jueves, 13 de noviembre de 2008

El ventilador asesino y otros miedos atávicos

Hace algunas semanas, encontré en Global Voices Online un post de la autora coreana Hyejin Kim que llamó mi antención, por lo que procedí a traducirlo: 'Muerte por ventilador y lo que crees'. Debajo reproduzco una parte:


Hay un mito que ha pasado de generación en generación en Corea. La “muerte por ventilador”. Si te duermes con un ventilador [prendido] en un cuarto hermético, puedes morir. Cuando era niña, los adultos que me rodeaban siempre me advertían que no debía cerrar la puerta y dejar el ventilador prendido mientras dormía porque podría morir. Es como una historia de terror de verano. A veces en el verano los periódicos informan que alguien murió en una habitación hermética y que había un ventilador prendido cerca de la persona. Cuando crecí, amigos – no coreanos – se burlaban de mi creencia y llegué a dudar de que podría no ser posible.

Wiki mencionó ‘
muerte por ventilador’ como una leyenda urbana que se originó en Corea del Sur, y los bloggers hablan sobre la leyenda.

Pero es difícil borrar aquello que has creído tu vida entera.

Ciertamente, es muy difícil borrar aquello en lo que has creído tu vida entera. Y paso a explicar algunos de las cosas en las que he creído mi vida entera.

La tía Angelita contaba la historia de un hombre que alguna vez tomó ciertas sales digestivas efervescentes, de las que vienen en pastillas que hay que disolver en agua, pero como las tomó antes de que estuvieran totalmente disueltas "en la noche lo estaban velando". Ella lo contaba así, y ya sabemos lo impresionables que son los niños a los cuatro o cinco años, que era la edad que yo tenía.

Muchos años han pasado, mucha agua ha corrido por debajo del puente, pero a mí me sigue dando miedo tomar cualquier tipo de sales digestivas. Cuando mi mamá se enteró de la razón de mi negativa a tomarlas, me contó que la historia real fue que el hombre ni siquiera intentó disolver la pastilla, sino que se la tragó directamente con la idea de que la efervescencia se produciría en su estómago sin tener que esperar, esperar y esperar. Que nada tiene que ver con las otras sales, las que vienen en polvo y que si el polvo queda bien disuelto nada va a pasar. Pero nada. Me sigo negando a tomar toda clase de sales digestivas.

A mediados de los años 70, cuando yo era muy chica, hubo en Lima un terremoto muy fuerte. Lo recuerdo como si lo estuviera viviendo, y en verdad ese no es uno de mis recuerdos más felices de la infancia. Lógicamente, ese terremoto tuvo varias réplicas, y una de ellas empezó en el preciso instante en que yo golpeaba fuertemente la puerta del baño pidiendo a mi querida Cami que saliera a jugar conmigo. En ese momento, sentí que la réplica había sido consecuencia de mi violenta forma de tocar la puerta del baño. Racionalmente, sé que no es así... pero desde entonces no puedo escuchar que golpeen ninguna puerta fuertemente, pues siento inmediatamante el miedo de que todo va a empezar a temblar.

Nunca había oído el mito de la muerte por ventilador, pero entiendo perfectamente que haya coreanos que durante el verano prefieran no dormir con el ventilador prendido y las puertas cerradas. Ni siquiera con el ventilador apagado.

Son sensaciones de las que uno no puede desprenderse. No importa cuántos años tengas, no importa cuánto tiempo haya pasado, no importa que racionalmente sepas que nada va a pasar, no importa lo que otros te digan... es muy difícil borrar aquello en lo que has creído tu vida entera.

Seguramente más de uno tiene creencias como estas, de las que están fuertemente arraigadas en algún lugar del subconsciente, tan profundamente arraigadas que ya ni sabríamos cómo librarnos de ellas, a tal punto que dejamos de hacer algunas cosas de puro miedo.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Contradicciones publicitarias

Debe ser muy difícil relatar una historia creíble que atrape la atención de las personas, que las haga interrumpir lo que sea que estén haciendo para prestarle atención y que además las convenza de comprar sus productos. Todo en unos 30 segundos, a veces incluso menos. Sin contar las horas que demanda la creación, producción, filmación y postproducción de un comercial que aparecerá durante breves instantes en nuestras pantallas o radios. Por lo tanto, no se trata de hacer un apanado virtual a los publicistas, sino solamente a algunas de sus costumbres.

Acá van algunas de esas costumbres.

Es práctica común en algunos comerciales, sobre todo de radio, que sus personajes hablen usando el mismo tonito fingido y extra sobreactuado que usaban el Chavo del 8 y sus adláteres cuando "juegaban". Tenemos ahí las voces que pretenden pasar por amas de casa en una conversación casual y que inician o terminan cada uno de sus intervenciones con la palabra 'vecina', o con risitas falsas. ¿Acaso la gente habla así?

Está también el que le dice a su esposa que 'nuestro hijo' ha enviado un mensaje de texto. ¿No se ajusta más a la verdad decir que 'Fulano' ha enviado un mensaje de texto? Se me ocurren otras maneras algo más sutiles para dar a entender en pocas palabras que quien ha mandado el referido mensaje es hijo del que habla.

Están también los que usan palabras tan rebuscadas que me pregunto si quieren hacerse entender o presumir de su amplio vocabulario. Como el comercial que dice que el producto que promocionan "no es sucedáneo de la leche materna". ¿No sería más fácil decir "este producto no reemplaza a la leche materna"? Además, creo que esta frase alterna se entiende mucho más rápído que la primera.

Hay un comercial tan antipático que me obliga a apagar la radio cada vez que escucho la musiquita que lo identifica (por suerte, creo que ya no lo pasan). Una voz de niño dice: "Ipso facto interpondré las acciones legales que me franquea la ley. [Pausa] Yo quiero ser abogado, para imponer la justicia en mi país". El comercial es de un colegio en el que se vive la universidad, y la campaña tiene varios comerciales diferentes, con términos específicos para diversas profesiones. ¿Creen realmente que los abogados hablamos así? ¿Creen que alguien con dos dedos de frente va a querer que su hijo vaya a un colegio para aprender a ser un revejido al que nadie soporte y al que ningún niño entienda cuando hable con él? Creo que la respuesta es obvia.

Termino mencionando la cascada ininteligible de recomendaciones y advertencias que tienen que tener los comerciales de radio, sobre todo en la publicidad de remedios y los anuncios de premios y sorteos. Dicen todo tan rápido que no se entiende nada, y más que advertencias parecen frases dichas en un lenguaje incomprensible. Es que para que vayan más rápido y agregue la menor cantidad posible de segundos al anuncio, aceleran la voz hasta hacerla llegar a un ritmo que de verdad más parece un murmullo de una multitud antes que recomendaciones y advertencias que deben ser claras para ser efectivas.

Pero para que vean que no todo son quejas, los dejo con dos momentos memorables de la publicidad peruana. Con toda seguridad, mis lectores peruanos recuerdan ambos avisos. Y los no peruanos podrán apreciar algunas muestras de creatividad publicitaria peruana.





------------

Como comentaba off topic en un post previo, ¿alguien me puede explicar por qué la Municipalidad de Miraflores ha cambiado los carteles con los nombres de las calles, esos que se ponen en las esquinas? Sigo sin encontrarle sentido. Insisto en que los nuevos carteles tienen de color de fondo un verde mucho más claro que casi no contrasta con las letras blancas, lo que complica que a cierta distancia se lea el nombre de las calles. Mientras tanto, el estado de las pistas es más que lamentable.

martes, 4 de noviembre de 2008

Ese viejo árbol

Hace algunos días, haciendo una traducción para Global Voices Online en castellano, me encontré con un blog llamado Cuna de la humanidad. El post que yo estaba traduciendo tenía por título ¿Eres de Bahréin?, donde la autora contaba de las ideas preconcebidas que la gente tiene sobre su país. Actualmente está estudiando en Ohio, y a continuación copio un extracto de lo traducido:

A veces temo cuando la gente me pregunta de dónde vengo. No más del 10% de la gente que escucha “Bahréin” como respuesta tiene alguna idea de dónde puede estar ese país, pero esa no es la causa de molestia. Para los que saben que Bahréin está en Golfo Pérsico, hay una cosa que les viene a la mente – riqueza. Algunos podrían preguntar, pero son los que asumen los que más me molestan.

[…]

Entré al blog, y encontré un post que llevaba por título 'Y ese viejo árbol que odiábamos', y que con autorización de la autora, traduzco a continuación:


Ha pasado mucho tiempo desde que escribí. Pero hoy de verdad me siento con ganas de escribir, así que escribiré. Pretendo que este post sea el primero de una serie acerca de mis viajes.

Hace un par de meses fui a Londres
- mi primera visita al Reino Unido desde que me fui en 2006. Cómo me sentía al preparar el viaje era raro realmente: algo parecido a la manera en que me sentía cuando me preparaba para una temporada libre en Bahréin mientras vivía en el Reino Unido, después de todo, un segundo hogar para mí. Lo que es de verdad bizarro acerca de mi conexión emocional con el Reino Unido es que no siempre me sentí así. De hecho, casi lo odié durante mi primer año allá odiaba todo lo que hacía Gran Bretaña a Gran Bretaña. Estaba de mal humor y triste. Todavía no sé o no recuerdo cuándo ocurrió el cambio, pero claramente recuerdo que dejé de luchar contra el sistema en algún momento. Abrí los brazos al interminable verdor de las colinas de Gales - y ellas me devolvieron el abrazo. La sonrisa en las caras de los extraños en las calles de Cardiff, mozos y vendedores imprimían ahora una genuina sonrisa, y había una innegable calma a como me sentía cada día. Ya no odiaba el sol; más bien, un día soleado era razón suficiente para un día grandioso.
- “¿Todo bien, cariño?”
-“Todo bien”.
Todo bien, así me sentía de verdad.

El avión aterrizaba y yo estaba casi segura de que podía ver el Muelle Canary y lo que parecía ser el One Canada Square. En Heathrow, el funcionario de migraciones sonrió y me preguntó si todo estaba bien. Mirando mi
pasaporte, me preguntó cuánto tiempo había estado fuera del Reino Unido. Estaba desconcertada. Luché por mis palabras y luego dije finalmente “un año y medio”. Entonces me di cuenta de que estaba viendo mi permiso de residencia y no mi visa, y que casi a la vez que yo hablaba él notó la fecha de expiración y volteó las páginas de mi pasaporte a mi visa de negocios. Ahora me preguntó qué me trajo hoy al Reino Unido.

Mucha gente me había dicho que me sentiría rara de regresar como
turista a un lugar en el que he vivido. Para nada. Había una extraña sensación de comodidad acerca de conocer mi camino en el aeropuerto, comprar billetes del Heathrow Express a Paddington, y la conversación acerca de la lluvia con el taxista. Mis ojos rozaban las calles de Londres, y los nombres conocidos me trajeron chispazos de recuerdos. Siempre he sido una víctima de la nostalgia, pero no esperaba que la desencadenaría meros nombres en la calle. “Pert-a-manger”, “Tesco Metro”, “Bella Italia”, “Dorothy Perkins”, “Café Uno”, “ La Tasca”, “Café Nero” , “M&S Food”... y la lista sigue.

Tuve suerte con el clima, así que podía disfrutar de una caminata largamente anhelada. La abundancia de ardillas en el Parque
James Park parecía entender de fotografía: posaron para las fotos. Por una recomendación de Bint Battuta, visité Hampstead Heath por primera vez y no lo lamenté en absoluto. Poder echarme en el verde pasto, inhalar el aire fresco y seguir viendo Londres con una gran vista fue magnífico. Mucha gente que conozco piensa que Londres no es precisamente un destino de vacaciones, y podrían tener razón. Salvo que para mí Londres es más que vacaciones.

Fairouz dijo una vez:
Y ese viejo árbol...

El que odiábamos...
Ahora me encanta...
Y lo extraño...
Y te extraño...

Exactamente.

Su referencia a las ardillas que posan para fotos se me hizo conocida.

Tal vez si yo saliera por un largo periodo del sitio que considero mi casa también lo extrañaría todo, desde el cielo limeño nublado y siempre gris, las compras en la bodega de Luz María, las sopas de don Juanito, los anticuchos de doña Lourdes, la fruta de mi casero (cuyo nombre siempre me olvido de preguntar), saludar a Lolo al pasar por delante de su quiosco, la amable atención de las chicas de la farmacia, las combis que pueblan el paisaje limeño, el tráfico caótico de Lima, los gritos de mis vecinitos, las calles cerradas por diversas obras a las que muchas veces no encontramos sentido, los bocinazos de los taxistas... en una palabra, extrañaría todo, incluidos los informes del tráfico que pasan incesantemente en una radio local.

jueves, 30 de octubre de 2008

Recuerdos con una sonrisa

Hoy pensaba en ti. No es que necesite un día especial como el que se viene para pensar en ti, sino que hoy quise contártelo. A estas alturas ya debes saber que estás presente siempre, pero igual quiero compartir contigo algo de lo que viene a mi memoria cuando pienso en ti.

Recuerdo cuando te pasabas horas leyendo el Almanaque Mundial, el del año en que estuviéramos, y que a tu lado descubrí países lejanos con nombres llamativos. Ahora cuando veo esos nombres vuelvo a verme sentada a tu lado en la mesa del comedor de la casa de Garzón. Qué dirías si supieras que en alguno de esos países hay personas leen Seis de enero.

Recuerdo que, como sabedor de todo que eras, siempre me descifrabas los enrevesados hechizos que Endora lanzaba contra el pobre Darrin. Ahora que el cable nos regala estas series de la infancia, cada vez que oigo esos hechizos (que ahora entiendo sin ayuda) te recuerdo una vez más, con una sonrisa.
Recuerdo tu entusiasmo y ese brillo en los ojos cuando descubrías algo, por más simple que fuera, cuando unías las piezas de datos sueltos y llegabas a una conclusión.
Recuerdo la vez que me caí en la calle y me hice una tremenda herida en la rodilla. Para que no llorara ni te pidiera volver a la casa, te las ingeniaste de mil maneras para hacerme reír, y lo lograste pese a todo.
Recuerdo cuando le enseñabas a leer a Kitty, y la vez en que le explicaste cómo era eso de que uno tenía 11 dedos si se empezaba a contar descendentemente desde el diez y se sumaba los cinco de la otra mano: 10, 9, 8, 7, 6 más 5 (de la otra mano) = 11.
Recuerdo la guerra que era levantarte todas las mañanas para que estuvieras listo a la hora de salir al colegio. Y también que cuando nos encontrábamos por los pasadizos tú nunca ignorabas a tu(s) hermana(s) menor(es), como seguramente más de uno habrá hecho alguna vez.
Recuerdo tus llamadas a cualquier hora del día solamente para decir "cuéntame algo", lo que a Kitty y a mí nos causaba fastidio porque casi nunca había nada para contar. Cómo las extraño ahora.
Recuerdo los famosos radioteatros que hacíamos con mi papá primero, y contigo después, sacando las historias de los chistes y usando unas grabadoras que ahora seguramente podría encontrar en tiendas de antigüedades.
Recuerdo que gracias a ti aprendí a ir a todos lados caminando, a veces a más de 20 cuadras de distancia. No solamente lo aprendí, sino que lo sigo haciendo.

Recuerdo cuando llegabas a la casa y a gritos nos pedías que te acompañáramos, con el agregado de "le conviene". Esas dos palabras hacían que Kitty yo dejáramos lo que estuviéramos haciendo para salir corriendo. Realmente, nos convenía.

Recuerdo esa sensación de 'tener un hermano grande' del que me enorgullecía tanto, que me hacía sentir confiada y segura y con el que contaba siempre. Porque a pesar de que podíamos quedarnos roncos peleándonos y gritándonos, los tres nos queríamos (nos queremos) con el alma entera. Esto no lo cambio por nada del mundo.

Recuerdo esos bailecitos que le obligabas a hacer a mi mamá, y esas cargadas que tanto miedo le daban a la tía Angelita. ¿La sigues cargando?

Recuerdo que a veces era casi imposible hablar contigo porque contestabas todo con trozos de canciones, y no sé cómo hacías, pero siempre era la canción adecuada a lo que fuera que tuvieras que decir. No puedo dejar de mencionar una que te encantaba, Color esperanza.

Te recuerdo con una sonrisa, de manera inevitable casi siempre acompañada de una lágrima, "llenecita de preguntas, eso sí".
------------------
Imagen de Google Images