domingo, 17 de mayo de 2026

Ocurrió en un centro comercial

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Hace algunos años, mi mamá viajó a la capital de un país vecino. Ya había estado ahí mucho antes, en otros tiempos. Casi se podría decir que fue en otra vida. Y que prácticamente era la primera vez que estaba ahí.
En ese nuevo viaje, mi mamá hizo las cosas habituales que se hacen cuando se está de visita en un lugar nuevo. O casi nuevo, en verdad. Fue a los lugares turísticos, paseó mucho y se reunió con amigos con quienes había mantenido correspondencia a la antigua, con cartas de papel y sobre.
En uno de esos recorridos, entró a un centro comercial bastante nuevo. En ese época, los centro comerciales eran una novedad para nosotros. Todavía no había empezado el auge de esos conglomerados de tiendas en las que se puede pasar el día entero paseando y mirando sin necesidad de comprar nada.
Mi mamá entró en muchas tiendas, de todo tipo. Ya la imagino mirando todo y pensando en los regalitos que podría traer a su vuelta.
De repente, se le acercó una mujer. Se saludaron amablemente, gesto con el que mi mamá pensó que acababa el asunto.
Pero se equivocó, sí, señor.
La mujer era una vendedora de artículos de plata, que ofreció a mi mamá con voz amable. Mi mamá la rechazó con amabilidad recíproca. La mujer insistió. Mi mamá reiteró su negativa.
Comenzó entonces un molesto intento de negociación de parte de la vendedora. Le bajó el precio a las pulseras y aretes que iba sacando de una mochila. A esas alturas, ya mi mamá no le contestaba, casi ni la miraba para no darle la más mínima esperanza de interés.
Transcurrieron varios minutos así hasta que mi mamá, normalmente tan calmada y serena, se hartó. Sin dejar la amabilidad de lado, se volteó y le dijo:
- Gracias, señora, pero yo vengo del país de la plata.
- Ya me imagino -replicó la mujer. Y por fin se fue.
Aunque no hubo testigos del incidente, mi mamá lo contó tantas veces que casi siento como si lo hubiera vivido a su lado.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Ocurrió en un bus

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El domingo 10 de mayo se celebra el Día de la Madre en el Perú y en varios países. Este año, la fecha será diferente para mí, será el primer Día de la Madre desde que mi mamá se fue.
Por eso, quiero recordarla con anécdotas de diferentes momentos de su vida, para que mis lectores conozcan un poquito de esa persona extraordinaria que fue doña América Lina Orbe Riera.
Durante mucho tiempo, mi mamá fue una asidua asistente a los centros integrales del adulto mayor de Miraflores, conocidos como CIAM. Participaba en varias actividades ahí, entre talleres de redacción, tai chi, yoga, coro y varios más. Se hizo de un grupo de amigas con las que ocasionalmente se encontraba para comer o para una escapada vespertina.
Caminaba sin problema una cuadra, la distancia que separaba el CIAM de casa. Así fue hasta que, por razones que sería largo de explicar, el CIAM empezó a usar temporalmente un local bastante cercano, aunque ya no como para ir caminando. Así que mi mamá iba en bus, lo tomaba en la esquina de casa y bajaba en la esquina del local provisional del CIAM. El recorrido le tomaba unos diez minutos.
En una de esas ocasiones en que regresaba a casa después de alguno de sus talleres, se subió al bus con otra señora que también salía del CIAM, aunque de un taller diferente.
Se sentaron juntas y empezaron a conversar. Cada una iba a sus propios talleres, en ninguno coincidían. En el corto trayecto que compartieron, intercambiaron opiniones sobre sus respectivas actividades y conversaron sobre diversas cosas. Lo que se puede decir en un trayecto tan breve.
Al final, mi mamá le pidió el número de teléfono a su interlocutora. La llamó en ese momento, y así cada una guardó el contacto.
Desde ahí, se comunicaban por la aplicación de mensajería instantánea del telefonito verde. Se enviaban videos, memes, poemas, saludos. Siempre por ahí. Nunca más se vieron cara a cara.
El otro día prendí el celular de mi mamá para sacar un número que ella tenía. Y fue así que encontré un mensaje de su amiga del CIAM. Le escribí, la sorprendí con la noticia y entonces entendió la razón del repentino silencio.
Gracias, Maritza, por todo.

lunes, 6 de octubre de 2025

Caminata dominical

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Un domingo cualquiera debes llegar a un sitio querido y conocido. Es un trecho algo largo, pero ya lo has hecho antes. Sabes que te tomará algo más de una hora.
No has avanzado ni una cuadra y ves a dos grupos de ciclistas que van en sentido contrario. Un segundo después, un error de cálculo, un ruido estrepitoso. Te volteas y ves a un ciclista caído, los demás lo ayudan.
Un poco más allá, un perrito empieza a caminar a tu lado. Tiene un chaleco que lo nombra agente canino. Lo tienes a tu lado un largo trecho. Parece solo, seguro está perdido, piensas. En un momento, se desvía y entra a una tienda. Lo píerdes de vista. Pocos metros más allá, te encuentras con un policía municipal, le cuentas del perrito, le indicas la tienda en la que entró. Sigues tu camino con la esperanza de que el perrito también encuentre su camino.
Cruzas dos avenidas transitadas sin problema. Es domingo, piensas, mañana no será tan fácil, y sigues avanzando.
Ya vas casi a mitad de camino y en sentido contrario pasa una pequeña motocicleta que lleva a bordo a un muchacho. Al pasar a tu lado, te sonríe y saluda con un gesto de la mano. Devuelves el saludo. Sientes que es la sonrisa de quien ahora siempre te acompaña a donde vayas.
Paras un momento en una heladería que acabas de descubrir. Pides probar un sabor novedoso, pero al final te decides por uno más tradicional. Acabas tu helado en lo que demoras en caminar tres cuadras. Pronto irás con una persona querida, es una promesa que pronto podrás cumplir.
Cruzas otra avenida transitada, pero esta vez el semáforo te hace esperar largo rato. Paciencia, ya llegará la luz verde.
Ya falta poco para llegar. Haces una última parada para comprar un encargo.
Finalmente, llegas a tu destino. Sonrientes caritas queridas te reciben y te preguntan qué sabor de helado probaste esta vez.

domingo, 15 de junio de 2025

El hombre que hablaba poco

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Tenía 21 años, un oficio y tal vez muchos sueños.
Un tiempo antes, su hermano mayor había viajado a un país lejano y desconocido. Ahora, el hermano le proponía ir a ese país lejano y desconocido a trabajar.
Así que, a los 21 años, metió sus posesiones a una maleta y con sus sueños a cuestas partió por mar. Se despidió de su madre, que se quedó en la puerta de la casa familiar viendo partir a otro hijo. Probablemente, fue una despedida con pocas palabras, tal vez a sus 21 años ya era el hombre que hablaba poco que fue más adelante.
Él volteó muchas veces, y la madre seguía en la puerta, quién sabe si con el corazón con el puño o conteniendo las lágrimas, o ambos. Otro hijo se iba al otro lado del océano. Al llegar al punto en el que debía voltear, giró una vez más para ver a su madre, que seguía en la puerta. Levantó la mano en señal de despedida.
Fue la última vez que se vieron.
Abordó un barco en un puerto del que no quedó registro. Atravesó el océano, llegó a la desembocadura del río más largo y más caudaloso del mundo. Lo navegó a contracorriente y después de quién sabe cuántos días, por fin llegó a esa ciudad amazónica donde lo esperaba su hermano.
Los hermanos empezaron a trabajar juntos en el oficio familiar. Participaron en la construcción de diversos edificios en la ciudad, siempre juntos. Debieron enfrentar un revés económico, del que no vale la pena hablar.
A esas alturas, ya tenía una familia propia. Llegó a tener siete hijos. Siempre siguió en contacto con la familia en su tierra natal.
En algún momento, lo contrataron en una ciudad más pequeña, a donde fue solo, sin el hermano mayor. Unos sacerdotes de la ciudad pequeña le encargaron hacer la iglesia local. Y por un tiempo fue de una ciudad a la otra, siempre por río. Con la corriente a la ida, a contracorriente a la vuelta.
Fueron tantos los viajes que ya no supo cuándo viajaba de ida y cuándo de vuelta. Hasta que decidió trasladarse con toda su familia a la ciudad pequeña. En esa ciudad pequeña empezaron a hacerle diversos encargos de construcción. Y fueron tantos los encargos que su nombre estaba por todos lados, en la iglesia, en la plaza, en el colegio de niños, en el colegio de niñas, en la municipalidad, en el hospital y en tantos otros. Tiene su nombre hasta en una calle de la ciudad pequeña.
Andaba con una cinta métrica plegable en el bolsillo, su inseparable herramienta de trabajo.
Tuvo nietos, que lo conocieron y lo recuerdan con infinito cariño.
Tuvo bisnietos, que no lo conocieron, pero que siempre oyeron hablar de él.
Terminó sus días en la ciudad pequeña.
Desde acá, en este Día del Padre, unas líneas dedicadas a mi bisabuelo, José Riera Torra, que nació en Rajadell, Barcelona, España en 1888, y murió en Yurimaguas, Loreto, Perú en 1965, a quien no conocí, pero de quien siempre oí hablar.
Siempre oí hablar del hombre que hablaba poco.

lunes, 12 de mayo de 2025

Punto de encuentro

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Era día de fiesta en el colegio grande. Así que fueron todos, grandes y niños, padres e hijos, a celebrar la fiesta.
Durante horas, los cuatro niños jugaron, entraron y salieron del colegio. Lo conocían bien. Era el colegio del que serían alumnos cuando les llegara el momento.
Así pasaron horas y casi llegó la noche. La fiesta estaba por terminar, pero los niños eran ajenos al tiempo, a la hora. Siguieron entrando y saliendo del colegio sin pensar en nada más que en divertirse.
Finalmente, cuando quisieron entrar una vez más, ya no pudieron. La marea de gente que salía los empujó hacia afuera. Se quedaron juntos, parados y sin saber qué hacer más que esperar. Cuando la marea humana amainó, llegaron al lugar donde habían estado sentados sus padres y sus tíos, y lo encontraron vacío. Y casi no quedaba nadie dentro del colegio.
Quedaron con el miedo en el cuerpo por no saber qué hacer ni a dónde ir.
Salieron del colegio. La gente ya iba subiéndose a sus autos, ya se iban. Y ellos seguían sin saber qué hacer.
Hasta que uno de los niños recordó: "mi papá siempre dice que, si nos perdemos, vayamos al auto a esperarlo, que en algún momento llegará". Vino el debate de a qué auto, al del papá de quién. Y finalmente optaron por el del papá de quien dio la idea.
Juntos los cuatro caminaron hasta llegar al auto y se pararon a su costado. Ya era casi totalmente de noche. Pasó un rato de incertidumbre, el miedo de los niños creía.
De repente, uno de los tíos de la comitiva familiar los encontró. La historia tuvo final feliz.
El sabio consejo del padre fue salvador.

jueves, 10 de abril de 2025

La sonrisa impensada

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Regresé de visita a una ciudad que no es la mía. Estuve ahí dos años antes, todo era nuevo esa vez. En el segundo viaje, recorrí sitios ya conocidos y conocí sitios que no había recorrido.
Uno de los sitios revisitados fue una tienda de barrio que atiende una pareja que visiblemente no es del lugar. "No me gusta comprar ahí", me dijeron hace dos años. Cuando quise saber por qué, la respuesta fue que la dueña no es muy amable, su forma de hablar a veces es agresiva. Que incluso grita molesta a nadie en particular, parece renegar con el aire sin que nadie le responda y sin que nadie le entienda, porque reniega en su idioma. 
"El esposo es otra cosa, es muy amable, sonríe cuando te atiende", me dijeron esa vez.
Lo cierto es que en todas las pequeñas compras que hice, me atendió siempre la mujer, y confirmé lo que me dijeron. Ella se limita a pasar los artículos por su lectora de código de barras y dice la cantidad total. Casi ni contesta el "gracias" que acompaña la compra de prácticamente todos los clientes.
En este nuevo viaje, volví más de una vez a la misma tienda. Por casualidad, o quién sabe qué, siempre me atendió la mujer. Apenas contestaba el saludo, decía la cantidad a cobrar como si estuviera dando órdenes, no contestaba el agradecimiento ni respondía a la despedida.
"Así son sus modos. Atiende a los clientes, cobra, da el vuelto y nada más", concluí, sin darle demasiada importancia al asunto.
La última vez que estuve por ahí, la música de la mujer lo inundaba todo. Ella cantaba feliz, a voz en cuello. Me hubiera encantado saber qué decía la letra, incomprensible para mí, que a la mujer la tenía tan contenta. Casi parecía otra persona, muy diferente a la persona habitual, siempre con el ceño adusto y que prácticamente no interactúa con nadie.
Mientras escogía los productos, comparaba los precios y convertía mentalmente las cantidades a monedas conocidas, entró un grupo de muchachos. Eran cuatro o cinco adolescentes que entraron haciéndose bromas entre ellos. Al darse cuenta de la música, comenzaron a imitar los sonidos, a bailar toscamente, a improvisar una coreografía que por mala era muy graciosa.
"Van a quitarle la alegría a la mujer", pensé. "No creo que le guste ver ese espectáculo con esta música que, evidentemente, a ella le gusta tanto".
En eso, ocurrió algo inesperado. Sin salir del espacio desde donde cobra a los clientes, la mujer empezó a moverse al son de los muchachos, cantando más fuerte. Ellos empezaron a imitar los sonidos mientras seguían bailando torpemente y riendo entre ellos.
Todos reían, felices. Hasta yo me descubrí riendo ante una escena impensada momentos antes.
Bailando y cantando, la mujer les cobró las cosas que los chicos pusieron delante de ella. En cuestión de segundos, la transacción se completó.
Los chicos se fueron con su contagiante alegría. La mujer se quedó contagiada de alegría y, por una vez, me contestó con un "hasta luego" cuando me despedí al salir de la tienda.

jueves, 27 de marzo de 2025

Imagínate...

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Imagínate que tienes más de 20 años viendo una serie televisiva que viene de un país al otro lado del continente y al otro lado del océano, una serie que te cuenta cómo pasó y que prácticamente nadie conoce y menos ve, salvo las personas de tu entorno a quienes casi has obligado a ver.
Imagínate que tienes la suerte de ir de visita a ese país al otro lado del continente y al otro lado del océano de donde viene esa serie televisiva que viste más de 20 años.
Imagínate que un día vas caminando en la capital de ese país en el que estás de visita junto a la compañía perfecta por una pequeña calle dedicada a un famoso escritor de cuyo nombre no quiero acordarme.
Imagínate que a tu lado se detiene un auto al que sube una chica en la que casi no reparas, y que ni bien sube el auto, pide disculpas al chofer, pues debe regresar a la casa de donde salió porque "se olvidó el móvil".
Imagínate que reconoces la voz de la chica, que volteas a verla y crees que es una de las tantas caras que desfilaron por esa serie televisiva que viste durante más de 20 años.
Imagínate que se lo comentas a tu perfecta compañía, quien te alienta a decirle algo: "no tienes nada que perder", te exhortó.
Imagínate que lo piensas medio segundo y resuelves que si no te acercas a la chica cuya voz reconociste vas a arrepentirte por mucho tiempo.
Imagínate que te acercas a la chica y le preguntas si es quien crees que es.
Imagínate que te mira con ojos de curiosidad y que con voz confundida te dice "sí"...
Imagínate que le dices que vienes de un país que queda al otro lado del océano y al otro lado del continente, que viste LA serie durante más de 20 años y que la reconociste por su voz.
Imagínate que te mira con sorpresa, y con una sonrisa enorme te dice "mucho gusto", te extiende los brazos, te recibe un beso y que, por la diferencia de costumbres, no le das la mejilla para el segundo beso que es habitual en ese país que queda al otro lado del océano y al otro lado del continente.
Imagínate que ni tú ni la compañía perfecta atinan a pedirle una foto, pero que no te importa porque acabas de vivir un momento que duró un instante y te acompañará toda la vida.
Imagínate...

lunes, 24 de marzo de 2025

Querido blog

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Querido blog:
Te he tenido un poco relegado, lo reconozco. Digo relegado y no olvidado, porque te tenía presente a cada momento. Sería fácil usar la excusa de "no he tenido tiempo", pero eso no es cierto. Siempre podemos hacer un espacio para las cosas importantes.
Reconozco que tampoco he visitado los blogs amigos desde hace algún tiempo, pero tampoco los he olvidado. Ya me verán volver.
Lo bueno es que esta pausa ha servido para juntar más historias, que irán llegando en su momento.
Gracias, blog, por seguir aquí.

jueves, 7 de noviembre de 2024

Y siguió con un concierto

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Esta no es una historia que empezó sin documentos y que no se sabría cómo  seguiría.
Esta no es la historia de una propuesta que llegó un domingo en la noche. "Tal vez ya es tiempo de pensar en un concierto".
Esta no es la historia de cómo descartaste la idea por loca, por impracticable.
Esta no es la historia de cómo un lunes por la mañana dijiste: ¿por qué no? Y claro, las cosas hay que hacerlas porque sí.
Esta no es la historia de cómo buscaste si había una lista de conciertos y si es que en esa lista de conciertos estaba tu ciudad.
Esta no es la historia de la búsqueda que hiciste en el sitio web con la lista de los conciertos, en la que buscaste tu ciudad. No, no estaba. Los nombres que encontraste te remitían al otro lado del charco. La idea volvía a ser loca e impracticable.
Esta no es la historia de cómo, al deslizarte por la lista, lograste ver una ciudad de un país vecino y pensaste "entonces, también está la capital". Y estaba.
Esta no es la historia de cómo encontraste la compañía perfecta para ese viaje que 48 horas antes habías descartado por ser una idea loca e impracticable.
Esta no es la historia de una compra de entradas para un concierto que se hizo gracias a la intervención de amigos de amigos, cuya intervención agradeces.
Esta no es la historia de cómo, ya con las entradas en la mano, pasaste a buscar pasajes y alojamiento, nuevamente con ayuda de amigos a quienes no ves hace tiempo.
Esta no es la historia de un viaje de noche, ni de una llegada muy temprano, una mañana de viernes, exactamente diez años después de la última vez que viajaste a esa ciudad, en una extraña travesura del calendario.
Esta no es la historia del frío que sentiste al llegar, ni de cómo cuando alguien dijo "hace frío", "y estoy lejos de casa" pensaste casi por reflejo, como piensas siempre. Nunca mejor dicho ni más apropiado que esa vez.
Esta no es la historia de cómo llegaste al lugar del concierto aparentemente demasiado temprano, ni de cómo, a los cinco minutos de haber llegado, abrieron la puerta y pudiste sentarte en primera fila, sin cabezas inoportunas que te taparan el espectáculo.
Esta no es la historia de cómo el concierto empezó puntualmente, ni de cómo el público aplaudió a rabiar cuando las luces del escenario se prendieron.
Esta no es la historia de cómo el público cantó todas las canciones, al punto que el cantante simplemente dejó de cantar en más de una ocasión para agradecer al público con gesto emocionado. Sí, todavía tiene la capacidad de emocionarse, pese a que crees que esto pasa en todos sus conciertos.
Esta no es la historia de un viaje de ida y vuelta, ni de un concierto, ni de una experiencia única (que espero que no sea la única) que empezó con una propuesta que llegó un domingo en la noche.
Entonces, ¿de qué es esta historia? Ni yo lo sé. Lo único que sé es que estoy disfrutando mucho el momento.

viernes, 30 de agosto de 2024

Todo empezó sin documentos

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Conocías la canción desde hacía tiempo, la tarareabas sin gran esfuerzo, aunque nunca habías prestado atención a la letra. Pero ese día, una frase destacó "porque buscando tu sonrisa estaría toda mi vida", rematada con un "porque sí" tres veces seguidas. "Porque sí", como debería ser todo en la vida, sin explicaciones, sin motivos. Simplemente, porque sí.
Sabes que es una canción de un cantante argentino. No sabes bien de cuál, todos son buenísimos y lo que te importa en ese momento es disfrutarla.
Buscas el video en EL sitio de videos en línea. A partir de ahí, cada día, al prender la computadora, buscas el video y lo reproduces. Es casi un ritual, dejas que suene la canción y el día queda listo para empezar. Al cabo de un tiempo, ya no tienes que buscar el video, aparece en el primer lugar de la lista de sugerencias. Es más, ya hay una lista de otras canciones del mismo cantante, en grupo y como solista.
Un día, por distracción o quizás adrede, no cortas la reproducción tras ese primer video y empieza la segunda canción de esa lista, que también tarareabas sin prestar atención. Y descubres que tiene una frase que te atrapa, "no se puede cambiar de corazón como de camisa sin perder la sonrisa".
Ya no hay vuelta atrás. La lista de videos ya creció, no son dos ni tres, son cerca de 20, y más también. Salvo el primero, cada día los siguientes van cambiando. Y cada día descubres letras nuevas que quedan sonando en tu cabeza todo el día: "no sé lo que quiero, pero sé lo que no quiero".
Creo que todos nos hemos sentido así alguna vez.
Cuando cuentas de este "descubrimiento", todos se extrañan. Hasta te llegan a decir que no vayas a sacarle la vuelta a ese cantante mexicano que todos saben que te encanta. Claro que no, dices, tiene una voz espectacular, pero no compone. Este otro sí.
No le encuentras explicación, y no te importa. Te gusta porque sí, porque sí, porque sí.
¿Qué sigue? Ojalá un concierto. ¿Quién sabe? Mientras tanto, a seguir descubriendo letras hermosas gracias al algoritmo.

viernes, 2 de agosto de 2024

El taxi "maligno"

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Hace un tiempo, después de una reunión de amigos, me dispuse a pedir un taxi para regresar a casa.
Abrí el aplicativo que uso siempre con ese fin, anoté la dirección del sitio en el que estaba y la dirección de destino, o sea, mi casa.
Al cabo de un momento, llega el aviso de que "mi taxi está en camino", con los datos del nombre del chofer, la placa, marca y modelo del auto.
Al ver el número de la placa del auto que venía a recogerme, durante medio segundo tuve que contener la tentación de cancelar el pedido. El número era 666. Después pensé que era una tontería y simplemente esperé que llegara el auto.
Cuando el aplicativo me anunció la llegada del taxi, salí y me recibió un auto perfecto. Al entrar, el olor a nuevo era palpable. Todo brillaba de nuevo, de limpio. 
Y así se lo dije al chofer, que se rio y me contó, con tono de puro orgullo, que hacía dos meses había retirado su auto de la tienda. Que le había tomado más de dos años de ahorros, pero que por fin manejaba un auto propio. Que se esforzaba por tenerlo limpio y que esperaba que el olor a nuevo le durara mucho tiempo.
- Lo único malo es la placa. Al comienzo pensé que era mala señal, pero no, hasta ahora todo ha sido bueno, me confesó.
Dudé si contarle mi primera reacción al ver la placa, pero al final se lo conté. Y volvió a reír. "No es la primera pasajera que me dice eso", me contó en tono de confidencia. Y recordó algunas anécdotas en ese sentido.
Conversando y riendo, llegamos a mi destino, y así acabó un viaje muy divertido que casi cancelé antes de que empezara.

sábado, 6 de julio de 2024

Gesto solidario

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Últimamente, Laura, vivía pendiente de su madre, que estaba enferma. Iba a verla tantas veces como podía, la llamaba por teléfono todos los días y pedía a quienes vivían con su mamá que le contaran de cualquier novedad. Cualquiera.
Hasta que llegó una llamada de casa de su madre: la señora quería comer algo típico de un lugar en el que había vivido en sus días de recién casada. Ese día se celebraba al santo patrón de ese lugar, y era motivo para una comida más que especial.
Laura se quedó de piedra. ¿Dónde conseguiría esa comida tan típica, tan especial?
Se serenó y empezó a buscar una solución. Y se acordó de que en la empresa en la que trabajaba había alguien que era de ese sitio donde había vivido su madre. Fue a buscarla en ese momento, aunque no sabía exactamente qué decirle.
Fue donde la compañera de trabajo, le contó la situación de su madre y le preguntó si sabía dónde comprar la comida. "Seguro tú sabes", le dijo, con una risita nerviosa.
"Voy a hacer algo mejor", le contestó la compañera sonriendo mientras agarraba el teléfono. Laura la vio hablar con alguien y dar unas indicaciones, y luego colgó.
"En mi casa han preparado lo que tu mamá quiere. Ya sabes, hoy es un día importante en mi tierra, y en casa esa es la comida obligada en esta fecha. Toma mi dirección, está esperando un paquetito para tu mamá", dijo la compañera de trabajo, mientras le entregaba un papel con la dirección e indicaciones de cómo llegar.
Sin saber cómo agradecer tan tremendo gesto proveniente de casi una desconocida, Laura abrazó a la mujer. Fue directo a llamar a su casa.
Más tarde supo que su mamá comió feliz su comida deseada.
Años después, muchos años después, se encontró casualmente con esa compañera de trabajo. Recordó el momento, recordó lo feliz que la recibió su mamá ese día y su reacción cuando le contó ese pequeño milagro. Se acercó a la ya excompañera de trabajo, la saludó y le hizo acordar de ese día, que en su familia fue tan especial.
Le agradeció una vez más: "no te imaginas lo que tu gesto significó para mi mamá, para toda la familia. Estuvo feliz en medio de sus malestares".
¡Que ruede la cadena de solidaridad y favores!

domingo, 16 de junio de 2024

Todos los días, a la misma hora

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Cuando pasas por el mismo sitio todos los días a la misma hora, te encuentras con la misma gente.
Por ejemplo, está el señor alto, muy alto que siempre va de manga larga y pantalón corto, haga frío o haga calor. Lleva siempre una mochila de la que sobresale una raqueta de tenis. Se saludan cuando se cruzan y cada quien sigue su camino.
Está también la muchacha que pasea perros. Es admirable cómo logra dominar hasta seis perros a la vez. Y más admirable el cariño con que les habla y la sonrisa que la ilumina a cada paso. Se nota cuando alguien adora lo que hace.
Vienen también los dos señores canosos, que deben tener más de 70 calendarios encima, que te preguntan por la instructora de zumba, a quien llaman con el nombre de una famosa cantante colombiana.
Más allá ves a la escolar que, mochila al hombro, espera el bus que la llevará al colegio. Por el color del uniforme, sabes que es un colegio que no está muy lejos de ahí.
A algunos los reconoces por sus perros, como el dueño del beagle que te saluda aunque esté en la vereda del frente. Tal vez no sabrías quién es si la mascota no estuviera a su lado.
Te llama la atención el muchacho de elegante terno que espera todos los días al lado del semáforo a alguien que pasa a recogerlo, presumiblemente para ir a trabajar. Es muy puntual, quien lo recoge no lo es tanto.
Ocasionalmente, ves al señor que camina con leve cojera, pero decidido. Y a la señora que camina con un rosario en la mano y sonriéndole a todos.
Así es cuando pasas por el mismo sitio todos los días a la misma hora.

miércoles, 29 de mayo de 2024

El tintineo

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La mujer estaba sola en casa. Todos habían salido, pero ella prefirió quedarse viendo una película y disfrutar de la compañía del silencio.
Se preparó algo de comer y decidió acompañarlo con una copa de vino. Llevó todo al salón, donde estaba en televisor gigante del que nunca podía disfrutar por vivir complaciendo a todo el mundo y postergando su comodidad. Pero esa noche decidió que ella era la prioridad. La oportunidad era perfecta, con el esposo de viaje, despachó a todo el mundo, ya fuera al cine, a la casa de los abuelos, a donde alguna amiga.
Salió de la cocina con una fuente en la que puso una delicia recién preparada y una copa de vino. Se sirvió una porción generosa, no quería levantarse de su cómodo asiento.
Escogió la película, una que le habían recomendado mucho. Y a los pocos minutos  de haber empezado a verla, supo que no se había equivocado. Estaba interesadísima.
De repente sintió un sonido metálico o algo parecido, como cuando algo choca con vidrio. Miró a su alrededor, intentó descubrir qué había sido. Muy a su pesar, paró la película para ver qué pasaba, qué se había caído, qué se había roto.
No encontró nada, así que llegó a la conclusión de que algo había golpeado la ventana por afuera. Pero ese sonido lo sintió tan cercano, tan particular. No quedó convencida del todo.
Reinició la película a la vez que levantó la copa de vino para dar un sorbo. Y sintió que algo le mojaba la manga.
Dio un salto de susto. Al mirar de dónde salía el líquido, vio que la copa se había partido perfectamente en dos con un corte horizontal.
"¡Ese fue el sonido! La copa se rompió de lado a lado", se dijo, entre asombrada y asustada.
Hasta hoy no sabe qué hizo que la copa se partiera así. Y tampoco sabe en qué acababa la película, nunca más intentó verla.

¡Estamos de vuelta!


miércoles, 20 de diciembre de 2023

El nacimiento

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La niña vio la imagen en la revista. "Haz tu nacimiento en casa", o algo así era el título. Vio el nacimiento, le gustó y decidió probar.
Hizo un cono hueco con cartulina, le cortó la punta y lo rellenó con papel periódico. Como base, usó otro trozo de cartulina para darle estabilidad.
Luego tomó un trozo de tela marrón y le dio la forma de vestimenta que buscaba. A un trozo de tela rosada, le cosió hilo marrón grueso que quedó como bigote y barba del hombre. Una tela colorida sirvió como turbante y le dio un toque brillante con una cinta dorada. Con otros trozos de tela rosada formó dos manos.
San José quedó listo.
Repitió el cono hueco y también lo rellenó con papel periódico viejo.  Tomó tela ploma y le dio forma de vestido. Usó tela blanca para el velo e hilo en dos tonos de marrón para el pelo. Formó otro par de manos y una cara con toque femenino.
La virgen María quedó lista también.
Para el niño, preparó una camita con tela blanca rellena de algodón. Cosió flecos dorados a manera de flecos. Preparó la carita del bebé y lo fijó en su lugar.
El niño Jesús también quedó listo.
La Sagrada Familia estaba completa gracias al arte que una niña de nueve años infinitamente admirable tenía en las manos. Y que sigue teniendo. Y que sigue siendo infinitamente admirable.
Acá está la maravilla

¡Feliz Navidad!

lunes, 20 de noviembre de 2023

Y van 16...

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Y casi sin pensarlo, Seis de enero llegó a los 16 años. Todavía recuerdo las dudas antes de publicar la primera entrada.

Acá estamos, 16 años después, ya sin dudas.

Este último año han sido pocas las publicaciones, pero han sido. Y por ahora, puedo decir que seguirán. Gracias a quienes siguen leyendo.

martes, 31 de octubre de 2023

El tronco

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Hace algunos días, cuando salía a mi caminata diaria. A una cuadra de mi casa, vi un tronco apoyado contra un árbol de los muchos que hay por estas calles.
Inmediatamente, pensé en mis amigas de Retro y con encanto: "ellas sabrían qué hacer con este tronco". Y ahí decidí llevármelo a la casa a mi vuelta.
Regresé por otro camino y olvidé el tranco.Tres días después, pasé de nuevo por el mismo lugar. El tronco seguía ahí y recordé que había pensado llevármelo. Entonces me dije: "hoy sí me lo llevo". Lo creí fácil, mi idea era tomarlo al vuelo y llevarlo a casa.
Estiré la mano y me di con la sorpresa de que el tronco era mucho más pesado de lo que parecía. Lo levanté y caminé la cuadra que me separaba de mi casa. Lo dejé en el lavadero, con la idea de darle un baño antes de pensar qué uso darle.
Por una casualidad, un electricista fue a mi casa a hacer un arreglo rápido. Vio el tronco y me dijo: "está bonito, ¿en qué lo van a usar?
Lo cierto es que hasta ahora no lo sé, acepto sugerencias.







sábado, 30 de septiembre de 2023

Cuestión de sugestión

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La mujer estaba haciendo sus compras un sábado cualquiera y en un recorrido por la sección de congelados vio algo que le llamó la atención: paquetes de pulpa de fruta congelada de varios sabores. Leyó las instrucciones: descongelar, mezclar con agua, agregar azúcar al gusto y licuar.

Compró dos paquetes de fresa para su casa. "Les va a encantar", pensó. Descongeló un paquete para el almuerzo de ese día. Siguió las instrucciones del paquete, pero agregó edulcorante en vez de azúcar.

Ya en la mesa, al ver la novedad en la mesa, todos se apresuraron a probarlo. A su esposo y sus hijos menores les encanto, pero el mayor tenía expresión escéptica. "Tiene un sabor raro", dijo. "Lo endulcé con edulcorante", le contó la mujer. Y el muchacho contestó que ese era el sabor raro, y ya no quiso tomar más.

Dejó su vaso a un lado sin decir nada más.

Al día siguiente preparó el otro paquete. Lo preparó exactamente igual, edulcorante incluido, Pero no iba a decir nada cuando le preguntaran.

De nuevo en la mesa para el almuerzo, el esposo y los hijos menores recibieron con alegría que se repitiera el jugo de fresa del día anterior. El hijo mayor miró la jarra con curiosidad,

Ya casi al terminar el almuerzo, el muchacho preguntó "¿hoy también lo hiciste con edulcorante?". Ella sabía que la curiosidad ganaría.

"Claro que no, hoy lo hice con azúcar", contestó mientras tomaba un sorbo del líquido rojo y en sus ojos hubo un brillo que nadie percibió.

El muchacho probó con cautela, hizo un gesto de agrado y se tomó el resto de un sorbo. "Ahora sí está muy rico, mamá. Compra siempre esta marca".

Ella terminó de beber su jugo, sirvió un poco más a todos mientras sonreía triunfal.

El blog regresa después de varias semanas de silencio. Gracias a quienes me preguntaron si lo iba a continuar o no. Seis de enero está de vuelta.

jueves, 13 de julio de 2023

Vuela alto, Libertad

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Te veíamos llegar desde lejos. Te delataban la bicicleta y los colores vivos de tu ropa y tu casco. "Es obligatorio para ciclistas", nos decías.
Cuando aparecerías se desataba la alegría. Ya sabíamos que esa mañana de zumba tendríamos a quién seguir los pasos. Le ponías una energía increíble a la música, parecías incansable.
Nos generaba una admiración increíble saber la distancia que recorrías las mañanas que llegabas al faro a una nueva sesión de zumba. De San Miguel a Miraflores y de vuelta, después de una hora de baile sin pausa. Diez kilómetros de ida, diez kilómetros de vuelta. De sacarse el sombrero.
Por eso entendíamos que tus visitas fueran esporádicas. Y la alegría que nos contagiabas era siempre bien recibida.
Hablo de ti en pasado, pero te tengo presente, siempre con esa sonrisa tan tuya. También te tiene presente todo ese grupo zumbero al que tan bien y tan rápido te integraste.
¡Vuela alto, Libertad!

domingo, 4 de junio de 2023

Venta de garaje

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Hace pocos días fui por primera vez a una venta de garaje. Caminaba por una calle de vuelta a casa y vi el cartel. Movida por la curiosidad y con pocas expectativas, entré.
Me recibió una señora muy amable, que me invitó a entrar y mirar todo "sin compromiso". A su lado había un perrito curioso que, inmediatamente, empezó a seguirme.
Había artículos diversos, cosas de cocina, libros. Miré sin mucha atención. Por ahí vi un jarrito de metal con tapa, ideal para mantener las bebidas calientes. El precio estaba en una etiquetita, S/2.00 (poco más de medio dólar).
La separé a un lado.
Al fondo había colgado algo de ropa. Me acerqué, siempre sin expectativas. De repente, vi una casaca/campera/chaqueta/cazadora/chamarra azul. Fue amor a primera vista. El precio, S/10 (casi tres dólares). Eso solamente ratificó el flechazo.
- ¿Me la puedo probar?
- Claro.
Una vez puesta, la noté a mi medida. Busqué un espejo, pero la decisión ya estaba tomada.
La señora sacó la cuenta, y cuando estaba pagando los S/12 del total, entró otra compradora. Se fue directo al fondo, a la ropa y casi de inmediato volteó a preguntar: "señora, ¿la casaca azul que estaba acá?".
Señalándome, la señora dijo "la acabo de vender".
Ya imaginan la cara de decepción. Literalmente, gané por puesta de mano.