Pero, ¿cómo llegó esa postal a mi casa?
--------------
Antes de partir, le prometí a Marcela que le mandaría una postal de cada sitio que visitara. Ella me escuchó, pero no dijo nada. De todas maneras, ¿a los cuatro años quién sabe qué es una postal? Menos todavía en tiempos de comunicación digital.
Siempre hay que cumplir lo que uno ofrece, más aun si es una oferta hecha a una niña de cuatro años. Así que mi llegada al aeropuerto de Schiphol emprendí la búsqueda de las postales y de una oficina postal o algo que hiciera las veces de oficina postal.
Encontrar las postales fue fácil. Las había por montones en las tiendas de recuerdos, que también había por montones. Pensando en alguna que fuera del gusto de Marcela, escogí una llena de tulipanes de muchos colores, que decía ÁMSTERDAM en enormes letras. Le escribí unas palabras al dorso, puse su nombre y dirección, le pegué la estampilla que compré y directo al buzón se fue, junto con otras postales que escogí para otros destinatarios.
A los pocos días, recibí un mensaje por correo electrónico: "Marcela recibió tu postal hoy". Eso fue todo. Hasta ese momento, me di por satisfecha pues, una vez más, el correo cumplió con el encargo que le había dado.
Después supe la historia detrás de la historia.
La postal llegó casi una semana después de que yo la soltara en el buzón anaranjado en Schiphol. Justo ese día mi mamá había ido a almorzar a casa de Marcela, y fue testigo de excepción del momento en que recibió la postal. Me dijo que le encantaron los tulipanes.
Al día siguiente de mi regreso a Lima, vi a Marcela. Entre saludos y abrazos, le pregunté si le había gustado su postal. Me dijo que si, y a continuación me preguntó cómo había llegado la postal a su casa. Le dije que yo la había llenado, había puesto su dirección y la había dejado en un buzón.
- Ya... pero, ¿CÓMO llegó la postal a mi casa?
Evidentemente, mi respuesta no había sido suficiente. Así que le dije:
- Una postal es una tarjeta con fotos de los sitios que uno visita cuando se va de viaje y que se mandan como recuerdo. Como yo quería mandarte ese recuerdo, en el aeropuerto de una ciudad que se llama Ámsterdam, me fui a una tienda y busqué una postal que pensé que te gustaría. Escogí la de las flores, que se llaman tulipanes, atrás te escribí unas palabritas y le puse tu dirección. Después le pegué una estampilla. Habrás visto un sticker en la esquina de arriba
- Si- me respondió, con movimiento afirmativo de la cabeza.
- De ahí la dejé en un buzón anaranjado. Un buzón es como una caja muy grande para las cartas y las postales. Después vino un cartero, sacó todas las cartas y postales y las repartió en bolsas para los diferentes países como Perú, Argentina, Colombia... a ver, otro país.
- ¡Kenia!
- Ajá, Kenia, Japón. Bueno, todos los países. Cada bolsa se fue en el avión que le tocaba de acuerdo al país al que tenía que ir. La tuya tenía que ir al Perú, así que la metieron en la bolsa que venía para acá. Cuando llegó al Perú, otro cartero separó las cartas y postales de acuerdo a los sitios a donde debían llegar.
- Higuereta, Lima, Miraflores- enumeró ella.
- Exactamente, y una de esas iba para tu casa, para eso hay que poner la dirección completa. Después, otro cartero la llevó hasta tu casa y así llegó a tus manos. Mira todo lo que recorrió la postal de los tulipanes- le dije, mientras le mostraba la distancia en un globo terráqueo.
Se lo quedó mirando sin decir nada. Supongo que esta vez su curiosidad quedó satisfecha porque no siguió preguntando más.
En una era de comunicaciones virtuales, hay una niña de la era digital que recibió una postal que alguien que la quiere mucho le escogió especialmente, y que llegó hasta ella luego de atravesar todo un océano y dos continentes.
La magia del correo sigue viva. Ni más ni menos.

--------------
Antes de partir, le prometí a Marcela que le mandaría una postal de cada sitio que visitara. Ella me escuchó, pero no dijo nada. De todas maneras, ¿a los cuatro años quién sabe qué es una postal? Menos todavía en tiempos de comunicación digital.
Siempre hay que cumplir lo que uno ofrece, más aun si es una oferta hecha a una niña de cuatro años. Así que mi llegada al aeropuerto de Schiphol emprendí la búsqueda de las postales y de una oficina postal o algo que hiciera las veces de oficina postal.
Encontrar las postales fue fácil. Las había por montones en las tiendas de recuerdos, que también había por montones. Pensando en alguna que fuera del gusto de Marcela, escogí una llena de tulipanes de muchos colores, que decía ÁMSTERDAM en enormes letras. Le escribí unas palabras al dorso, puse su nombre y dirección, le pegué la estampilla que compré y directo al buzón se fue, junto con otras postales que escogí para otros destinatarios.
A los pocos días, recibí un mensaje por correo electrónico: "Marcela recibió tu postal hoy". Eso fue todo. Hasta ese momento, me di por satisfecha pues, una vez más, el correo cumplió con el encargo que le había dado.
Después supe la historia detrás de la historia.
La postal llegó casi una semana después de que yo la soltara en el buzón anaranjado en Schiphol. Justo ese día mi mamá había ido a almorzar a casa de Marcela, y fue testigo de excepción del momento en que recibió la postal. Me dijo que le encantaron los tulipanes.
Al día siguiente de mi regreso a Lima, vi a Marcela. Entre saludos y abrazos, le pregunté si le había gustado su postal. Me dijo que si, y a continuación me preguntó cómo había llegado la postal a su casa. Le dije que yo la había llenado, había puesto su dirección y la había dejado en un buzón.
- Ya... pero, ¿CÓMO llegó la postal a mi casa?
Evidentemente, mi respuesta no había sido suficiente. Así que le dije:
- Una postal es una tarjeta con fotos de los sitios que uno visita cuando se va de viaje y que se mandan como recuerdo. Como yo quería mandarte ese recuerdo, en el aeropuerto de una ciudad que se llama Ámsterdam, me fui a una tienda y busqué una postal que pensé que te gustaría. Escogí la de las flores, que se llaman tulipanes, atrás te escribí unas palabritas y le puse tu dirección. Después le pegué una estampilla. Habrás visto un sticker en la esquina de arriba
- Si- me respondió, con movimiento afirmativo de la cabeza.
- De ahí la dejé en un buzón anaranjado. Un buzón es como una caja muy grande para las cartas y las postales. Después vino un cartero, sacó todas las cartas y postales y las repartió en bolsas para los diferentes países como Perú, Argentina, Colombia... a ver, otro país.
- ¡Kenia!
- Ajá, Kenia, Japón. Bueno, todos los países. Cada bolsa se fue en el avión que le tocaba de acuerdo al país al que tenía que ir. La tuya tenía que ir al Perú, así que la metieron en la bolsa que venía para acá. Cuando llegó al Perú, otro cartero separó las cartas y postales de acuerdo a los sitios a donde debían llegar.
- Higuereta, Lima, Miraflores- enumeró ella.
- Exactamente, y una de esas iba para tu casa, para eso hay que poner la dirección completa. Después, otro cartero la llevó hasta tu casa y así llegó a tus manos. Mira todo lo que recorrió la postal de los tulipanes- le dije, mientras le mostraba la distancia en un globo terráqueo.
Se lo quedó mirando sin decir nada. Supongo que esta vez su curiosidad quedó satisfecha porque no siguió preguntando más.
En una era de comunicaciones virtuales, hay una niña de la era digital que recibió una postal que alguien que la quiere mucho le escogió especialmente, y que llegó hasta ella luego de atravesar todo un océano y dos continentes.
La magia del correo sigue viva. Ni más ni menos.


















