domingo, 4 de junio de 2023

Venta de garaje

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Hace pocos días fui por primera vez a una venta de garaje. Caminaba por una calle de vuelta a casa y vi el cartel. Movida por la curiosidad y con pocas expectativas, entré.
Me recibió una señora muy amable, que me invitó a entrar y mirar todo "sin compromiso". A su lado había un perrito curioso que, inmediatamente, empezó a seguirme.
Había artículos diversos, cosas de cocina, libros. Miré sin mucha atención. Por ahí vi un jarrito de metal con tapa, ideal para mantener las bebidas calientes. El precio estaba en una etiquetita, S/2.00 (poco más de medio dólar).
La separé a un lado.
Al fondo había colgado algo de ropa. Me acerqué, siempre sin expectativas. De repente, vi una casaca/campera/chaqueta/cazadora/chamarra azul. Fue amor a primera vista. El precio, S/10 (casi tres dólares). Eso solamente ratificó el flechazo.
- ¿Me la puedo probar?
- Claro.
Una vez puesta, la noté a mi medida. Busqué un espejo, pero la decisión ya estaba tomada.
La señora sacó la cuenta, y cuando estaba pagando los S/12 del total, entró otra compradora. Se fue directo al fondo, a la ropa y casi de inmediato volteó a preguntar: "señora, ¿la casaca azul que estaba acá?".
Señalándome, la señora dijo "la acabo de vender".
Ya imaginan la cara de decepción. Literalmente, gané por puesta de mano.

martes, 2 de mayo de 2023

Claro de luna

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Me llegó este relato prestado, que publico de inmediato.
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Las campanadas del reloj de la iglesia retumbaron en el pueblo silencioso. La niña que se había despertado poco antes contó hasta cinco.
En la cama de al lado, su hermana dormía profundamente. Sobre el techo de zinc, las gotas de lluvia caían con sonido acompasado y persistente.
"El 'Claro de luna'", pensó la niña.
La lluvia se desató al comenzar la noche, cuando la familia acababa de salir con sillas y mecedoras a la puerta de la casa buscando el fresco. En el pequeño pueblo, en plena zona tropical, no eran raros los repentinos cambios climáticos. 
"Va a llover toda la noche", dijo el padre. "Hay que cerrar bien las ventanas", dijo la madre, mientras volvían rápidamente al interior. Todos se alistaron para dormir y la casa quedó en silencio.
La lluvia que comenzó con fuerza bajaba de intensidad, iba y venía durante la noche. La niña que se despertó en la madrugada seguía pensando en el Claro de luna. En la clase de Música, la profesora habló del compositor Beethoven y dijo que entre sus obras le gustaba mucho una sonata para piano llamada Claro de luna.
La niña nunca la había escuchado, pero una compañera que venía de una ciudad más grande le contó que sonaba como gotas de lluvia. Desde su cama, en la casa todavía silenciosa y oscura, la niña oía las gotas sobre el techo de zinc, cada vez más lentas y espaciadas, que parecían las teclas de un piano.
El arrullo de la lluvia iba bajando cada vez más y una débil claridad comenzaba a reemplazar las tinieblas de la habitación. La niña cerró los ojos y retomó el sueño interrumpido mientras continuaba el concierto de Beethoven.

sábado, 25 de marzo de 2023

Historia de dos sábados

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Un sábado cualquiera, de esos días de frío limeño que el verano hace añorar, iba caminando por una calle cualquiera. Era temprano, regresaba de hacer unas compras rápidas en un supermercado cercano a mi casa. La hora ideal para las compras, cuando los supermercados están vacíos.
A pocos metros de una esquina, ya casi a mitad de camino, vi a una mujer con actitud de esperar algo. Estaba elegantemente vestida, con un abrigo rojo y una gruesa bufanda de cuadros que hacía juego con el abrigo. Pese a que no había sol, usaba lentes oscuros. Tenía el pelo lacio oscuro, a la altura de la quijada.
Aunque casi no se le veía la cara, pude notar que sonreía. Sonreía y me miraba. Me miraba con expresión amable. ¿Será alguien que conozco?, pensé. Al acercarme pensé que iba a reconocerla, pero no.
Se me acercó, siempre sonriendo y me preguntó si conocía una calle. Esa calle está muy cerca de donde estábamos, e intenté explicarle cómo llegar. Finalmente, le dije: "voy a pasar por ahí, vamos caminando, si no te importa".
Empezamos a caminar juntas. Me contó que es peruana, que vivió muchos años en Buenos Aires y que ahora vive en París. Que viene ocasionalmente a Lima a visitar a la familia. Me dijo su nombre, su apellido es sinónimo de unos dulces muy ricos que venden en Lima. Me preguntó si conocía la marca, y me empezó a contar de los orígenes.
En eso, llegamos a su destino. Me agradeció y la dejé tocando el timbre del departamento que buscaba. Yo seguí mi camino y llegué a mi casa.
Pasaron varios meses. El frío limeño se convirtió en ese agobiante calor que desde antes de que empiece ya quiero que termine. Llegó otro sábado de compras en el mismo supermercado cercano. De compras rápidas. De compras tempranas para que sean rápidas.
Regresaba a casa y a pocos metros de donde me encontré con esta peruana que vive en París la volví a ver. Era ella, no había duda, a pesar de que ya no usaba ni el grueso abrigo rojo ni la bufanda a cuadros. Pero su corte de pelo y su sonrisa eran inconfundibles. 
Me vio, y desde lejos me saludó. Nos saludamos. Me preguntó si me acordaba de ella, le dije que sí. Le pregunté si quería que la guiara de nuevo. Me dijo riendo que no, que esa vez sabía muy bien por dónde ir.
Nos hicimos adiós y cada quien siguió su camino.

viernes, 17 de febrero de 2023

Olvido sabatino

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Es una mañana de sábado normal, prenavideño. Tienes que ir a hacer algunas gestiones en diversos sitios, nada complicado. Dispones todo y sales.
Caminas cuatro cuadras, y por instinto, te llevas la mano al bolsillo a donde llevas el celular. Es algo mecánico, casi automático. Salvo que esta vez sientes algo diferente. No hay celular. Te sobresaltas y de inmediato viene a tu mente la imagen del teléfono sobre la mesa.
Se te olvidó. Nunca te había pasado.
Te detienes a pensar. ¿Regresas las cuatro cuadras ya avanzadas o sigues sin el teléfono y lo tomas como un experimento? Decides seguir y ver si eres nomofóbica o si aún puedes vivir "a la antigua" sin el aparatito a la mano.
Tu primera parada es el autoservicio, faltan algunas cosas en la casa. Vas directo a los anaqueles donde está lo que quieres comprar. Sientes a lo lejos un sonido conocido, crees que es tu celular, te llevas la mano al bolsillo. ¡No hay nada! Ah, verdad, lo olvidaste.
Terminas tu comprar y vas al siguiente punto. Una farmacia. ¿Cómo se llama lo que quieres comprar? Lo busco con el celular... Ah, verdad, no lo tienes. Con ayuda del farmacéutico das con el nombre y lo compras.
Vas directo a la tercera parada. En el camino, pasas por una heladería. Ves que hay nuevos sabores y te alegras. Quieres tomarle una foto al despliegue de colores de los helados, pero recuerdas que no es posible. Te vas, saboreando e imaginando la próxima visita a la heladería.
Ya de regreso a tu casa ves un cartel muy ingenioso. "Qué pena que no tengo el teléfono para tomarle una foto. Ojalá siga aquí la próxima vez que pase por acá".
Finalmente, llegas a casa. Empiezas a guardar lo que compraste. En eso, a lo lejos un sonido conocido. "Ah, verdad, se me había quedado el celular".

AVISO DE SERVICIO PÚBLICO
"La flor de la canela" es obra de Chabuca Granda.
"El rosario de mi madre" es obra de Mario Cavagnaro.
"Amarraditos" es obra conjunta de Margarita Durán y Pedro Belisario Pérez.
Gracias por su atención.
FIN DEL AVISO DE SERVICIO PÚBLICO.