jueves, 13 de marzo de 2008

Mar y cielo, en femenino

"Tiene tu pelo", fue lo primero que me dijo mi hermana el 27 de setiembre de 2007, cuando asomé la cabeza en su cuarto de clínica, pocas horas después del nacimiento de Marcela.

Tres simples palabras, que en nuestra familia significan tanto. Cuenta la leyenda familiar que tu abuelo se asomaba a mi cuna y me decía eso, regálame tu pelo... él, con su abundante e indomable melena, envidiaba mis ondas.

Y mira tú, dicen que tienes mi pelo, el que tu abuelo envidiaba. El abuelo del que te hablaremos para que lo conozcas y lo quieras, porque él a ti ya te conoce y te quiere.

Cuando te cargué por primera vez vi algo que nadie había percibido: tu diminuta barbilla partida, signo inequívoco de tu papá y de Claudia. No debe haber habido padre más feliz que él cuando le dije: "oye, mira, heredó tu barbilla partida".

Dos días después, ya en tu casa, me tenías cambiando tu primer pañal.

Ahora te veo sentadita. Te cargo y me sonríes mostrándome tus dientazos. Te carcajeas cuando me oyes entonar torpemente eso de "te quiero yo, y tú a mí". Porque te quiero, ¿sabes? Y mucho.

Algún día leerás esto.

Y algún día te contaré de cómo tu mamá me anunció que tenías mi pelo, de cómo le anuncié a tu papá que sacaste su barbilla, de cómo fue tu primer cambio de pañal (un poco caótico, para qué mentirte). Te contaré historias, como lo he hecho tantas veces con tu primo Gonzalo. Escribiremos tu propia historia. Responderé tus preguntas, que ojalá sean muchas, y espero tener siempre la respuesta a la mano.

Te contaré también que cada vez que puedo te asomo a la ventana, porque te encanta ver pasar los carros por la calle. Y de la vez en que te llevé a pasear en tu coche, haciendo malabares para que el sol no te diera de lleno en la cara.

De cómo la casa queda oliendo deliciosamente a Marcela cada vez que nos visitas. Y de tus "llamadas" telefónicas en cualquier momento del día, que algún día serán conversaciones reales.

Sobre todo, te contaremos todos de Tito, de la tía Angelita, del abuelo (el que quería mi pelo) y de lo importantes que son todos ellos en nuestras vidas de todos los días.

Marcela...

Mar y cielo, en femenino.

5 comentarios:

  1. La perpetuación y el cambio, lo mismo pero en otro. Reconocerse en lo propio y en lo ajeno. Ahh si hasta me dan ganas de tener una hija más.. jajaja

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  2. Marcela me ha dicho que quiere pasear en coche contigo por el malecón y en Larcomar... Gracias por quererla tanto.

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  3. Como no querer a ese pedacito de cielo en la palma de la mano.

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  4. Hola de nuevo Gabriela, me encuentro acá recorriendo y emocionándome con lo que escribes en tu blog. Y conociendo a Marcela, mi tocaya, nacida en el mismo día que mi abuela Pena pero 103 años después. :), y conociendo a la tía Angelita, como si una amiga me contase de su familia. Y tus recuerdos y relatos me llevan a mis recuerdos, a mis tías abuelas, a tantas historias de familia criolla. Y no puedo decirte otra cosa que gracias, y que suerte que tiene aquella Marcela!
    Un beso desde Argentina,
    la otra Marcela

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Gracias por leerme... y más aun por dejarme tu tarjeta de visita. Nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar la blogósfera.