viernes, 7 de diciembre de 2012

Por eso no tengo un smartphone

Dos muchachos caminan juntos por la calle en dirección contraria a mí. Asumo que son amigos, aunque no se hablan ni interactúan. Cada uno está pegado a una pequeña pantalla, que tiene puesta frente a sus ojos. Veo que sus dedos viajan velozmente por encima de unas teclas que parecen cabezas de alfiler. Ni siquiera miran la calle por donde caminan. Lo que escriben con esas teclas mínimas debe ser sumamente importante.

Una mujer y una niña van por la calle. La niña no tiene más de cinco años, pero prácticamente está caminando sola por una transitada avenida miraflorina. La mujer que la acompaña, presumiblemente su mamá, no le presta atención. Está concentrada en una pantalla, atenta a sus dedos que recorren ágil y diligentemente teclas que parecen cabezas de alfiler. Muchas de las personas con las que se cruzan, atentas a sus propia cabezas de alfiler, empujan a la niña a cada paso. Pero la mujer que la acompaña tiene asuntos más apremiantes que atender.

Una muchacha hace compras en un autoservicio. Al menos, es lo que parece, pues tiene un carrito de compras con algunos artículos adentro. Pero está detenida hace rato, en medio de las botellas de aceite. No está escogiendo la marca que llevará, ni siquiera está mirando el aceite. Está muy distraída escribiendo con esas teclas que parecen cabezas de alfiler. Mientras tanto, los otros clientes que quieren comprar aceite no tienen cómo acceder a las diferentes botellas para comparar los precios y escoger libre y cómodamente.

Un muchacho está en la caja del mismo autoservicio. Tiene pocas compras, que acomoda rápidamente sobre la faja transportadora. Ignora el saludo de la atenta cajera, que lo saluda con una sonrisa. Como el hombre de negocios de El Principito, es una persona muy ocupada y no puede despegar la vista de las teclas que parecen cabezas de alfiler. Menos para responder un amable saludo.

Una pareja está en el cine. Es ese momento de silencio que hay antes de que se apaguen las luces. Están conversando animadamente. Hasta que un zumbido suena dentro de la cartera de ella, que saca un aparatito y lo empieza a mirar detenidamente. Un segundo después, sus dedos vuelan sobre teclas que parecen cabezas de alfiler, mientras ríe casi para sus adentros. Se acabó la animada conversación. El hombre se queda mirando el techo del cine, hasta que la luz se apaga completamente. La pequeña pantalla que está a su costado se queda encendida un rato más.

Me gusta tener el control de mi teléfono, y no que el teléfono sea el que tenga el control.

Por eso, no tengo un smartphone.

41 comentarios:

  1. Saludos de USA
    Gabrielita, esta es la droga mas
    aditiva del siglo 21.Nada podemos
    hacer, para mejorar esta situaciom.
    Te quiero.
    Cotiti.

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    1. Creo que si podemos hacer algo, Consuelo. No tener un smartphone, por ejemplo.
      :D

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  2. Pues ya somos dos amiga! Y eso que mi pareja me está dando la cara todo el día...

    Además, juro que en una casa he visto a tres personas sentadas frente al tv: dos de ellas con un teléfono y otra con un iPad conversando entre ellas a través de los aparatos... Sin palabras...

    No se dónde vamos a ir a parar!

    Un beso

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    1. Yo también he visto eso, Marta. Ni siquiera cuando se ríen se miran.

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  3. Yo,por tus mismas razones les tengo un rechazo muy grande a esos aparatos del averno.

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    1. Creo que todo tiene un límite. Está bien contar con uno que otro, pero no que dejemos que nos aíslen del mundo.

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  4. Bieeennnn yo tampoco lo necesito...Y no dependo de él:))
    Tengo un teléfono según dicen es de 1ª generación, lo será porque es el primero que tuvo Paco y lo heredé yo, no necesito ninguno más y mira que "mis niños" están empeñaitos en que lo cambie, para qué? si funciona estupendamente.
    Lo utilizo sólo cuando salimos de compras y nos separamos.
    Los ejemplos que pones están por todas partes, ves a la gente con tocando las teclas con una velocidad asombrosa. Un vicio más del consumismo. Y como presumen enseñando el último modelo.
    Buen fin de semana.
    Un beso

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    1. Ciertamente, hay gente que se desespera si no tiene el último modelo, Laura. Y además, lo tiene que tener el mismo día que sale a la venta. ¡De locos!

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  5. Creo que llegará el día, Gaby, en que no habrá más opción que tener uno, pues no habrá de otro tipo en el mercado. Lo importante es que no nos controle, en eso llevas la razón, pero hay que ver lo adictivo que es.
    Besos

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    1. Me temo que a eso vamos, AleMamá. Llegado el momento, habrá que seguir teniendo el control del teléfono y no al revés.

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  6. No lo pedi, pero mis hijos pensaron que era tiempo de desburrarme y me han comprado un smartphone: "mami, sientate con el unas dos horas para que te acostumbres". ja! Esta todavia en su caja... no he sacado ni la cinta. Te contare mis desventuras.

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    1. ¿Y cómo te "acostumbras"? ¿Mirándolo, leyendo las instrucciones? Ya nos contarás cuando lo saques de su caja.

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  7. Bueno, todo a su tiempo. Nada puede volver atrás, y no sabemos que más vendrá para las nuevas generaciones.

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    1. Eso es cierto, Acirema, pero no es cosa tampoco de dejarse arrastrar por las novedades.

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  8. Gabriela, tener un smartphone te incita a costumbres horribles como esas que mencionas. Yo tengo uno desde hace menos de un año, y en ocasiones (muy raras) me olvido del mundo ignorando a las personas con queienes estoy (confieso que en alguna ocasión lo he hecho, pero poco tiempo). Me parece un invento muy bueno, pero debemos ser respetuosos con nuestra gente. A mí personalmente me parece de muy mala educación contemplar la "belleza" de un smartphone e ignorar a nuestro acompañante(a. Hay que usarlo con sentido común.

    Abrazos.

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    1. No niego que es un invento muy bueno, Antonio. Lo malo es cuando, como bien dices, pasamos a tener mala educación gracias a este invento.

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  9. Yo pienso como tu, pero debemos parecer extrañas y antiguas, el smartphone domina el mundo.

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    1. Lo que hay que evitar es que dominen a la gente, Doris.

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  10. Puede ser absolutamente absorbente si lo permites... tienes toda la razón.

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  11. Tampoco lo tengo ni pienso comprarlo en el corto plazo. Creo que la esclavitud se abolió hace muchos y no quisiera regresar a esa épocas.

    =(

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    1. Qué reconfortante saber que no soy la única con esa percepción, Renzo. Esclavitud es la misma palabra que uso al referirme a un smartphone.

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  12. Buenìsima entrada querida Gabriela. Yo también soy un bicho raro pues tampoco tengo un smartphone, mi celular es prehistòrico casi, pero de momento no lo cambio.
    No se le escapa nada a tu aguda mirada, jeje.
    Un abracito veneciano de nieve,
    Chusa

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    1. El mío no es prehistórico, pero tampoco lo cambio, Chusa.

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  13. Por aquí pasa lo mismo, la gente va atenta a su móvil, distraida y sólo atenta a él pisando cualquier porquería que encuentraa su paso.
    Besosss

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    1. Mientras no le den un pisotón a un niña como la de la historia, se puede decir que se lo buscaron, Norma.

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  14. Hola Gabriela,

    Tengo un smartphone... último modelo pero no soy "esclava" de él. Por estos lares, sin querer queriendo, terminas comprando lo "último".
    A decir verdad, no uso ni el 10% de las funciones que tiene porque leer el manual de instrucciones me produciría tremendo dolor de cabeza.

    Años atrás pasaron un infomre médico que trataba del alto número de personas que padecían de inflamación, con dolor, de las articulaciones del dedo pulgar debido al contínuo uso del dedo en las... "teclas que parecen cabezas de alfiler".

    Muchos saludos.

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    1. A eso me refiero, Cris, a no dejarse esclavizar por el dichoso aparatito. Una cosa es hacer buen uso del smartohone, otra muy diferente dejar que nos capture las 24 horas del día.

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  15. Creo que es como todo. Ahora es lo que está de moda y todo el mundo lo usa y abusa de él.
    Tenemos que poner las cosas en su sitio. Pero también te digo que si alguien me dice hace veinte años que yo iba a dejar de ver radicalmente la televisión, lo hubiera llamado loco.
    Creo que son modas, luego las cosas encuentran su sitio justo.
    Besazo

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    1. De la misma manera hubiera yo llamado loco al que me dijera que, con un aparato que entra perfectamente en el bolsillo, iba a poder hablar a Australia mientras camino por una calle limeña.
      De locos, Dolega.

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  16. Ayyy, por desgracia alguna vez me he visto en situaciones parecidas a las que describes. Afortunadamente, me he dado cuenta antes de que me haya desbordado y está todo en orden pero, ¡qué fuerte, es una auténtica adicción!

    Lo que sí es preocupante es que si esto le pasa a una mujer hecha y derecha, que es consciente de lo que hace... Cuánto puede influir en un niño o en un joven.

    Un beso guapa, gracias por las imágenes tan acertadas que nos presentas.

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    1. Coincido en que, si la dejamos desbordarse, puede convertirse en una adicción, Laly.

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  17. Hola Gabriela, yo tampoco tengo un smartphone, el teléfono que uso se apaga a los dos minutos de mi salida del trabajo, es el tiempo que le doy de gracia para que alguien tenga la oportunidad de molestarme.
    La verdad es que la gente cada vez expone más su vida privada, o ¿será que no tienen vida privada?
    Tiene parte buena como la facilidad de relacionarse como tu bien dices con Australia mientras caminas y por otra parte, que no puedas caminar sin que en Australia se enteren.
    Besos amiga, "corto y cambio" .

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    1. Creo que hay gente que ha perdido el límite de lo público y lo privado, Fernando. Mira nomás todo lo que se publica en Facebook.

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  18. ¿Se imaginan dentro de algunos años cuando saquemos un mini aparato del bolsillo, para leer el pensamiento de nuestro acompañante?

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    1. Ese es un escenario de terror, Esteban. Ojalá no llegue.

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  19. Es como si en vez de comunicarnos, nos incomunicásemos...
    O quizás la comunicación avanza por otros derroteros...
    Pero desde luego, no hay que perder las formas y la educación.

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    1. Si eso pasa en tiempos de la hipercomunicación, Milena, es que algo no está bien.

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  20. Siendo la única opción para comprar o la que nosotros seleccionamos, lo importante es que no lo controlemos. Las cosas no tienen la culpa, somos los seres quienes las usamos y debemos aprender a hacerlo.

    En lo particular sigo prefiriendo mi ladrillito (así le llaman a los celulares viejos) que solo manda mensajes y hace llamadas :D

    saludos. Hilda

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    1. Claro, Hilda, y hay gente para todo: aquellos que no se dejan controlar por la tecnología, aunque tengan la última versión de todo, y los que creen que la vida depende de estar a la última moda. Prefiero estar en el primer grupo.

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  21. Y no estás sola amiguita, muchos te acompañamos ahí, el primer grupo es lo más sano :)

    saluditos. Hilda

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