lunes, 24 de marzo de 2008

El placer robado

Me gusta caminar, y me gusta caminar por las calles de Lima.

Lo malo es que últimamente eso parece una misión imposible. Y no me refiero a los señores de transporte público (taxistas y choferes de combis) que están permanentemente al acecho de cualquier viandante para trastornarlo a punta de bocinazos como si así los (nos) convencieran de subirnos a su vehículo. No, yo me refiero a las obras que inundan mi ciudad en las últimas semanas.

Las primeras cuadras de la Av. Arequipa, una de las vías de entrada y salida del Centro, están cerradas en el sentido que va del Cercado a Miraflores. Vías alternas (frase de nuestra habla cotidiana), la Av. Arenales, Salaverry y Brasil. Ya se imaginarán lo que es llegar a las vías alternas. Igual suerte correrá el sentido inverso cuando terminen esta primera fase.

Las últimas cuadras de la misma Av. Arequipa... también cerradas. Y ahí sí en sus dos sentidos. Vias alternas: Petit Thouars, Atahualpa, Paseo de la República, y las que la imaginación de los conductores encuentre.

Ahora que menciono Paseo de la República, hace más de un año nos dijeron que iban a cerrar el pase de las unidades de transporte público por la Vía Expresa... por 10 meses. Todos los tremendos buses que van por debajo de la avenida, pasan ahora por la parte de arriba. El recorrido que antes tomaba 10 minutos, ahora con suerte nos toma el triple. Y lo más irónico es que nunca veo trabajadores avanzando en las supuestas obras que ya tienen dos meses de atraso.

Además, a finales de diciembre el alcalde de Miraflores tuvo la genial idea de refaccionar las primeras cuadras de la Av. Ricardo Palma. Los que conocen Lima, saben muy bien el movimiento comercial que esa zona soporta. ¿Se imaginan que al ajetreo navideño, con lo pesado que ya es, se le sume el hecho de que una avenida tan recorrida esté cerrada? Y hoy me enteré de que en esos días, una señora tuvo una fea caída a causa de los "escombros". Yo misma casi me fui de cara una vez por pisar una piedra.

Y eso que las avenidas cerradas que aquí menciono no son ni la décima parte de todas las que tienen el paso interrumpido por alguna obra, refacción, mejora o el nombre que le den a la circunstancia que motiva su cierre.

Si caminas por una calle estrecha, los taxistas te toman por una presa que debe ser acechada, perseguida y cazada. Y eso que ni los miro para evitar este tipo de situaciones.

Si vas por una avenida ancha, los cobradores te preguntan (algunos con mucha insolencia): "habla, ¿vas?", o peor, "¿hasta dónde vas?"... y la mitad de la gente no tiene ni la más mínima intención de subir a sus vehículos.

Como ven, me han robado el placer de caminar. Simplemente, ya no se puede.

Si manejas, tendrás mucha suerte si encuentras una vía fácil que no se le haya ocurrido antes a cientos de otros conductores que buscan por dónde llegar a su destino.

Dicen que unos meses de sacrificio a cambio de la modernización de Lima bien valen la pena. Espero que valga la pena.

Ojalá.

Porque Lima bien vale (más de) una misa... y meses de tránsito caótico.

2 comentarios:

  1. Hola Gaby, bueno, y para variar, los policias de transito hacen todo por ayudar pero terminan empeorando el transito, mejor como hacen en japon, que pongan unos monigotes electricos con unos brazos señalando por donde es el desvio.

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  2. jajaja, que terrible lo de los taxistas, no me lo hubiese imaginado que acosaran a alguien así.

    Por otro lado en todos lados se cocen habas decimos en mi tierra, tu post me hizo recordar mi ciudad (San Luis Potosí, México) hace unos meses antes de que entrara en funcionamiento las nuevas carreteras. Un caos total, los camiones (bus, colectivo) no sabían ni por donde ir y tardabas años en llegar a tu casa.
    Terrible en verdad pero bueno, ya que está terminado el asunto, dices generalmente por lo menos valió la pena, ojalá haya sido también allá.

    Saludos desde México. Hilda

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Gracias por leerme... y más aun por dejarme tu tarjeta de visita. Nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar la blogósfera.