martes, 7 de agosto de 2018

El smoking

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La gran final del concurso de belleza se iba a realizar en un teatro de la capital y sería transmitida a nivel nacional. El joven presentador de televisión fue designado para ser el maestro de ceremonias, y ya se habían ensayado todos los detalles. Con ese fin le enviaron a su casa el smoking que debía vestir la noche de gala.

Llegada la fecha, y con el tiempo necesario para ir al teatro, el joven presentador de televisión comenzó a acicalarse. Sacó el smoking de la caja, la camisa blanca con la pechera adornada, el fajín de seda para la cintura y la corbata michi. Pero al momento de vestirse observó algo extraño: los dos lados de la camisa tenían ojales y ningún botón. Buscó por todos lados, no había botones en la caja. No podía imaginar cómo se cerraba una camisa que tenía solo ojales en los dos lados de la pechera.

No había caso. Alguien había olvidado colocar en la caja los ganchitos adornados que, al juntar los ojales en la pechera, cerraban la camisa.

Fue un momento de desaliento. No había tiempo para salir a buscar los benditos ganchitos. No había cómo cerrar la camisa. No había forma de solucionar un problema que parecía tan mínimo, pero con grandes consecuencias, como no poder lucir el smoking para la noche de gala.

La solución vino de la esposa del joven presentador de televisión, que felizmente no era ajena al arte de la costura. Ella buscó un vestidito de su pequeña hija de dos años, que tenía una hilera de botoncitos negros adornados con un puntito brillante. Uno por uno sacó los botoncitos y los fue colocando en la pechera de la camisa que el joven presentador de televisión tenía ya puesta. Ahí sí los dos ojales cerraron juntos. Con paciencia y buen humor terminó su tarea, cosiendo con calma botón por botón, cuidando de no pinchar al joven presentador de televisión durante la tarea. Todo quedó perfecto. Nadie sospecharía que algo raro había sucedido.

Cuando llegó la hora del esperado programa y comenzó el concurso, sonaron las fanfarrias, se levantó el telón. Del fondo apareció la figura del joven presentador de televisión. En medio de aplausos llegó al centro del escenario y comenzó el programa. Todos pudieron verlo elegantemente vestido con smoking, el fajín de seda en la cintura, corbata michi y una hilera de botoncitos negros adornados con un puntito brillante en la pechera.

14 comentarios:

  1. "Todo está bien si termina bien"
    Bonita historia. Lo importante es no perder la calma y salir con bien del apuro.

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    1. Felizmente había una niñita con un vestido adecuado también.

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  2. Las mujeres somos, casi siempre, capaces de tapar agujeros...jejej! Como los magos sacamos algo de la galera.
    Besos Gabriela

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  3. Cuando se presenta el problema, de algún lado aparece la solución. Todo es cuestión de buena voluntad e imaginación. Me gusto la historia.

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    1. Qué bien por ese ingenio de la habilidosa esposa. Sin duda, es una persona excepcional.

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  4. Que ingenio de la esposa, porque si no otro hubiera sido el final. Aplausos a las esposas ingeniosas!!!

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    1. Y con un programa de televisión en vivo, hay cosas que no pueden quedar sin resolverse.

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  5. Por supuesto la historia tuvo un final feliz, Gabriela...como todas las que descubres, "reporteas" y destacas, con honor y simpatía. Es un nuevo estilo de narración al que bautizo como "las gabrieladas".

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    1. Me haces acordar a cómo llamo a las genialidades, buenas y de las otras, de mis sobrinos: gonzaleadas y marceladas.

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  6. Me gustó esta historia pues aunque hay apuros del momento siempre, con la inteligencia y el amor de esa esposa salió la solución.
    Un abrazo.

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    1. Felizmente esta mujer logró encontrar una solución rápida y efectiva.

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  7. Ese joven presentador era el gupisimo de tu papi? ;) me encantan tus relatos

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    1. El mismísimo. Es lindo ver que todavía lo recuerdan con bonitas palabras.
      :D

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