Es una hora completa de gritos estridentes, donde obesos modelos se convierten por obra y gracia de los efectos especiales, en apolíneos seres cuasi irreales. Donde nos muestran cómo podríamos tener blanquísimos dientes, una casa rechinando de limpia, libre de insectos, ratas y ratones, y cómo podemos preparar en segundos ensaladas y deliciosos platillos sin ensuciar nada. Mención aparte merece ese adminículo milagroso que nos permite conservar muy frescas ensaladas preparadas para comerlas 15 días más tarde. Me pregunto si los genios que conciben estas campañas se comerían una ensalada con más de 2 días de preparada.
Prácticamente todos los canales nos saturan con comerciales larguísimos, interminables, llenos de testimonios de hombres y mujeres que "rebajaron 32 libras" en apenas seis semanas. ¿Por qué no hablan en kilos? ¿Será que es más impactante bajar 32 libras que miserables 16 kilos?
Con borrosísimas fotos del gordo "antes", nos quieren hacer creer que el esbelto "después" es la misma persona. Quieren hacernos creer que las casas que al comienzo vemos por demás sucias, son las mismas que a los pocos segundos relucen de limpias, previo uso de una mágica poción que no encontraremos en tiendas.
La vida de las personas antes de comprar los maravillosos productos es una tragedia. Aparentemente, la compra incluye un curso completo, destinado mayormente a las mujeres, de cómo maquillarse, arreglarse, peinarse y vestirse. Por si no lo han notado, todas salen regias, muy diferentes a los llorosos mamarrachos que son antes de comprar el mágico producto.
Pretenden convencernos de los maravillosos efectos limpiadores de tal sustancia diciendo que "expertos de una universidad europea" han hecho estudios que confirman la efectividad. ¿Se tratará del doctor Fujimoto?
Felizmente, no todos los canales se unen a esta desagradable hora infeliz. Eso ya sería demasiado.






