Publico otro relato prestado, esta vez sobre las tareas del colegio, ahora que estamos en inicio de año escolar por estos lares. Quien escribió esto casi no tuvo ayuda en sus tareas de colegio. Aprendió y se convirtió en una persona súper responsable, y además en sus tiempos escolares, todos los años ocupó el primer puesto de su salón. Ahora enseña a universitarios en sus primeros años de carrera. Sabe de lo que habla.
Yo personalmente no entiendo a los profesores que califican con mejores notas los trabajos donde es evidente la mano del padre del alumno. ¿Qué mensaje se les da a los alumnos que trabajaron solos y sin ayuda?
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Para mí el colegio, y me refiero a los primeros años de primaria, es un proceso personal: cada grado trae retos nuevos y el niño los asume, irremediablemente aprende.
Hay que supervisar ese proceso, por cierto, mientras supervisar signifique sembrar las ganas de saber. Pero con la distancia debida. Ni tan lejos ni tan cerca. ¿Cómo, si no, formamos gente responsable y segura? Después, cómo les cuesta la universidad.
Estoy pensando en los adultos que siguen ese proceso de aprendizaje, y me refiero a las tareas de sus hijos, como si fuera propio y lo contagian de ansiedad. También pienso en mis alumnos universitarios, en los que se quedan paralizados cuando ante dos caminos válidos les digo "decídelo tú". Hay que supervisar el aprendizaje de los niños, por cierto, mientras supervisar signifique alentar. Con confianza. No con estrés, no con el miedo de quien piensa: "pobrecito, no va a poder".

Yo personalmente no entiendo a los profesores que califican con mejores notas los trabajos donde es evidente la mano del padre del alumno. ¿Qué mensaje se les da a los alumnos que trabajaron solos y sin ayuda?
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Para mí el colegio, y me refiero a los primeros años de primaria, es un proceso personal: cada grado trae retos nuevos y el niño los asume, irremediablemente aprende.
Hay que supervisar ese proceso, por cierto, mientras supervisar signifique sembrar las ganas de saber. Pero con la distancia debida. Ni tan lejos ni tan cerca. ¿Cómo, si no, formamos gente responsable y segura? Después, cómo les cuesta la universidad.
Estoy pensando en los adultos que siguen ese proceso de aprendizaje, y me refiero a las tareas de sus hijos, como si fuera propio y lo contagian de ansiedad. También pienso en mis alumnos universitarios, en los que se quedan paralizados cuando ante dos caminos válidos les digo "decídelo tú". Hay que supervisar el aprendizaje de los niños, por cierto, mientras supervisar signifique alentar. Con confianza. No con estrés, no con el miedo de quien piensa: "pobrecito, no va a poder".








