jueves, 25 de septiembre de 2008

Otra simple historia simple

Gonzalo quiere tener una guitarra eléctrica. Así que el otro día me pidió que lo acompañara a curiosear a una tienda de instrumentos que queda a pocas cuadras de la casa.

Llegamos y mientras Gonzalo se acercaba al lugar donde se exhibían las guitarras eléctricas, vimos que había un hombre de unos cuarenta años tocando la batería. Gonzalo buscó a un vendedor, le pidió que le mostrara una guitarra, entre los dos escogieron la que más se acomodaba a sus preferencias, se la conectaron a un amplificador y Gonzalo se puso a rasgar unas notas. Confieso que entre la batería y la guitarra, ya era demasiada bulla para mi gusto, así que le dije a Gonzalo que lo esperaba afuera, pero él me pidió que me quedara y que lo escuchara tocar.

Me convenció, me quedé.

Al poco rato, el hombre dejó la batería y por fin Gonzalo pudo tocar su guitarra con toda tranquilidad. Casi inmediatamente, sonó mi celular y salí para poder conversar. Dejé a Gonzalo tocando la guitarra.

Regresé a los pocos minutos, y vi que había otra persona sentada en la bateria. Esta vez era un señor un poco mayor, cincuentón. Un hombre al que, por lo menos yo, nunca hubiera imaginado que supiera tocar la batería. O que le gustara hacerlo. Será por mí eterna manía de huir de la bulla que nunca se me hubiera ocurrido. Además del hecho de que la batería me parece un instrumento tan difícil de tocar.

Al prestar un poco más de atención, me di cuenta de que guitarra eléctrica y batería estaban tocando la misma melodía: las primeras notas de una canción de Soda Stereo. Por un momento pensé que los dos se habían puesto de acuerdo sin que yo los viera, mientras estuve hablando por teléfono afuera de la tienda.

Estuve disfrutando de ese improvisado dueto por unos cuantos minutos, hasta que los dos dejaron de tocar a la vez. Gonzalo me miró diciendo con los ojos "¿nos vamos?", a lo que yo asentí con un movimiento de la cabeza. Caminé dos pasos, hasta que me percaté de que Gonzalo no estaba a mi lado. Me voltée y lo vi dándole la mano al señor de la batería, quien desde ahí me saludó. Yo correspondí el saludo.

Ya afuera de la tienda, me contó que el señor se había acomodado en la batería, se había quedado escuchando lo que él tocaba y lo había seguido en el ritmo de manera espontánea. A mí me encantó el detalle. Creo que a Gonzalo también.

Regresamos caminando a la casa, con lo que terminamos de psar juntos juntos a través de otro momento mágico por el que tengo que dar gracias.
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Imagen de la guitarra y de la batería tomadas de Google Images.

PD: sugiero ver el comentario de Lina.

10 comentarios:

  1. realmente mágico!

    qué canción era?

    un abrazo! y otro a Gonzalo!

    PS: no sería posible sacar la verificación de palabra?

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  2. Quiza falta aclarar que Gonzalo tiene 14 años, es aficionado a la musica y es de una seriedad tal vez impropia para su edad, cuando se refiere a relacionarse con otra gente, sobre todo gente mayor.

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  3. Si, Marcela tendrá su propia sección pronto.
    No recuerdo exactamente qué canción era, le preguntaré a Gonzalo.
    Habló la abuela... ya está puesta una llamada al comentario aclaratorio.

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  4. La canción debe haber sido Música Ligera, que es la que sabe.
    Me hubiera encantado estar en ese momento, pero quizá no habría sido tan mágico para la autora...

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  5. Y ahora habló la mamá...
    Yo no creo que hubiera sido así, Ana Cé.
    En cuanto a la canción, me parece raro no recordarla porque prácticamente conozco todas las de Soda Stereo. Pero si Ana Cé dice que es Música ligera porque es la que Gonzalo sabe, esa debe ser.

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  6. Es que estos momentos le dan una emoción especial a la vida de alguien tan joven y hace que uno disfrute al verlo. Son esas cosas que uno no se olvida por más simple que parezca. Creo que todos tenemos este tipo de recuerdos que en ese momento nos hicieron tan felices.
    Besos
    Katia

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  7. Difícilmente me olvidaré de este episodio, Katia. Más bien qué pena no haber podido registrarlo de otra manera, además de la memoria.

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Gracias por leerme... y más aun por dejarme tu tarjeta de visita. Nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar la blogósfera.