Y a todos, bon appétit!

sábado, 26 de julio de 2008

28 desde lejos

Estamos a pocos días del 28 de julio, Fiestas Patrias en el Perú. Como siempre lo he pasado "en casa", me animé a preguntarles a algunos amigos que viven fuera cómo se siente el 28 de lejos.

He aquí sus respuestas, que publico con la debida autorización.

Verónica, que vive en Dallas, dijo:
cuando se ha dado el chance (como el año pasado y este) - nos juntamos con amigos peruanos a comer "comida peruana", disfrutar y compartir. pero si no se da nada, es un dia mas.

feliz 28 para ti y todos por alla!
Desde Buenos Aires, Katia contó que:
Fiestas Patrias la verdad se vive extrañando el Perú mas que todos los demás días, por suerte ahora que la comida peruana está de moda en el mundo, han abierto muchos restaurantes y algunos muy buenos, no queda otra que darse el gustito de comer algo rico, aunque jamás será como comer en Lima.

Eso si, mi esposo [argentino] desde temprano me pone a todo volumen música peruana criollaza, el himno y todo lo que puede jaja.
Coco, que vivió primero en Santo Domingo y ahora está en la ciudad de México, contó sus experiencias:
La primera vez fue casi traumático, porque como comprenderás 28 de Julio para el resto es un día normal y tuve que ir a TRABAJAR, nunca nos toca trabajar un 28 y ya de por sí esa era un tremendo cambio. Recuerdo que vivía en Sto. Domingo y éramos 4 peruanos uno de ellos llegó con escarapelas y nos la entregó a cada uno, trabajamos sí, pero con escarapela en pecho durante ese día nos alivió la nostalgia.

Ya en los sucesivos, te vas acostumbrando y siempre hay reuniones o fiestas en los consulados/embajadas o las asociaciones de damas de los consulados, organizan fiestas, almuerzos, kermesses, etc. y sinceramente se ponen buenas, hasta diría mejor que en Perú porque la nostalgia de todos hace que nuestra peruanidad aflore mucho más.

Este año en México ya desde la semana pasada empezaron las celebraciones, este año se cumplía los 25 años de fallecimiento de Chabuca, y la hija que vive aquí junto con el consulado organizaron un concierto con Eva Ayllón, lamentablemente no pude ir pues era justo el día que Kari y los chicos viajaban, pero me contaron que salió bonito. Sinceramente las embajadas se esmeran, es la fecha de más trabajo para ellos creo que es la única que trabajan con verdadera dedicación, el resto de año bien gracias…

Afortunadamente, tengo un buen grupo de amigos peruanos aquí que siempre nos reunimos, algunos están en Lima aprovechando las vacaciones de verano de los chicos, pero los pocos que quedamos algo haremos el domingo…
Desde Penslvania, Carolina cuenta:
Gracias por los saludos... y a ti y a tu familia también feliz 28!

Así es, nostalgia es la palabra correcta. Añoro ver por tele el desfile patriótico, y la melodía de la marcha que también me hace acordar nuestras 'marchitas' en el colegio. No puedo ver tampoco las banderas rojo y blanco en todas las casas, detalles que antes uno daba por hecho o poca importancia pero viviendo fuera como se extraña.

En fin, lo que haremos mañana (y también aprovechando el santo de Lyssie) es reunirnos unos cuantos peruanos, hacer parrillada, anticuchitos, tomar Inca Kola, chicha, ojala unos traguitos, vestirnos de blanco y rojo por supuesto.
Lyssie es su hija menor, que por coincidencia nació un 29 de julio. Imagino que eso le da cierta licencia para celebrar Fiestas Patrias.

Marianella, desde Florida, no podrá celebrar porque ha decidido retomar los estudios (lo que me hace admirarla tremendamente). De todas maneras, cuenta:
[Mi hermana] Mirtha y unas cuantas amigas peruanas se reuniran a tomar un brunch el 28, pero tengo que pasar porque el lunes tengo 2 examenes.
Desde Calgary, Nacho vive así el 28 desde lejos:
La comunidad peruana en Calgary es muy pequeña, somos "censados" aprox. 150 peruanos. Sin embargo el grupo es muy unido y activo. Hoy día vamos a tener nuestra cena de Fiestas Patrias, presentación del grupo de taller de danzas folklóricas y hay algunas personas que elaboran platos típicos así que por hoy no va a faltar tamales, cebiche, lomo saltado e Inca Kola. A manera de anécdota yo participo como Pro-Tesorero.
Ahora la vez que más he sentido y extrañado Perú, fue luego del terremoto, fue muy emotivo pues toda la comunidad latina y canadiense organizó actividades para recaudar fondos y ayuda que enviamos y durante la actividad se mostraba videos y fotos del país.
Finalmente, Caty en Nueva York, echa de menos algunas cosas:
Gracias por el saludo. Asi pues, un poco nostalgica, extranando la comida, la family, los amigos, hasta el trafico!, en fin, ese sentimiento de estar en casa que cuando uno esta afuera lo extrana tanto.
Un saludo para ti y que pases lindas fiestas.
Que viva el Peru!
De una u otra manera, la fecha no pasa desapercibida. Confieso que se me haría un poco raro trabajar 28 de julio. Pero al final uno termina acostumbrándose a todo. Además, si vivimos fuera de nuestro país, está la ventaja de disfrutar del feriado por la fiesta nacional de ese país. Algo así como la ley de la compensación.
Para todos, ¡feliz 28!

sábado, 31 de mayo de 2008

La gastronomía peruana vuela alto

Hace algunas semanas, llegó a mi bandeja de entrada un mensaje de KLM. Trasmito acá parte del texto para compartir el orgullo que sentí al ver que la gastronomía peruana vuelta alto.
Con el afán de difundir la gastronomía peruana, hoy en día reconocida como una de las grandes cocinas del mundo, KLM decidió incorporarla en sus vuelos con origen en Lima e invitó a un conocido y prestigioso restaurante limeño a preparar la carta.

El propietario del restaurante y sus chefs diseñaron el menú presentando la gran fusión natural que tiene el Perú, con influencias en su gastronomía basada en las distintas migraciones que van desde lo pre incaico e incaico, lo español, francés e italiano, hasta lo chino y japonés.
Un crisol de razas que ha generado una gastronomía excepcional.

Desde hace casi dos meses, los pasajeros que parten de Lima con KLM disfrutan de una selección de platos que representan a la costa, sierra y selva y la gran diversidad de productos que hay en el Perú, como por ejemplo:
- Espárragos verdes y blancos del norte con mousse de alcachofas y palmitos (o chonta, como se le llama en nuestra selva).
- Ensalada de
quinua a la caprese
-
Causa a la limeña con langostinos escabechados
- Ravioles rellenos de
ají de gallina a la crema de ají.

También hay deliciosos postres como crocante de
lúcuma en salsa de chocolate; semifreddo de aguaymanto, huevo chimbo a la antigua con pasas y almendras.

Y eso que acá hay una mínima parte de las delicias culinarias que el Perú tiene para ofrecer.

Mi familia materna es de la selva del Perú, lo que me ha hecho conocer de toda la vida al juane, el tacacho (máxima delicia insuperable), el inchicapi, el plátano frito y tantísimos otros manjares que de otra manera no conocería. Eran la especialidad de la tía Angelita.

Hace poco más de dos años viajé una semana a Arequipa. Por supuesto que conocía el coctel y el chupe de camarones y el rocoto relleno... aunque no me gusta comer nada picante. Pero una vez ahí mi amiga y anfitriona Renata me invitó algo que no solamente nunca había probado, sino que ni siquiera sabía que existía: cauche de queso.

Para que vean lo rica que es nuestra gastronomía. Hay platos que muchos de nosotros ni siquiera hemos oído mencionar.

Alguna vez leí que la comida criolla tiene su origen en las manos de los esclavos, que aprovechaban todas las partes que los amos no comían. Por eso es que básicamente está compuesta de menudencias, de vísceras, a las que hay que aumentar con pan.

Pensar que los deshechos que no se debían comer, lo que debía terminar en la basura, es con lo que ahora se nos hace agua la boca.

A eso le debemos agregar, entre otros más, el aporte de los migrantes chinos, que montaron restaurantes una vez obtenida su libertad luego de vencido el plazo de sus contratos. Son nuestros queridos chifas, tan peruanos como la Inca Kola que con todo combina.

La gastronomía peruana vuelta alto. Ya era hora.