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En ese nuevo viaje, mi mamá hizo las cosas habituales que se hacen cuando se está de visita en un lugar nuevo. O casi nuevo, en verdad. Fue a los lugares turísticos, paseó mucho y se reunió con amigos con quienes había mantenido correspondencia a la antigua, con cartas de papel y sobre.
En uno de esos recorridos, entró a un centro comercial bastante nuevo. En ese época, los centro comerciales eran una novedad para nosotros. Todavía no había empezado el auge de esos conglomerados de tiendas en las que se puede pasar el día entero paseando y mirando sin necesidad de comprar nada.
Mi mamá entró en muchas tiendas, de todo tipo. Ya la imagino mirando todo y pensando en los regalitos que podría traer a su vuelta.
De repente, se le acercó una mujer. Se saludaron amablemente, gesto con el que mi mamá pensó que acababa el asunto.
Pero se equivocó, sí, señor.
La mujer era una vendedora de artículos de plata, que ofreció a mi mamá con voz amable. Mi mamá la rechazó con amabilidad recíproca. La mujer insistió. Mi mamá reiteró su negativa.
Comenzó entonces un molesto intento de negociación de parte de la vendedora. Le bajó el precio a las pulseras y aretes que iba sacando de una mochila. A esas alturas, ya mi mamá no le contestaba, casi ni la miraba para no darle la más mínima esperanza de interés.
Transcurrieron varios minutos así hasta que mi mamá, normalmente tan calmada y serena, se hartó. Sin dejar la amabilidad de lado, se volteó y le dijo:
- Gracias, señora, pero yo vengo del país de la plata.
- Ya me imagino -replicó la mujer. Y por fin se fue.
Aunque no hubo testigos del incidente, mi mamá lo contó tantas veces que casi siento como si lo hubiera vivido a su lado.




Que ambulante más pesada, paciencia tuvo tu mami
ResponderEliminarAsí era ella siempre.
EliminarMuy curioso. Un beso
ResponderEliminarMuy pesada también.
Eliminar🤗
Tu madre tenía más paciencia que yo, eso desde luego.Estas historias familiares contadas tantas veces terminan siendo casi patrimonio de la casa. Saludos
ResponderEliminarY más paciencia que yo también, sin duda. Yo hubiera reaccionado de otra manera muy diferente.
EliminarYa me imagino a tu mamá viendo lo que le ofrecía la pesada vendedora cuando acá en Perú tenemos maravillas en plata. Buena la respuesta de tu mamá
ResponderEliminarPor eso su respuesta fue precisa, ella era del país de la plata.
EliminarGaby si me hubiera pasa a mi , seguro yo le habría comprado algo
ResponderEliminarCon lo antojada que soy !!!
No lo dudo, y lo lucirías muy bien.
EliminarRealmente tu mamá era una dama rechazo a la vendedora sin ofenderla😘
ResponderEliminarUn abrazo grande
Así es, iba por la vida siempre sin ofender.
EliminarGaby.. tenemos acá tantas bellezas ntrabajadas en plata que a tu.mamá lo.le llamaba la atención lo que la pesada vendedora le ofrecía y por eso ycon orgullo le dió esa respuesta
ResponderEliminarY lo contaba con mucho orgullo, justamente.
EliminarQué paciencia y educación de tu mami!! Muy linda y amable. Un fuerte abrazo, querida Gaby.
ResponderEliminarGracias miles, Charito.
EliminarLa mejor respuesta para la vendedora pesada.
ResponderEliminarBuen miércoles Gabriela. Gracias.
Un abrazo.
No sé cómo se le ocurrieron esas palabras, pero por fin la dejó tranquila.
EliminarQue bonito es recordar estas anécdotas que te contaba tu mamá. Un abrazo!
ResponderEliminarY es más bonito que los demás lean sus historias.
EliminarDivina "Paciencia"
ResponderEliminarDigna de una persona tan especial.
EliminarCreo que yo hubiera reaccionado de otra manera...La paciencia es una virtud
ResponderEliminarUn saludo, Gabriela.
Yo también, para qué negarlo. Pero es que mi mamá era una verdadera dama.
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