domingo, 13 de julio de 2014

Segunda semana

Acá va la segunda foto del desafío que conté la semana pasada:

Son hojas caídas en un piso con huellas de la tremenda humedad que tuvimos en estos días.

domingo, 6 de julio de 2014

Dos desafíos

1. Doce semanas, doce fotos
Iela, del blog Cultura femenina, ha lanzado el desafío de publicar una foto por cada semana que dure el verano. Ella vive en Canadá y está disfrutando de su verano, pero los que vivimos por debajo del ecuador estamos, finalmente, gozando del invierno.

Así que acepté el desafío, pero con fotos invernales. Acá va la primera, la imagen de un charco en la entrada de mi edificio, luego de una noche entera de lluvia limeña:
Reja de entrada del edificio, con espejo de agua incluido
2. Cien mil visitas
Gonzalo (el primero de la izquierda) y un grupo de sus amigos han realizado un video donde cantan la canción Gone, gone, gone, de Phillip Phillips, ganador de American Idol en 2012. Tienen como meta llegar a las 100,000 visitas, así que denle clic y disfruten de sus voces... de paso, los ayudamos:

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Dentro de una semana se acaba el Mundial de Fútbol Brasil 2014. Aunque el Perú no participa, acá se vive la fiesta casi como propia (ese "casi" marca una diferencia tremenda). No imagino lo que sería si nuestra selección hubiera clasificado.

lunes, 23 de junio de 2014

Complicarse la existencia

Es lógico que un idioma como el castellano, con tantos hablantes, tenga muchas variantes entre las personas que lo usan como medio de comunicación. Lo que no me parece muy lógico es que los hablantes de una zona empiecen a usar formas de hablar que no les son propias.

Desde que me acuerdo, en el Perú hemos dicho pelo, cara, remedios, irse, dormir. Eso era habitual, hasta hace algún tiempo.

Resulta que desde hace poco, los peruanos se lavan el cabello, se aplican crema en el rostro, toman medicinas o medicamentos, descansan y se retiran.

Tomemos por ejemplo este párrafo común y corriente:
Voy a cortarme el pelo y aprovechar en hacerme un tratamiento en la cara. De pasada voy a la farmacia a comprar los remedios que me faltan para tomarlos en la noche antes de irme a dormir.

Eso es cosa del pasado, pues ahora se diría:
Voy a cortarme el cabello y aprovechar el tema para hacerme un tratamiento en el rostro. De pasada voy a la farmacia por el tema de comprar los medicamentos que me faltan para tomarlos en la noche antes de retirarme a descansar.

Me gustaría preguntarle a alguien que ha cambiado su manera de hablar las razones del cambio. Me inclino a pensar que lo han escuchado en programas de televisión no producidos en el Perú o doblados en otros países y que consideran que eso los convierte en personas elegantes al hablar. O tal vez crean que es más sofisticado tener el cabello liso que tener el pelo lacio. O que es más digno de un ser humano trabajador descansar antes que dormir.

Es que estas personas son muy finas para hablar. No van al hospital a visitar a su papá recién operado. No, eso es demasiado plano. Ellos van al nosocomio a visitar su progenitor por el tema de una reciente intervención quirúrgica. No tienen su santo ni su cumpleaños donde esperan regalos y saludos, qué va, eso es algo que tienen los mortales comunes una vez al año. Estos seres signados por la fineza celebran su onomástico, y esperan el tema de sus presentes y congratulaciones. Y no se van ni renuncian, muy elegantes ellos, dan un paso al costado por un tema de dignidad.

Francamente...
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¡Bienvenido de vuelta, Cyrano!


viernes, 13 de junio de 2014

"No me olvidaré"

El hombre se despertó contento ese día. Siempre se levantaba de buen humor, siempre con ganas de ver qué le deparaba cada mañana. No se crea que no tenía sus penas, las tenía y muy grandes, pero un día decidió que si se dejaba llevar por lo malo, su vida se hubiera convertido en un dramón digno de cualquier telenovela lacrimógena.

Tampoco era partidario de la filosofía de "si la vida te da limones, haz limonada". Simplemente llegó un momento en que se dio cuenta que era preferible sonreírle a todo, pero una sonrisa sincera.

Pero esa mañana, a pesar de lo contento que se sentía, notó que algo le faltaba. Por más que trató, no lo pudo definir. Era una sensación que venía como una ráfaga y cuando empezaba a percibirla, desaparecía. La sensación volvía, se esfumaba, regresaba otra vez y de nuevo ya no estaba. Algo llenaba en el aire, sentía que era importante y se sentía frustrado de no poder capturarlo en el instante en que aparecía.

Quizá para mitigar la desazón, salió de su casa dispuesto a dar una vuelta sin rumbo fijo. Sin saber cómo, sus pies terminaron llevándolo a la casa materna. A lo que quedaba de la casa materna en realidad, pues hacía un buen tiempo que la habían demolido para construir un moderno edificio de oficinas.

A pesar de haber visto y de saber cómo estaba la cuadra que le había sido tan familiar durante años, siempre era un poco chocante no ver la casa en donde era siempre recibido con efusivas muestras de cariño, sin importar la hora que fuera ni que llegara sin avisar. La sensación que le había acompañado todo el día regresó, más apremiante que antes. Más imperiosa, casi como una fuerza física irresistible.

Fue inevitable sentir tristeza, una nostalgia infinita por los tiempos idos, por los recuerdos de los que ya no están. Justo cuando pasaba por delante de donde había vivido su madre más años de lo que él mismo podía recordar, volteó para ver el nuevo paisaje que la calle le ofrecía.

Al hacerlo, escuchó la voz de su madre diciendo unas palabras que, coincidentemente estaban escritas en la pared: "cuando me marche, no me olvidaré".
"Lo sé, mamá, lo sé", contestó mentalmente.

Casi como por encanto, la sensación que no lo había dejado tranquilo todo el día desapareció.