viernes, 18 de agosto de 2017

Después no se quejen

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Hace algunos años, viajaba yo en una unidad de transporte público limeño que todos conocemos como combis. En estas unidades, es habitual que al chofer lo asista o ayude un cobrador que, como su nombre indica, es el encargado de cobrarles la tarifa a los pasajeros. Otra de sus funciones es decir la ruta del vehículo a viva voz, sobre todo cuando la luz del semáforo hace que el vehículo haga una pausa en su recorrido.

Debo decir en este punto que los cobradores son personas de muy bajos recursos. Por lo general son muchachos, pero a veces nos podemos encontrar con personas un poco mayores en este duro trabajo. A veces hasta mujeres. Yo he visto cobradoras embarazadas. Estos cobradores no solamente deben ir parados prácticamente todo el tiempo, sino que muchas veces deben enfrentar a pasajeros enfurecidos que les hablan con aire de superioridad. Gente así se encuentra en todas partes, tristemente.

A pesar de lo anterior, la gran mayoría de cobradores con los que me he cruzado en mi vida son amables, muy educados dentro de su sencillez y dispuestos a ayudar a quienes viajan en sus unidades.

Esa vez, el trayecto se cumplía de manera normal. Todo iba sin contratiempos, la gente subía y bajaba sin problemas. El cobrador recibía las monedas con que la gente pagaba. Contestó con una sonrisa a un señor que le preguntó dónde debía bajarse y cuánto faltaba para llegar.

Así íbamos avanzando hasta que una señora indicó que se bajaba en el siguiente paradero.

Cuando ya llegamos al lugar y el chofer frenó, la mujer se levantó y se aprestaba a bajar. Parado en el suelo, el cobrador estiró la mano hacia la señora. Su intención era darle apoyo mientras ella bajaba a la calle. Desde hacía rato que lo hacía con otros pasajeros.

Al ver la mano que el cobrador le ofrecía, la mujer retiró su mano  de manera violenta y dijo en un tono sumamente desagradable: "saca tu mano cochina, no te voy a agarrar". Y así, sola, se bajó, indignada por el atrevimiento que acababa de sufrir. Yo la imaginé contando a quien quisiera oírla: "imagínate, el hombre me ofreció su mano sucia... ¡habrase visto!".

Pocas veces en mi vida he visto la Tristeza, así con mayúsculas, reflejada en los ojos de alguien. El mismo muchacho que minutos antes respondía con sonrisas al recibir un pago o contestaba amablemente a quienes le preguntaban dónde bajar para ir a tal o cual lugar tenía la mirada apagada. Me conmovió verlo tan afectado.

Desde su lugar, el chofer le preguntó qué había pasado, y el muchacho le contestó con una voz de humillación absoluta, muy diferente a la que le había oído apenas segundos antes: "la señora no quiso recibir mi mano, dice que está cochina".

Más allá de saber si el cobrador tenía o no las manos sucias, me pareció terrible el tono y el desprecio de esta mujer. Con decirle: "no gracias, no te preocupes", hubiera bastado.

Que después no se quejen con frases como "antes, los jóvenes eran educados".

22 comentarios:

  1. yo uso casi a diario las combis y como por regla general no puedo sarme impulso para subir,siempre es EL COBRADOR quien me ayuda tanto para subir como para bajar o sea...bravo por los gentiles cobradores

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    1. Bien por esa actitud, tan diferente de la señora malagradecida de esta historia.

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  2. Prepotentes y desubicados nunca faltan, Gabriela.

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    1. Por acá es famosa la ubicaína, producto de la imaginación de un programa cómico. Sería bueno que existiera de verdad.

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  3. Seguro que esa señora (por llamarla de alguna manera) no le llega ni a la suela del zapato como decimos aquí a ese chico. Pobre mujer...

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    1. Seres como esa mujer son lamentables. Realmente, había más humanidad y educación en el sencillo muchacho que en ella, con todas sus elegancias.

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  4. Que ttisteza! Infelizmente existem pessoas arrogantes, mal educadas e profundamente estupidas. Nesses momentos sinto uma imensa vergonha.

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    1. Lo peor es cuando estas desgracias humanas afectan a personas buenas como el amable cobrador.

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    2. Francamente que esa "señora" es una pobre infeliz que se cree superior, no sé por qué. Pero mejor debería ir en su propio auto con chofer uniformado o tomar taxi.

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    3. Seguro que hasta eso le daría asco.

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  5. Hay de todo en la viña del Señor, y como dices hubiese sido suficiente un respetuoso "no te preocupes" pero eso de andar ninguneando no corresponde...
    Saludos!

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    1. No corresponde, Carlos. Lo peor es que quienes son como esa señora no aprenden. Jamás se ponen en el lugar del otro.

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  6. Gracias Gaby, triste pero real experiencia. Lo bueno es la reacción no-violenta del chico, la señora tendrá que llevarse esa amargura a otro lado

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    1. Eso nos hace ver quién de los dos tiene más refinamiento y distinción en esta historia, Niko.

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  7. Más despreciable es quién desprecia así. Seguro que era una vieja amargada.
    Buen lunes.
    Besos.

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    1. O se cree la última Coca Cola del desierto, como decimos por acá.

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  8. La primera vez que un cobrador, muy gentilmente, me ofreció su brazo para ayudarme a bajar del micro me sorprendió, pensé que les estaban enseñando buenas maneras. Le agradecí con mucho cariño, pensé que le recordaba a su mamá.

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    1. Puede haber sido eso, o cortesía pura... o las dos cosas.

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  9. Me entristeció solo el pensar en el joven, pero espero que así como hay gente extraña en este mundo, habrá alguien que en su momento le dirá un gracias y una sonrisa, que le ilumine nuevamente el día. Mundo extraño en el que vivimos.

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    1. Te doy la bienvenida a estos barrios virtuales.
      Yo tengo la certeza de que son más las personas que agradecen con sonrisas a este atento cobrador que gente malcriada y malagradecida como esta señora.

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  10. las broncas internas de mucha gente lo hace agredir antes de hablar
    un buen texto para reflexionar
    gracias

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    1. Gracias a ti por leer y comentar.
      Más que bronca interna, creo que esta señora lleva mucho aire de superioridad adentro. Aire nomás, que se disipa muy fácilmente y la hace ver como lo que realmente es: un pobre ser humano.

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