jueves, 23 de septiembre de 2010

Contradicciones

En Miraflores, el distrito limeño en el que vivo, el alcalde actual ha decidido arreglar muchas veredas. Es cierto que han quedado muy bonitas y acogedoras.


Estas dos fotos de arriba corresponden a la misma esquina, vista desde dos ángulos diferentes.


A unas cuantas cuadras de mi casa, la esquina de la Av. Larco y la calle Schell tiene este aspecto. Las dos fotos son del mismo cruce, desde dos ángulos diferentes.

Pero como sucede muchas veces, hay un GRAN pero.

Estas mejoras no tendrían nada de malo. Es más, sería la primera en aplaudirlas... si no fuera porque a pocos metros de distancia de estas esquinas tan bellamente arregladas hay pistas y veredas en estado lamentable que nadie menciona y menos repara. Eso, sin contar con que los lindos ladrillos rojos no duran nada así puestos porque empiezan a despegarse y pueden ser muy peligrosos.

A continuación algunas fotos, porque una imagen vale más que mil palabras.







¿Se imaginan lo que es para quienes se movilizan en sillas de ruedas? ¿Acaso no sería mejor usar los recursos, escasos o no, en reparar lo que está roto y no en mejorar lo que está bien? Es apenas mi humilde opinión.

Dentro de poco más de una semana los peruanos elegiremos a alcaldes, regidores y presidentes regionales. En mi distrito, el alcalde postula a la reelección. Si llegara a ser reelecto, definitivamente no será con mi voto.

Este post ha sido citado en Global Voices.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Verde

Te despertaste ese día con la sensación de estar ante un día especial. ¡Cómo no iba a ser especial! Era la primera vez que él te pedía que le cocinaras algo que le encantaba: tallarines verdes.

Una vez que te quedaste sola en la casa y te organizaste un poco, comenzaste a planificar el día.

Fuiste a la tienda a comprar todo lo necesario. No podía faltar ningún detalle. Todo tenía que ser perfecto. Escogiste la espinaca, un poco de albahaca. Un paquetito de ensalada con el cartel de "todo verde" para estar a tono.

Regresaste a la casa y pusiste manos a la obra. Lavaste bien todas las hojas, preparaste la salsa cuidando el mínimo detalle. Hasta le agregaste un poco de pecanas reservadas para una ocasión importante. Más importante que esta no podía haber.

Por otro lado, cocinaste la pasta y esperaste con paciencia hasta que estuviera a punto. Tapaste la olla, y miraste el reloj. "En cualquier momento llega", te dijiste. Recién en ese momento te diste cuenta de que el reloj que adorna tu cocina está lleno de ilustraciones de verduras y frutas.

Te sentaste a esperarlo. La radio prendida lanzaba las noticias de la hora, pero tú casi no las escuchabas. Hasta que por fin... el ruido de sus pasos, de la puerta. Te le adelantaste y la abriste primero. Ahí estaba, parado con cara de asombro, con su chompa verde oscuro:
- Hola mamá. ¿Te acordaste de mis tallarines verdes?

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Saludos especiales a mexicanos y chilenos, cuyos países cumplen en estos días 200 años de independencia.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Alguien especial

Era habitual encontrárselo por las calles de Miraflores, más exactamente en la Av. Larco, caminando a paso lento. Era muy fácil distinguirlo a metros de distancia, por su abundante cabellera blanca y su copioso bigote del mismo color.

- ¡Ricardo Palma!
- Dale con lo de Ricardo Palma- respondía con fingido fastidio.

Actor innato como era, cuando contaba historias o recuerdos adoptaba las voces de los personajes que aparecían en el relato. Era increíble cómo nunca se confundía, cómo cada personaje tenía su propia característica y un sello perfectamente distinguible. Actor innato si, y también actor que durante años actuó en radioteatros, en tiempos anteriores a la televisión.

Otro sabedor de todas las cosas. Tenía esa sabiduría de médico viejo, el que está acostumbrado a diagnosticar según lo que ve y lo que oye. No era que no usara los adelantos de la ciencia médica, pero su instinto era siempre acertado.

Además, era finísimo al dar sus puntadas que no dejaban cicatrices. Aunque fuera en sitios que no se iban a ver, se esforzaba al máximo para hacer unas suturas invisibles. Es que la medicina también tiene su encanto.

Campeón nacional de oratoria en sus tiempos escolares. Eso les valió un día libre a todos los alumnos del colegio en el que estudiaba. Es casi seguro que eso le valió el agradecimiento y reconocimiento de todos los que se beneficiaron aquella vez.

Era el único vínculo con un pasado ahora desconocido, que compartía sin problemas cuando se le preguntaba. En estos últimos tiempos, sin razón aparente, su ausencia se siente más.

Desde este pequeño rincón, un recuerdo a mi eterno tío Jorge.

(La imagen que acompaña este post es del blog Láminas de fotos y dibujos.)
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Recordando los 20 años de Nubeluz, comparto acá la versión en castellano de mi artículo sobre el tema publicado en Global Voices la semana pasada. También esta disponible en serbio y en malgache.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Azul

Se levantó como todos los días, puntualmente a las 6 de la mañana. Algo le fastidiaba desde hacía algún tiempo. Desde hacía mucho tiempo en realidad, pero no se sentía capaz de expresarlo en palabras. Como si al mantener su fastidio en secreto pudiera fingir que no existía.

Pero existía.

Había sido siempre una niña modelo, la mejor alumna, la que tenía siempre la tarea mejor hecha. Hecha por ella misma, además, no como los demás a quienes sus papás les hacían las tareas. Terminó el colegio con el primer puesto de su promoción. Ingresó a la universidad con un puntaje altísimo. Terminó la universidad como la primera de su promoción. No le fue difícil conseguir trabajo. EL trabajo que muchos de sus compañeros hubieran querido tener.

Toda su vida había seguido las reglas. Pero desde hacía un tiempo algo se rebelaba en su interior. "Estoy harta", pensó. Lo repitió en voz alta esta vez, y solamente con escuchar esas dos palabras, algo se desató en su interior.

Harta de escuchar el despertador puntualmente a las 6 am. Harta de ponerse todos los días el mismo trajecito sastre color azul. El uniforme azul, que le hacía acordar al otro de color gris que había usado tantos años. Harta de tomar un desayuno ligero porque no había mucho tiempo. Harta del mismo tráfico de todos los días. Harta de cumplir los horarios.

Harta, así de simple.

Estaba harta.

Así que esperó lo suficiente y llamó a decir que no iría a trabajar ese día, que no se sentía bien. Al momento de marcar el teléfono pensó que se arrepentiría en el último minuto, pero no fue así. Al contrario... se sintió liberada.

Escogió su buzo nuevo, el azul. Recodó que dudó al momento de comprarlo. Sabía que era probable que no se lo pudiera poner en mucho tiempo. El traje sastre azul era la vestimenta obligada cada día.

Se puso el buzo, metió las llaves en su bolsillo y salió a caminar. A caminar plácida y serena entre el ruido y la prisa, pensando en la paz que se puede encontrar en el silencio. El mar azul a su costado. Infinito. Eterno. Pensó a dónde llegaría si trazaba una línea recta hacia el oeste. No importaba. Estaba en paz consigo misma. Miraba el cielo, no tan azul como le hubiera gustado, pero ahí estaba. En la calle. A plena luz del día. Y lo mejor es que sentía que ese fastidio que la acompañaba últimamente había desaparecido.

Se sintió libre como no se sentía hacía mucho tiempo. "Tal vez debo hacer esto más a menudo", se dijo.
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1. Gracias a Renzo por su mención a Seis de enero en su post sobre BlogDay2010.

2. En muchos distritos de Lima han instalado el sistema de semáforos inteligentes. No sé cuánto se habrá gastado para tenerlos instalados y funcionando, pero me imagino que no ha sido una inversión barata. Por eso mismo, no entiendo qué sentido tiene haber gastado recursos en instalar un sistema para agilizar el tránsito si van a terminar poniendo policías a (¿)dirigir(?) el tránsito. Lo único que generan es confusión y embotellamientos... como si nos hicieran falta.