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Todo se desarrollaba normalmente en el salón de estudios. En las filas de ordenadas carpetas se sentaban las alumnas de dos en dos. Una hermana religiosa, instalada al frente, cuidaba y vigilaba a las estudiantes que, en absoluto silencio, preparaban sus tareas para el día siguiente. Ellas estudiaban internas en el colegio ubicado en una ciudad del Oriente peruano, y ésta era la última actividad del día antes de ir a dormir.
El salón estaba ubicado en una esquina del edificio y sus altas ventanas estaban siempre abiertas para recibir el fresco de la noche, en el caluroso y eterno verano tropical. Desde allí, las alumnas escuchaban las voces y sonidos que venían de la calle, y estaban tan acostumbradas que ya ni prestaban atención a esos sonidos.
La noche avanzaba normalmente, cuando de pronto se inició la hecatombe, comenzó el maremágnum, se desató la histeria colectiva. Todo comenzó cuando una alumna vio caer algo de la ventana que daba a la calle, y gritó "una víbora!". Nadie sabía bien qué pasaba, pero del fondo del salón las alumnas salieron despavoridas de sus asientos, arrastrando a su paso carpetas y libros, empujando a otras compañeras, mientras corrían y gritaban, para alcanzar la puerta y salir del salón.
Más de una alumna cayó de su silla y recibió algunos pisotones antes de poder levantarse. Una de ellas, en lugar de ponerse a salvo, buscaba a su hermana menor entre las caídas, cuando finalmente la vio ya muy cerca de la puerta. Solo ahí salió también con el tumulto. Sin embargo, a pesar de todo el griterío y laberinto, no hubo lesiones ni contusiones graves. El salón de estudios quedó en completo desorden hasta el día siguiente. Al hacer la limpieza, encontraron una cáscara de plátano al lado de la ventana.
Pero todo ese griterío y ruido del salón se escuchó también en la calle. Nadie sabía qué pasaba y comenzaron las averiguaciones. Al día siguiente, el periódico de la ciudad publicó en primera plana: "Falsa alarma de víbora causa tremendo alboroto entre colegialas".
El suceso quedó grabado para siempre en la memoria de todas esas alumnas que, años después, cada vez que se juntan para alguna celebración, recuerdan entre risas el incidente.







