El protagonista. Ella. El antagonista.

Un día, el protagonista descubre que la quiere. Corre a la casa de ella a decírselo. Son las 4 de la mañana. Toca el timbre. Se queda de piedra cuando es el antagonista quien abre la puerta. Es una competencia desigual. Una batalla perdida para el protagonista: un tipo común y corriente, que vive en una casa sin muebles y tiene un trabajo bastante común y corriente. Con el protagonista, la procesión SIEMPRE va por dentro. En cambio, el antagonista maneja un Mustang, bien podría ser confundido con el hombre más sexy del mundo, y es astronauta para más inri.
A pesar de ser una competencia desigual, gana el protagonista. Nunca se entendió, y hasta ahora, no se entiende, por qué ella lo trataba siempre tan mal, como si fuera una nueva versión de la canción "
Mil horas". Por eso mismo, nunca se entendió, y hasta ahora, no se entiende por qué él la quería tanto.
Lamentablemente, y a pesar de ellos mismos, en esta historia no terminaron felices comiendo perdices.
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La protagonista. Él. La antagonista.

Europa está empezando a ponerse de cabeza. La protagonista es novicia, y le han encomendado ser la institutriz de los siete hijos de él. Siete hijos que, a pesar de la férrea disciplina militar que él les ha impuesto, se las arreglan para no aburrirse. Él está a punto de casarse con una baronesa, muy fina, muy refinada. Muy adecuada. Es una competencia muy desigual.
A pesar de ser una competencia muy desigual, después de unas cuantas canciones y un baile, gana la protagonista. La antagonista se va. La protagonista y él comen perdices, antes de ver desmoronarse su mundo.
Pero, juzgando por la parte que nos cuentan, encuentran su sueño. Y comen perdices, al menos en un sentido figurado.
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El protagonista. Ella. El antagonista.
El mundo entero ya está de cabeza. La gente espera, espera y espera. El protagonista es prácticamente un apátrida, un tipo cínico que ha encontrado su lugar en el mundo en un apartado lugar del mundo, en medio del desierto. Todos conocen al protagonista, aunque nadie sabe nada de su vida. Se le ve feliz muy brevemente. Un día, de entre todos los bares de todas las ciudades de todo el mundo, ella entra en el bar del protagonista. Viene acompañada del antagonista, alguien cuyos méritos le han valido ser un ciudadano del mundo (libre). Ella y el antagonista buscan una salida. El protagonista tiene la salida literalmente en sus manos. Sería tan fácil... pero ella le ha dicho que decida por los tres.
Esta competencia parece no ser tan desigual.
El protagonista decide por los tres. Ella debe partir con el antagonista, porque si no lo hace se arrepentirá. Tal vez no ese día ni el siguiente, pero en algún momento y por el resto de su vida. Finalmente, ella debe recordar que siempre tendrán París.
El avión parte. Para ella y el antiagonista la espera ha sido corta. El protagonista ha ganado la apuesta. Y es el inicio de una bella amistad.