jueves, 2 de febrero de 2012

El adiós a la tierra

Hace poco, alguien que quiero mucho vendió el último bien material que lo unía a la tierra donde nació. Esa persona escribió un texto al respecto, que reproduzco a continuación sin su permiso. Por eso, he quitado toda referencia a lugares concretos y los he reemplazado por el nombre de otro lugar que algunos sabrán reconocer: Sagrillas. Podría haber escogido Maycomb, Giancaldo, Avonlea o Ystad. Pero me quedo con Sagrillas.

ADIÓS ADIÓS SAGRILLAS
Cerraron la puerta, o tal vez no era necesario, no había nada que cuidar. Quedó todo vacío: la sala sin los escritorios de papá, ni los muebles, ni el “espejo de cuerpo entero” de mamá, ni las fotos de la familia ampliadas por algún artista ambulante. El reloj de la empresa donde trabajó papá (del que nunca quiso desprenderse porque le hacía recordar años y años de trabajar en esa oficina). Las flores de papel que hacía mamá sobre un florero, seguramente regalo de matrimonio. Y el aparador, con la vajilla de loza sobreviviente de otros repartos. La pequeña refrigeradora inservible desde hace años. 
Todo eso, ya no estaba. Y adentro, en los dormitorios: camas, mesitas de noche, los roperos de papá y mamá, los adornitos. El rinconcito con los santitos y las fotos de los abuelos, donde se arrimaba mamá para rezar por nosotras, sus hijas. Nada, ya nada está. Todo desapareció igual que los años y años de vivir en esa casa, con su balcón que permitía ver el río, las calles vecinas y hasta el interior de la casa del frente.
El balcón a donde sacábamos las mecedoras en las noches calurosas para recibir aire fresco antes de irnos a dormir... Las mecedoras... 
Se acabó nuestra vida en Sagrillas.
Ya no estaban nuestros padres desde hace algunos años, es cierto, pero cuando íbamos teníamos la ilusión de verlos aparecer por ahí, con su risa, con su sonrisa, con su enorme alegría de vernos llegar desde el balcón, y esperar que subiéramos por esa escalera que papá se cuidaba de mantener bien iluminada, en cuanto llegábamos. 
Adiós Sagrillas.
No sé si volveré alguna vez. Tendría que ser muy valiente para pasar por aquella calle y mirar hacia el balcón esperando ver ahí arriba a esas dos personitas que sonrientes y ansiosas nos veían llegar desde lejos, en un motocarro, y entrar por la puerta y subir la escalera para llegar al balcón y fundirnos en abrazos llenos de risa y alegría, aunque fuera de vez en cuando, de vez en vez, como dice la canción.
---------------
Si tienes problemas para dejar comentarios en este blog, usa el boton rojo de la esquina superior derecha donde dice EMAIL ME!, deja ahí tu comentario, y yo me encargaré de hacer que salga en su debido lugar. Gracias y perdona la molestia. También lo puedes usar para comunicarte conmigo.

jueves, 26 de enero de 2012

Esos indescriptibles segundos

Situación uno
Entras a una tienda de ropa informal con la idea de comprarte un jean:
- Señorita, buenos días. Estoy buscando un jean modelo clásico, con corte a la cintura, sin desteñidos ni deshilachados.
- ¿Azul o celeste?
- Celeste.
- ¿Qué talla?
- 34 -la misma talla que usas desde tiempos prácticamente inmemoriales.
- ¿Para usted? -quiere saber la vendedora.
- Si, para mí -respondes, y algo se agita en tu interior.
- No, 34 no. Usted no es talla 34 -dictamina la vendedora, muy segura de sí misma, mientras te echa un vistazo de arriba a abajo.

En ese instante, te arrepientes de todos los chocolates, los heladitos, las empanaditas, los pollitos a la brasa, las pizzas, los panes con jamón y queso, los quequitos, las galletas, las hamburguesas, las crepes, los desayunos con vista al mar, los lonchecitos mirando al atardecer, las Coca Cola superhelada (nada de dieta, nada de hielo). Te arrepientes hasta de lo que todavía no has comido y juras que nunca más, ¡NUNCA MÁS! vas a volver a darte un gustito de esos porque a la larga salen caros.

- Usted no puede ser más de una talla 32 -sentencia la vendedora.

Recobras el aliento y sientes que el corazón retoma su ritmo. Entonces, te pruebas la talla 32, y ves con agrado que te queda bien. Es más, te queda un poquito flojo. No lo puedes creer. Todas las promesas de segundos antes quedan en nada.

- Qué buen ojo, señorita. El pantalón me quedó perfecto. Me voy a llevar el que me probé y uno igualito más oscuro.

Situación dos
Estás en una tienda mirando ropa. No tienes la menor intención de comprar nada, solamente estás mirando. A lo lejos, una mujer te observa y te observa. Casi te incomoda, pero decides ignorarla. Hasta que parece armarse de valor y se te acerca:
- Hola. Disculpa, quiero ver si me puedes ayudar -dice, bastante avergonzada.

Piensas que te va a pedir plata, que te va a venir con el cuento de que le han robado y que no tiene cómo regresar a su casa. Pero te equivocas.
-Es que estoy buscando un regalo para mi sobrina y me gustaría regalarle esta casaca -y te muestra lo que tiene en la mano.
- ...
- Te he estado mirando y creo que eres como mi sobrina. Si, creo que eres igual que ella... -.

En el instante que abre la boca para seguir, tu cabeza se pone como un remolino. Te preparas para lo que sigue, casi te pones a la defensiva y te alistas para devolver el golpe.
- Mi sobrina es flaquita, igual que tú.

Te han dicho muchas cosas en tu vida, pero flaquita jamás. Te pruebas la casaca, te queda bien. Te pruebas una igual de talla más chica y otra de talla más grande. La mujer opta por la primera que te probaste. Te agradece con una enorme sonrisa. Sales de la tienda, con una sonrisa más enorme todavía.
-----------------
Si tienes problemas para dejar comentarios en este blog, usa el boton rojo de la esquina superior derecha donde dice EMAIL ME!, deja ahí tu comentario, y yo me encargaré de hacer que salga en su debido lugar. Gracias y perdona la molestia. También lo puedes usar para comunicarte conmigo.

jueves, 19 de enero de 2012

Diálogos importantes

El niño está metido en su cama, listo para dormir.
- Te quiero mucho, chiquitín.
- ¿Cuánto? -quiere saber con curiosidad infantil.
- Mmm... de acá a la Luna y de vuelta.
- Y yo te quiero de aquí hasta donde está Dios.

---------------------------

La niña llega corriendo, unos brazos la reciben y la cargan.
- Hola caracola, ¿cómo estás? -un beso se une al saludo.
- Bien. ¿Me puedes bajar? -pregunta la niña, con un cierto tono de fastidio.
- Si, claro que puedo. Pero, ¿no te gusta cargada?
- No, me gusta bajada.

---------------------------

- ¡Cuéntame una historia de tiempos antiguos! -pide el niño.
- ¿Tiempos antiguos? ¿Te parece la historia de Ulises y el cíclope?
- No, no, esa no. De tiempos antiguos, pues. De cuando la gente se mandaba cartas.

---------------------------

La niña ve un tazón lleno de sandía y pregunta si puede comer:
- Claro, come todo lo que quieras.
- Me gusta mucho la sandía -dice, con la boca llena.
- ¿Y la manzana?
- No -responde enfática.
- ¿Y la naranja?
- No -igualmente tajante.

Sigue una larga enumeración de diferentes frutas, y a todas la niña responde con el mismo énfasis que no le gustan.

- ¡Oye! ¿No te gusta ninguna fruta además de la sandía?
- No me has preguntado por la piña.
- A ver, ¿te gusta la piña? -intuyendo que se viene un truco.
- ¡NO!

-------------------
Si tienes problemas para dejar comentarios en este blog, usa el boton rojo de la esquina superior derecha donde dice EMAIL ME!, deja ahí tu comentario, y yo me encargaré de hacer que salga en su debido lugar. Gracias y perdona la molestia. También lo puedes usar para comunicarte conmigo.

miércoles, 11 de enero de 2012

Noche de explosiones y muñecas

Chusa y Laly
Hace poco menos de un mes, días antes de Navidad, un fuerte ruido despertó a los vecinos de Miraflores. En buena cuenta, me despertó un fuerte ruido, seguido de alarmas que se activaron, perros que comenzaron sus conciertos caninos de ladridos y aullidos a la vez, gente que gritaba. En fin, una situación caótica e incierta, que se complicó porque no se sabía qué había pasado. Además, la noche anterior un temblor un poco más largo de lo deseable (ninguna duración es deseable) ya había despertado a los limeños.

Al cabo de un rato de seguir oyendo alarmas y perros, noté que las dos ventanas principales de la sala estaban abiertas. Eso me hizo pensar que fuera lo que fuera lo que había pasado, la cosa era medianamente seria. Al cerrar las ventanas, vi que mucha gente corría hacia la avenida Larco. Pero en casa seguíamos sin saber qué había pasado.

Hasta que logré ver que dos chicas que viven en mi edificio regresaban. Una de ellas contó que en la casa que está frente al hotel de la calle paralela a la mía había habido una explosión de un balón de gas. Después se supo que todo fue producto de una deflagración de gases, donde sucede una  inflamación de sustancias a una velocidad inferior a la velocidad. En una explosión, la inflamación ocurre a una velocidad mayor.

Pero ese no era momento de explicaciones técnicas.

Al día siguiente, la curiosidad me llevó a mirar en el lugar de los hechos. La casita donde se había producido la deflagración estaba en ruinas (ese mismo día, terminaron demoliéndola). Los vidrios de las casas y edificios aledaños estaban destrozados y desparramados por todos lados, y la calle estaba llena de otros curiosos, equipos periodísticos, personal del Serenazgo de Miraflores y policías.

A lo largo del día recibí varias llamadas de personas preocupadas por lo que había pasado, que en mi caso no fue nada.

O eso parecía.

En algún momento de la tarde, al salir al pequeño patio que está en la parte de atrás del departamento una sorpresa esperaba en el piso: dos muñecas vestidas como mujeres de la serranía peruana. Las que están en la foto que abre este post. Podían haber caído de cualquier departamento, como consecuencia de la deflagración. Se le preguntó a todos los vecinos y todos dijeron que las muñecas no son suyas.

Así que ahí se quedaron, como un recuerdo de una noche rara. Una noche en la que hubo deflagraciones y llovieron muñecas.
----------------------
Si tienes problemas para dejar comentarios en este blog, usa el boton rojo de la esquina superior derecha donde dice EMAIL ME!, deja ahí tu comentario, y yo me encargaré de hacer que salga en su debido lugar. Gracias y perdona la molestia. También lo puedes usar para comunicarte conmigo.