A propósito del post anterior reproduzco, con el debido permiso, un texto publicado en el ahora lejano 1993. Aprovecho para contarles que la casa ya no parece zona de desalojo gracias a otro maestro que completó lo que el otro dejó de cualquier manera.
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Esta es una historia verdadera. Cualquier semejanza con hechos similares ocurre a cada rato.
Germán soñaba con un mueble modular para colocar sus libros, televisor, VHS, un equipo y algunos adornos. Corría diciembre de 1991 cuando se le presentó un carpintero sin trabajo que le contó su triste historia: esposa enferma y tres hijos sin pan.
Germán se sintió tocado por el espíritu navideño y, como tenía algún billete, decidió encargar el modular de sus sueños al carpintero desocupado, de nombre Abel. Hicieron el trato: de 500 soles quedaron en 300, con un adelanto de 250 soles para compra de materiales, por aquello del alza de los precios. Germán desocupó y pintó su sala y esperó iniciar el nuevo año con su nuevo, moderno y funcional modular.
Pasó un día y otro día, un mes y otro mes pasó, y don Abel no volvía. Desesperado, Germán fue a buscarlo una y otra vez; al principio, don Abel le daba mil pretextos; después, la esposa enferma y los hijos sin pan comenzaron a negarlo y a tratar a Germán con desprecio; finalmente, el propio carpintero desocupado le dio una respuesta insolente: “denúnciame pues”, a sabiendas de que nadie haría un juicio largo y costoso para recuperar 250 soles.
Germán acudió a la Policía, donde lo trataron muy cortésmente, pero le informaron que requerían de una orden judicial para proceder.
Llegamos a febrero de 1993, y los libros de Germán están en una caja, el equipo en una mesita incómoda y los parlantes en el suelo; el televisor y el VHS en la casa de su mamá.
Germán esta pensando en hacerse justicia con sus propias manos, es decir, en convertirse en Caín y golpear con un fierro en la cabeza a Abel. Pero lo hemos convencido de que con eso no ganará nada y sólo conseguirá ver el sol a cuadritos. Al verlo tan descorazonado, hemos pensado en hacer una colecta o una función de beneficio pro modular.
Pero la pregunta es ¿qué hacer? ¿Podrá alguna vez Germán recuperar su dinero? ¿Tendrá alguna vez su modular? Esperamos sugerencias.
Expreso, 6 de marzo de 1993.
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También lo puedes usar para comunicarte conmigo.

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El modular
Esta es una historia verdadera. Cualquier semejanza con hechos similares ocurre a cada rato.
Germán soñaba con un mueble modular para colocar sus libros, televisor, VHS, un equipo y algunos adornos. Corría diciembre de 1991 cuando se le presentó un carpintero sin trabajo que le contó su triste historia: esposa enferma y tres hijos sin pan.
Germán se sintió tocado por el espíritu navideño y, como tenía algún billete, decidió encargar el modular de sus sueños al carpintero desocupado, de nombre Abel. Hicieron el trato: de 500 soles quedaron en 300, con un adelanto de 250 soles para compra de materiales, por aquello del alza de los precios. Germán desocupó y pintó su sala y esperó iniciar el nuevo año con su nuevo, moderno y funcional modular.
Pasó un día y otro día, un mes y otro mes pasó, y don Abel no volvía. Desesperado, Germán fue a buscarlo una y otra vez; al principio, don Abel le daba mil pretextos; después, la esposa enferma y los hijos sin pan comenzaron a negarlo y a tratar a Germán con desprecio; finalmente, el propio carpintero desocupado le dio una respuesta insolente: “denúnciame pues”, a sabiendas de que nadie haría un juicio largo y costoso para recuperar 250 soles.
Germán acudió a la Policía, donde lo trataron muy cortésmente, pero le informaron que requerían de una orden judicial para proceder.
Llegamos a febrero de 1993, y los libros de Germán están en una caja, el equipo en una mesita incómoda y los parlantes en el suelo; el televisor y el VHS en la casa de su mamá.
Germán esta pensando en hacerse justicia con sus propias manos, es decir, en convertirse en Caín y golpear con un fierro en la cabeza a Abel. Pero lo hemos convencido de que con eso no ganará nada y sólo conseguirá ver el sol a cuadritos. Al verlo tan descorazonado, hemos pensado en hacer una colecta o una función de beneficio pro modular.
Pero la pregunta es ¿qué hacer? ¿Podrá alguna vez Germán recuperar su dinero? ¿Tendrá alguna vez su modular? Esperamos sugerencias.
Expreso, 6 de marzo de 1993.
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