lunes, 8 de diciembre de 2014

Recordando a un tamborilero

Comenzó diciembre, y durante el mes, reproduciré las entradas publicadas en diciembres de años anteriores, en una compilación navideña para cerrar el año. A todos, ¡feliz Navidad!

La primera se tituló El tamborilero, y narra una anécdota muy real de lo que pasa cuando un grupo de muchachos quieren ser más vivos que su profesor.
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El camino que lleva a Belén
baja hasta el valle que la nieve cubrió
Los pastorcillos quieren ver a su rey,
le traen regalos en su humilde zurrón
ropopopón, ropopopón, ropopopón.
Ha nacido en un portal de Belén
el niño Dios.
Yo quisiera poner a tus pies
algún presente que te agrade, señor.
Mas tú ya sabes que soy pobre también
y no poseo más que un viejo tambor
ropopopón, ropopopón, ropopopón.
En tu honor frente al portal tocaré, con mi tambor.
El camino que lleva a Belén
yo voy marcando con mi viejo tambor.
Nada mejor hay que te pueda ofrecer
su ronco acento es un canto de amor
ropopopón, ropopopón, ropopopón
Cuando Dios me vio tocando ante él, me sonrió.


Cada vez que escucho este conocido villancico navideño recuerdo una historia que ocurrió hace años, cuando estudiaba francés.

El grupo estaba compuesto de una serie de alborotados adolescentes y una cantidad casi igual de adultos. Cuando lo miro en retrospectiva, la algarabía que armábamos en el salón debe haber sido más que molesta para los grandes que se veían obligados a compartir la clase con nosotros.

Una de las alumnas del grupito estudiaba en un colegio donde enseñaban francés. Asistía a las clases como un refuerzo a lo aprendido en el colegio. Probablemente no sería una alumna muy destacada si necesitaba refuerzos. Pero todos los demás la teníamos casi como central de consultas, pensando que sus conocimientos eran mayores a los del resto.

Un día, nuestro profesor nos dejó solos en el salón por unos minutos. Nos pidió que en su ausencia escucháramos una canción y que tratáramos de sacarle la letra. Dejó la canción puesta y salió. Los primeros acordes eran inconfundibles: todos reconocimos al tamborilero que se iba a Belén. Y nuestra certeza se vio confirmada cuando la alumna del colegio francés prácticamente nos dictó la letra línea por línea.

Al rato regresó el profesor. Nos preguntó si habíamos cumplido con la tarea, y en coro todos le hicimos un desordenado resumen de la canción. El profe debe haberse aguantado las ganas de reír... o de llorar, no sé. Es que la letra en francés es muy diferente. No habla de Belén, ni del niño Dios. Tal vez el único punto en común sea la presencia de un pequeño tamborilero.

Por el camino parapampampam
va un pequeño tamborilero parapampampam.
Siente su corazón que late parapampampam,
al ritmo de sus pasos
parapampampam, rapampampam, rapampampam.
¡Oh! pequeño niño pamrapampam, ¿a dónde vas?
Ayer mi padre pamrapampam
Siguió el tambor... El tambor de los soldados...
Y yo me voy al cielo...
Quiero ofrecer, para su regreso, mi tambor.
Todos los ángeles... tomaron sus bellos tambores...
Y dijeron al niño... "Tu padre está de vuelta..."
Y el niño despertó... sobre su tambor.

20 comentarios:

  1. Graciosa historia. Pero lo importante es que esa melodía y ese tamborilero nos recuerdan inevitablemente a los pastorcillos y a la Navidad. FELIZ NAVIDAD.

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    1. Claro, esta canción es casi un sinónimo de Navidad, pero el tamborilero francés es muy diferente.

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  2. Jajajaaa... Pasmaó se quedaría !! Muy graciosa su letra
    Ese villancico ya es todo un clásico en navidad.
    Un beso.

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    1. Pasmado de frustración. Pobre profe, nos tenía mucha paciencia, y bien fastidiositos que éramos.

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  3. A fraude foi facilmente desmascarada! Logo, o crime não compensa!
    Beijo

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    1. Sí, no nos duró ni cinco minutos la satisfacción por un trabajo muy mal hecho.

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  4. El viejo dicho de que en el país de los ciegos el tuerto es rey, cobra vigencia con la actitud de esa niña que se ufanaba de sus conocimientos del idioma francés, pero en este caso quedó al descubierto su engaño.Imagino que tras "el descubrimiento" debe haber querido ser tragada por la tierra.

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    1. Ahora que lo mencionas, Esteban, por más que trato, no recuerdo qué explicación nos dio luego de verse cogida en falta. Pero recordándola a ella, no creo que se haya hecho muchos problemas.

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  5. Jajajaja!! Muy divertida la anécdota.
    Te deseo un feliz mes de diciembre y una felicísima Navidad. Estos días recuerdo especialmente a mi familia de Lima y me gustaría que no estuviéramos tan lejos.
    Un abrazo enorme desde Barcelona.

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    1. Llegará el momento en que se reúnan otra vez, Nica, no lo dudo.

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  6. Aunque sea de guerra, es bonita también la versión francesa, y navideña :-) Gabriela, felices días.

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    1. Un poco triste en algún punto, Milena. Bueno, es una canción de guerra.

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  7. Hola guapa, aquí estoy de nuevo.
    Tu compañera necesitaría refuerzo pero de tonta no tenía un pelo, jajaja. Vaya traducción que hizo!!!! Se esforzó lo más grande.

    A mí me encanta esta canción y me encanta Raphael...

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    1. No, no era ninguna tonta. Lo más gracioso es que a partir de la publicación de esa anécdota, me decidí a buscarla y la encontré.

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  8. Una anécdota muy divertida. No conocía la versión francesa que es un poco triste. Feliz Navidad Gabriela. Un abrazo fuerte

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    1. Es triste, María Jesús, pero el final está lleno de esperanza.

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  9. Me ha gustado mucho esta anécdota de las dos versiones de un villancico que tenemos tan asociado a la Navidad. El sonido es solemne y melancòlico, pero la versiòn francesa es muy interesante y parece un cuento bélico con final feliz.
    Qué espabilada tu amiga, imagino al profesor aguantando la risa

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    1. O el llanto, Chusa. Como profesora, tal vez lo entiendas más que el resto de nosotros.

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Gracias por leerme... y más aun por dejarme tu tarjeta de visita. Nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar la blogósfera.