![]() |
| En su versión más económica, este seguro no cubre absolutamente nada. |
Dicen que es mejor tener un seguro y no necesitarlo que necesitar un seguro y no tenerlo. Eso hace que simplemente todas las empresas aseguradoras sin excepción abusen y pasen todos los límites.
Hace algunas semanas, una persona muy cercana a mí recibió los documentos relativos a la renovación de un seguro oncológico que tiene contratado hace años y que ojalá nunca necesite. No pongo el nombre de la aseguradora solamente porque quien me contó la historia así me lo pidió.
Grande, enorme fue su sorpresa cuando vio que el monto que debía pagar era casi 30% mayor al del año anterior. Pero el colmo máximo fue cuando vio el cuadro comparativo de los diferentes programas de cobertura que ofrece este seguro. Su seguro de toda la vida era la modalidad más barata, porque siempre fue la que más le convenía por una serie de razones, y nunca tuvo motivos de queja.
Esta vez, sin embargo, vio que la columna que corresponde a su programa NO CUBRE NADA. Tal como se ve en la imagen que encabeza esta entrada, el programa que hubiera sido el elegido no sirve para absolutamente nada. Para los asegurados, claro, porque para la aseguradora sirve para forrarse los bolsillos sin tener la mínima obligación de reembolsar ni atender al asegurado ni retribuirlo de manera alguna.
Cuando vi este papel, mi indignación fue mayúscula. Mi primera reacción fue llamar a la propia aseguradora para decirles que su propuesta de renovación era una completa estafa, que pedían un cobro a cambio de nada. El hombre que me contestó el teléfono solamente me repetía como maquinita que para tener un plan con cobertura debería contratarse el programa ubicado en la segunda columna, cuya cobertura es de 100% en algunos casos y 70% en la gran mayoría. El plan que no cubre nada cuesta de S/2,100 (cerca de 650 dólares estadounidenses), el inmediato siguiente cuenta S/2,800 (cerca de 850 dólares).
Hubiera sido mejor que el hombre no me contestara nada, porque mi indignación se triplicó. "¿Por qué no dicen claramente que la escala económica ya no existe y que TODOS deben pasar a la inmediata siguiente?", dije sin dar ocasión a obtener repuesta, en inmediatamente seguí: "Lo dicen con una letrita mínima que ni se lee. Esto está hecho para que las personas renueven sin darse cuenta del engaño".
¿Se imaginan regalarle un solo centavo a la aseguradora? Porque eso termina siendo, una donación.
Después llamé a la entidad encargada de defender los derechos de los consumidores, y la expuse todo el caso al amable funcionario que me contestó. Me dijo que, si bien era una actitud indignante, no se podía calificar como engaño porque la empresa estaba informando de todo a sus clientes, tanto así que yo había podido darme cuenta de las nuevas condiciones.
Han pasado varios días, mi indignación no ha disminuido ni un poquito. Al contrario, regresa cada vez que me acuerdo de esto. Mientras tanto, la persona asegurada no sabe qué hacer.
Francamente, las empresas aseguradoras son un negocio más que seguro (para las propias empresas, claro) y la ley que las rige parece ser la ley del embudo.


















