martes, 4 de junio de 2013

Un alegre coro


Hace pocos días, caminaba por la avenida Larco. Era una mañana un poco fría y húmeda, de esas que anuncian la inminente llegada del invierno limeño pero que a la vez dejan ver un tímido y ocasional rayo de sol. Parece que los días de sol no se deciden a irse y que los días fríos tiene cierta pereza por instalarse entre nosotros.

Caminaba sin prisa, cosa rara en alguien que por lo general avanza rápido por las calles. De repente, noté que un poco más adelante de mí había unos ruidos conocidos, un ruido agradable que al instante supe qué era y de dónde venía. Era un grupo de niños muy chiquitos, probablemente de un centro preescolar, que caminaban en una nada ordenada fila india. Nada ordenada y por demás bulliciosa. Sus voces se confundían con el ruido del tráfico de esta avenida tan concurrida y transitada.

Estaban separados en tres grupos, de lejos pude calcular unos 15 niños por grupo, encabezado cada uno por una profesora. Otra profesora más iba al final del alegre y diminuto gentío.

En eso, una de las profesoras dijo en voz alta y clara: "Chicos, ¿estamos en Barranco?", a lo que el alegre coro contestó con toda la fuerza de sus pulmones: "¡¡¡NOOO!!!" La profesora repreguntó: "¿Estamos en Chorrillos?", y esta segunda respuesta fue exactamente igual a la primera, pero algunos decibeles más alta. Y la profesora lanzó su tercera pregunta "¿Dónde estamos entonces?", a lo que una multitud de ensordecedoras vocecitas contestó: "¡¡¡En Miraflores!!!"

En eso, noté que uno de los niños tuvo la intención de separarse de la fila y de acercarse a una tienda. La profesora que tenía más cerca corrió a su lado y le dijo: "no, no Daniel, el camino no es por ahí". El niño regresó al buen camino sin decir nada.

Así avanzamos juntos, hasta que me tocó el turno de voltear en una esquina. Los vi alejarse, los oí contestar nuevas preguntas de su profesora hasta que sus voces se perdieron en la distancia. Retrocedí en el tiempo, a cuando mi voz era la que se confundía con tantas otras, en esas caminatas que hacíamos desde el antiguo local escolar de San Isidro hacia el Olivar.

Por coincidencia, Nina publicó fotos de algo similar que vio hace pocos días. Lo de ella fue en Portugal, por lo que parece que hacer caminar a los niños en (nada) ordenadas filas indias es una tendencia universal.

lunes, 27 de mayo de 2013

Otras frases memorables


Otra colección de frases memorables leídas u oídas en cine y televisión.

¿Qué hago cuando no puedo dormir? Me quedo despierto.
Tobin Keller en La intérprete.

En el fondo, es lo mismo de siempre: solo un hombre dispuesto a perderlo todo resulta invulnerable.
Leila Guerriero en Quién quiere ser prestigioso.

¡No te vayas mientras te estoy gritando!
Beatrice Kingdom en Kingdom.

Algo que estaba tratando de recuperar de una vida que perdí y que me persigue desde entonces.
Neal Caffrey en White collar.

Soy el comisionado de policía. Lo sé todo.
Frank Reagan en Blue bloods.

A veces estamos tan obsesionados con los que nos falta que no nos damos cuenta de lo que realmente tenemos.
Antonio Alcántara en Cuéntame cómo pasó.

Quedarte mirando el teléfono no va a hacer que suene. Aprendí eso cuando estaba en secundaria.
Kevin Ryan en Castle.

¿Qué es un fin de semana?
Violet Crawley, condesa viuda de Grantham en Downton Abbey.

Si [el Director] Vance está esperando que Robin Williams entre flotando con un paraguas mágico cantando "Do Re Mi", va a esperar mucho tiempo.
Tony DiNozzo en NCIS.

Estoy tratando de atar cabos sueltos, ya saben, como hacen esos detectives de la televisión.
Thomas Magnum en Magnum P.I.

La razón del tiempo es que todo no ocurra a la vez.
Mozzie en White collar.
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Llegamos al final de la temporada de Cuéntame cómo pasó. Ahora, solamente queda esperar (im)pacientemente el estreno de la próxima.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Otras cosas más que no entiendo


El mundo es ancho y ajeno, tal como dice el título de un libro del escritor peruano Ciro Alegría. Y como ancho y ajeno que es, está lleno de cosas que pasan y sigo sin entender, por más que trato.

No entiendo por qué los anuncios publicitarios de perfumes son todos tan surrealistas, con imágenes que más que mensajes comerciales parecen revelaciones oníricas de los creativos que los conciben y los llevan a la pantalla: mujeres que caminan etéreas, entre bufandas que vuelan y paredes de blancas plantas, hombres que corren sonriendo entre olas rompientes, y hasta creo que sin mojarse. ¿En las clases de publicidad de televisión de las facultades de Ciencias de la Comunicación de este ancho y ajeno mundo hay alguna lección especifica que diga que para vender perfumes hay que hacer comerciales sin lógica?

No entiendo por qué los videos de vigilancia de tiendas, estacionamientos y otros establecimientos son de tan mala calidad que apenas se distingue a la persona que comete la acción que se quiere investigar. Los videos son tan borrosos, granulados e imprecisos que solamente si se conoce bien a la persona se la puede reconocer, y aun así, existen dudas.

No entiendo por qué algunas personas, en su mayoría hombres, ponen la radio de sus autos a todo volumen, al punto que se puede oír y reconocer la música tres cuadras antes y después de que pasen por nuestro lado. Creo firmemente que pasado un cierto nivel de decibeles, hasta el sonido más sublime se puede convertir en ruido insoportable. Eso sin contar con el daño que hacen a sus oídos que, finalmente, es problema  exclusivo de ellos.

No entiendo por qué muchísimas empresas, sobre todo las más grandes, las que tienen plena capacidad de ofrecer todo tipo de incentivos para captar nuevos clientes, no tienen esos mismos o mejores incentivos para lograr que los clientes antiguos no se pasen a otra empresa que presta los mismos servicios. Me parece que la fidelidad que un cliente tiene con el proveedor de un bien o un servicio, muchas veces a pesar de los maltratos, bien merece una recompensa.

lunes, 6 de mayo de 2013

No pues, así no juega Perú

"Así no juega Perú" es una expresión muy conocida por estas latitudes, y se usa para expresar disconformidad con una situación que se considera injusta, en donde supuestamente alguien no ha seguido las reglas.

Exactamente tuve ganas de decir esta frase la noche del último jueves, y no una, sino dos veces ante situaciones que me parecen injustas. Situaciones de ficción, es cierto, pero que de todas maneras me dejaron un muy mal sabor de boca.

Primero fue ver que metieran preso a Carlos Alcántara Fernández de la serie española Cuéntame cómo pasó (no confundir con el comediante peruano que se llama Carlos Alcántara). Quienes como yo ven la serie desde sus inicios, hemos visto a Carlitos (sí, Carlitos) desde que la faltaban los dos dientes de adelante, cuando su papá Antonio lo llevaba sentado en sus hombros, cuando hacía de todo para aprobar el año escolar y cuando dejó los pantalones cortos y pasó a usarlos largos... siempre heredando la ropa vieja de su hermano Toni.

Ojalá su situación se aclare, y se aclare pronto pues, para variar, Carlitos no ha hecho nada. Tal vez su crimen sea haber sido demasiado noble, muy buen amigo. Veremos qué pasa el próximo jueves, en los últimos capítulos de esta temporada.

La segunda vez fue en la escena final del último capítulo emitido de la serie británica Donwnton Abbey. Sospecho que con este episodio termina la temporada, lo que deja una desazón aun mayor a los espectadores.

En la parte final del capítulo, Matthew Crawley estrella su auto deportivo contra un camión que viene en sentido contrario. Matthew, a quien su suegro define como un nice chap (un buen tipo), está feliz, va camino del hospital a la casa de la familia, para contar a todos que ha conocido a su primogénito, nacido el día anterior. Tal vez esa felicidad lo tiene distraído y no ve al camión con el que se estrella.

Hace menos de un año en la trama, Sybill Grantham, la hija menor de los Grantham y cuñada de Matthew, muere al dar a luz a su hija.

¿Para eso se salvó Matthew de morir en las trincheras en la Primera Guerra Mundial? ¿Para morir 15 capítulos después? ¿Qué pretenden los guionistas dejando a dos recién nacidos sin madre a una y sin padre a otro?

Hay demasiadas malas noticias en la vida real como para querer que se trasladen a las series que vemos. No pues, señores guionistas, así no juega Perú.