jueves, 16 de julio de 2009

Odisea kafkiana à la européenne

L ha recibido una invitación para visitar la capital de un país europeo que no está en el Acuerdo de Schengen. Como L tiene un pasaporte guinda, le es obligatorio sacar una visa. Así que recurre a San Google para ver dónde puede averiguar los requisitos.

Llega a una página web que lo primero que le pide es identificar que su país esté dentro de la lista de países que aceptan hacer el pago en línea de los derechos consulares con tarjeta de crédito. Hasta ahí ningún problema, su país está en la lista de los agraciados. Le da click al nombre de su país, y esto lleva a otra página que da la bienvenida muy acogedoramente.
Luego de dar unas cuantas vueltas fáciles, encuentra las instrucciones para hacer su solicitud en línea. L espera encontrar enumerados los requisitos necesarios, más allá de los lógicos que conoce cualquiera que haya viajado al extranjero.
Lo primero que le dicen es que llene la solicitud en línea, que pague los derechos e imprima la solicitud. Pero no hay enlace a la solicitud, así que se echa a buscarla hasta que la encuentra. Lo primero que dice la solicitud es "puede llenar esto en tinta negra o azul". Es muy fácil deducir que la solicitud puede ser llenada a mano. Pero como se puede ver en la primera línea de este párrafo, la solicitud tiene que estar llena antes de imprimirse. Trata de hacerlo... pero el formato es .pdf, por lo que no hay manera de llenarla en línea. Al menos hasta donde sabe.
Después le dicen que envíe la solicitud en línea, pero no dan en ninguna parte (hasta donde vio, por lo menos) la dirección electrónica a la cual enviar la solicitud.
En tercer lugar le dicen que seleccione una fecha adecuada para su cita en el consulado, pero no hay manera de ver qué fechas hay disponibles. Sabido es que los consulados respetan los feriados del país en el que operan y los del país que representan. L no tiene por qué conocer los feriados que no son los suyos. Además dicen claramente que, para pedir la entrevista, tiene que tener hecha ya la reserva de su viaje, con fecha de ida y de regreso. Como si por anticipado pudiera saber cuándo le van a dar fecha para su entrevista.
En cuarto lugar le dicen que, si tiene dudas, consulte con las preguntas frecuentes. Entra ahí, tal vez sus dudas pueden ser absueltas rápidamente, pero la única pregunta que hay: "¿Cómo hacer para solicitar una visa de estudios?" Es la única pregunta que se hacen los viajeros frecuentes a ese país. Aparentemente, L sería la primera persona en la Historia en viajar en calidad de simple turista. O tal vez es la primera vez que alguien que quiere viajar como turista tiene dudas.
En algún momento de sus pesquisas llega a una lista de recomendaciones de cómo debe ser la foto que debe incluir en su solicitud, recomendaciones que son comunes en muchos países de Europa, sean o no parte del Tratado de Schengen.
Entonces encuentra una sugerencia de enviar sus preguntas a través de un formulario en línea. Hace tres preguntas concretas, y espera paciente y esperanzadamente la respuesta.
En menos de 48 horas, L encuentra un mensaje nuevo en su bandeja de entrada y piensa con alegría: "contestó el consulado". Abre el mensaje, y lo que encuentra es una respuesta automática en la que le agradecen el interés por viajar a su país y le recomiendan que vaya a la sección de preguntas frecuentes de la misma página web que ya casi conoce de memoria. O sea, que no tiene más opción que querer estudiar en ese país.
Al final, L se hartó. Terminó yéndose a un país más cercano en el que no le ponen tantos problemas a su pasaporte guinda. Y en donde recibieron muy felices los billetes verdes que gastó en ese viaje. Billetes verdes que el otro país, bastante afectado por la crisis global, ciertamente necesita.
Cuando me enteré de esta odisea se me ocurrieron algunas preguntas que me abstendré de formular... no vaya a ser que los funcionarios de ese consulado o los diseñadores de la página web se molesten conmigo y me compliquen (más) las cosas.
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Gracias a Juan Arellano por la entrevista para Global Voices Online y a Isabel Guerra por la foto. Para leer la entrevista en castellano, entrar acá. Para leerla en inglés dar click acá. También está publicada la versión en holandés.

jueves, 9 de julio de 2009

Pequeños diálogos inolvidables

- Oye, ¡no tienes cejas! —dice ella, asombrada.
- No —responde él, con cara y tono de fastidio—. ¿Recién te das cuenta?
- Si, como siempre tienes los lentes puestos nunca lo había notado.
- Toda mi vida he envidiado tus cejas, las comparaba con las mías y salían perdiendo.

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La pequeña levanta un paquete del piso y exclama algo ininteligible.
- Imbécil tú —dice el más grande, con la velocidad de un acto reflejo.
- ¡Pobrecita! —sale la segunda, defensora—. Ella dijo "¡qué bestia!"
- ¿Qué les pasa? Yo dije "¡pesa!" —concluye la pequeña.

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- ¿Yo tengo piernas? —pregunta el más grande.
- No, nunca me había fijado. Tus pies salen directamente de debajo de tu tronco —responde la pequeña, sin evitar lanzar una muy sonora carcajada.
- No, no —dice el más grande, riendo también—. Quise preguntar si tengo las piernas quemadas.
- Ah, si, un poco... creo.

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El más pequeñito pone en fila las figuritas de su álbum de super héroes, mientras va enumerando en voz alta los nombres de los que ya tiene.

- Acá están el Hombre Elástico, la Mujer Invisible, la Mole y el Doctor Chumana.

Quien lo oye conoce a los Cuatro Fantásticos, pero ese doctor mencionado al final no le suena para nada. Teme preguntar y sentir que su tiempo de estar al día con los nombres de los súper héroes ya pasó. Pero el más pequeñito insiste y lo repite todo:
- Mira, acá están el Hombre Elástico, la Mujer Invisible, la Mole y el Doctor Chumana.
- ¿Doctor Chumana? A ese no lo conozco —después de todo, hay veces en que la curiosidad puede más que el orgullo—. ¿Es un nuevo miembro de los Cuatro Fantásticos o es de otro lado?
- ¿Quién es el Doctor Chumana? ¡Antorcha Humana!
Ahora si quedó completo el cuarteto, tal como siempre lo conoció.

jueves, 2 de julio de 2009

Sorpresa desde Tartús

Hace algunos meses, a través de algunos comentarios en el blog de Mariyah, llegué al blog de Abufares, que se llama Abufares said... the world according to a Tartoussi (Abufares dijo... el mundo según un tartusino). Me llamó la atención las palabras que tiene a manera de introducción debajo del nombre de su blog:

"Un hombre que camina solo en una playa desierta, blandiendo una linterna en su mano extendida puede ser un tonto. Pero, para un barco perdido en una noche tormentosa, el mismo hombre es un salvador."

Como suele ser, todo depende del punto de vista. Desde entonces, leo sus siempre enriquecedores posts, escritos con una prosa envidiable, llenos de una sensibilidad que no es muy común. Al menos, así lo creo.
Leí hace pocos días su último post, con el título de Suffonsified, palabra para mí desconocida, por lo que me eché a buscarla en varios diccionarios. Es una palabra que se usa en frases para rechazar educadamente cuando se nos ofrece más comida, pues quiere decir algo así como satisfecho.
Contaba Abufares de un viaje hecho recientemente a Francia, presumo que por motivos de trabajo, y de cómo se acompañó las tres noches que estuvo ahí. La primera le pasó en compañía de Fares, el blog de su hijo, "su orgullo y dicha" (su ojito derecho, dirían mis amigos españoles). Dice que está enamorado de la gente que escribe, y su hijo, sangre de su sangre, está escribiendo. Tiene 9 años. Y ese amor se nota, porque justamente Abufares significa 'papá de Fares'.
En la segunda noche, tuvo por compañía a Mariyah, que acaba de terminar la historia de amor de sus padres, que sus lectores hemos seguido a lo largo de 26 entregas. En varios comentarios de Abufares en el blog de Mariyah, había leído repetidas veces que es su fan número 1. Y la alienta a no dejar de escribir. Lo mismo he hecho yo.
La sorpresa vino cuando llegué a su tercera noche en Francia, pues esto fue lo que encontré:

Gabriela escribe desde Lima, a 8000 millas de distancia (12,800 km). Desde que honró mi blog con su primer comentario me simpatizó de inmediato. Sé que conoceré a esta inteligente, enérgica y bella dama algún día. No tengo dudas. O ella vendrá a verme a Tartus y caminaré con ella a lo largo de los estrechos callejones de la ciudad vieja o ella me guiará en el distrito de Barranco de su encantadora ciudad. Gabriela escribe inimitablemente en castellano, un idioma que siempre me ha gustado y entendido vagamente. Traduzco su post con Google primero y trago el pobre inglés solamente por el gusto de entender el significado general detrás de sus palabras. Después, lentamente bebo a sorbos su espíritu latino y me mareo con su delicada melodía y ritmo. Seis de enero es el blog de mi adorable abogada peruana. No puedo esperar a estar en Lima, para meterme en problemas y que después Gabriela me saque de apuros. Ella estuvo conmigo en mi tercera noche y no me fui hasta que ella no recibió mi mensaje. No puedes pasarte la vida entera viajando sin ir a donde siempre quisiste ir. Sudámerica es un sueño en espera, Gabriela me recordó.

Tartús es la antigua Tortosa de los cruzados. Un nombre que he leído en algunos libros de tiempos antiguos. Hasta hace algún tiempo era solamente eso.
Esa es apenas parte de la magia de la blogósfera.

Para leer el post completo de Abufares, hacer click acá.


jueves, 25 de junio de 2009

¿Error o truco?

Hace algunos días fui de compras a un supermercado en Miraflores. Tenía una lista de compras relativamente chica, nada de ahí era realmente muy importante. Uno de los encargos era un paquete de guindones (*).
Después de haber puesto en el carrito de compras casi todo lo que necesitaba, fui hasta donde estaban los guindones a granel. No me gusta mucho comprarlos envasados porque siento que no son completamente frescos.

Los encontré en el sitio en el que están siempre. Un cartelito anunciaba "Guindones medianos S/.1.52 x 100 g". Detrás del cartel, había varios envases artesanales, de esos de la propia tienda, ya con el peso marcado con una etiqueta. Agarré uno de ellos y me fijé en el peso para llevar uno que contuviera aproximadamente la cantidad de 250 gramos. La etiqueta decía "Guindones sin pepa", y el precio indicado por kilo era de S/.26.90. El precio de los guindones medianos, a partir de lo indicado en el cartelito, era de S/.15.20, es decir, casi la mitad.
Comencé a hurgar en todos los envases para encontrar uno que contuviera guindones medianos, pues no es nada complicado sacarles la pepa. Por lo menos, no como para pagar casi el doble.
Nada. Todos eran guidones sin pepa. Unos 250 gramos de esos guindones me salían a poco menos de 7 soles. Los otros guindones no hubieran llegado a 4 soles.
Así que le pregunté a un trabajador de la tienda, fácilmente visible por su uniforme de color distintivo, dónde podría encontrar los guindones medianos, los que costaban casi la mitad. Muy atento, me explicó que yo debía fijarme bien, que el cartel señalaba S/.1.52 por 100 gramos, y que el peso de lo que yo tenía en la mano era de casi 300 gramos. Por eso salía más caro.
Le repliqué que él se fijara bien en el precio por kilo y en que decía "Guindones sin pepa", no "Guindones medianos". Le pedí que por favor me dijera dónde estaban los medianos, que eran los que yo buscaba. Me dijo que iba a buscar alguien de ese sector.
Se fue. Regresó al rato con una señorita a la que le volví a hacer la explicación. Su respuesta fue la misma: que ese envase tenía casi el triple y que por eso el precio no era de S/.1.52 sino más. Le volví a contestar lo que ya le había dicho a la persona anterior, y le pedí que por favor me indicara dónde estaban los guindones medianos. También le dije que más bien sacara el cartel errado para no confundir a más gente y que se ahorraran complicaciones.
Me dijo que ella me traería los guindones, esos guindones que no estaban por ningún lado. Se llevó el cartelito del S/.1.52. La esperé en el mismo sitio, y efectivamente apareció trayendo un envase con cerca de 300 gramos de los guindones que yo buscaba, por un total de casi S/.3.50.
No se trata tanto de los 3 soles que hubiera pagado de más, sino más bien de no pagar en exceso por algo que, al menos para mí, no tenía sentido.
Yo lo vi como un error sin la más mínima mala fe. Cuando conté el incidente, hubo quien me dijo que no sería raro que fuera un truco para clientes menos atentos que yo, para que terminaran comprando un producto más caro y pagando casi el doble del precio. Total, cuando uno paga en la caja no hace mayores cálculos sobre el monto final a pagar. Y la tienda gana con nuestra falta de atención.
Puede ser que sea así, aunque me parece que sería algo complicado, pues serían demasiadas las personas que tendrían que estar involucradas. Aunque nunca se sabe.
(*) En el Perú llamamos guindones a lo que en otros países llaman ciruelas pasas.