Muchas veces siento que eso de "el cliente siempre tiene la razón" no es más que una linda frase para tener colgada en un cuadro y nada más. Como consumidora, más de una vez, más veces de las que me hubiera gustado, me he sentido la quinta rueda del coche.
Hace algunos meses, compré una chompa en una tienda por departamentos. Cuando me la probé, no me quedaba bien (¿por qué será que eso no lo notamos en el probador de la tienda?) así que decidí cambiarla. Regresé a la tienda con el comprobante de pago original, más la chompa y en la puerta me dijeron que fuera a la Central de Cambios.
Hasta ahí, podemos decir que todo iba bien.
Llegué a la Central de Cambios, expliqué la situación a la señorita que atendía, le presenté el comprobante y ella me pidió mi DNI.
- ¿Para qué mi DNI? El pago lo hice con efectivo, no con tarjeta.
- Para todo cambio, se debe presentar el DNI de la persona que hace la devolución.
- Y eso, ¿dónde dice?
Con indiferencia, me señaló un papel pegado en la pared, no más grande que un papel tamaño A-4, que con una letra minúscula enumeraba los requisitos para los cambios. Tuve que acercarme para leerlo y, efectivamente, consignaba la obligación de mostar el DNI de quien hacía el cambio. Al costado, en un papel del doble del tamaño y con unas letras enormes, saltaban a la vista las palabras "LOS CAMBIOS DEBEN SER HECHOS DENTRO DE LOS SIETE DÍAS DE LA COMPRA".
- Señorita -le dije-, ¿no le parece que este aviso tendría que estar al lado de las cajas para que los clientes los veamos al momento de comprar y sepamos qué hacer en caso de querer cambiar lo comprado?
- ...
- Además, ¿no le parece que ese cartel que me acaba de enseñar debería tener las letras más grandes? Por ejemplo, iguales a las que menciona los siete días.
- ...
- Por favor, quiero hablar con su supervisor.
- Está bien, le daré el ticket para que haga su cambio. Pero, por favor, para la próxima vez traiga también su DNI.
Lo gracioso es que yo tenía mi DNI.
Ese es un ejemplo. También están las dos situaciones de las que ya hablé con anterioridad. Por no hablar de las veces en que tengo que ver cómo dos o tres vendedores conversan en medio de risotadas mientras pregunto "¿alguien atiende?", sin que nadie me haga el más mínimo caso.
¿No se supone que las empresas tienen por consigna la calidad total? ¿Completa satisfacción o la devolución de su dinero?
Exactamente, como la quinta rueda del coche.
Hace algunos meses, compré una chompa en una tienda por departamentos. Cuando me la probé, no me quedaba bien (¿por qué será que eso no lo notamos en el probador de la tienda?) así que decidí cambiarla. Regresé a la tienda con el comprobante de pago original, más la chompa y en la puerta me dijeron que fuera a la Central de Cambios.Hasta ahí, podemos decir que todo iba bien.
Llegué a la Central de Cambios, expliqué la situación a la señorita que atendía, le presenté el comprobante y ella me pidió mi DNI.
- ¿Para qué mi DNI? El pago lo hice con efectivo, no con tarjeta.
- Para todo cambio, se debe presentar el DNI de la persona que hace la devolución.
- Y eso, ¿dónde dice?
Con indiferencia, me señaló un papel pegado en la pared, no más grande que un papel tamaño A-4, que con una letra minúscula enumeraba los requisitos para los cambios. Tuve que acercarme para leerlo y, efectivamente, consignaba la obligación de mostar el DNI de quien hacía el cambio. Al costado, en un papel del doble del tamaño y con unas letras enormes, saltaban a la vista las palabras "LOS CAMBIOS DEBEN SER HECHOS DENTRO DE LOS SIETE DÍAS DE LA COMPRA".
- Señorita -le dije-, ¿no le parece que este aviso tendría que estar al lado de las cajas para que los clientes los veamos al momento de comprar y sepamos qué hacer en caso de querer cambiar lo comprado?
- ...
- Además, ¿no le parece que ese cartel que me acaba de enseñar debería tener las letras más grandes? Por ejemplo, iguales a las que menciona los siete días.
- ...
- Por favor, quiero hablar con su supervisor.
- Está bien, le daré el ticket para que haga su cambio. Pero, por favor, para la próxima vez traiga también su DNI.
Lo gracioso es que yo tenía mi DNI.
Ese es un ejemplo. También están las dos situaciones de las que ya hablé con anterioridad. Por no hablar de las veces en que tengo que ver cómo dos o tres vendedores conversan en medio de risotadas mientras pregunto "¿alguien atiende?", sin que nadie me haga el más mínimo caso.
¿No se supone que las empresas tienen por consigna la calidad total? ¿Completa satisfacción o la devolución de su dinero?
Exactamente, como la quinta rueda del coche.











