jueves, 17 de febrero de 2011

Crónicas de viaje: Big Sam en Atlanta

Hace muy poco tiempo pasé unos días en Estados Unidos. Estuve en varios lugares de Florida y también visité Atlanta. Este relato ocurrió en esa ciudad, en la fría temporada de invierno que viven nuestros amigos del norte del continente.
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Para mí, Atlanta era la imagen de la casa de la tía Pittypat de Lo que el viento se llevó. Era la ciudad desde donde transmite el líder mundial de noticias. La sede de la gaseosa más famosa del mundo. Una de las muchas sedes olímpicas. Pero nada de eso me impresionó tanto como Mike.

Mi amiga M y yo llegamos una fría mañana de sábado. S, quien nos acogió en su casa dos de los cinco días que pasamos allá, fue a buscarnos al aeropuerto. Fue ella también quien nos ayudó a escoger un hotel para el resto de los días en Atlanta.

Luego de analizar varias opciones en Internet, finalmente escogimos un hotel. Fue una muy buena oferta, aceptada un poco a ciegas y con cierto temor. Así fue que M y yo terminamos registradas en un cómodo hotel de una enorme cadena internacional que queda frente al estadio de los Bravos de Atlanta. El estadio fue construido con motivo de las Olimpiadas de 1996 y desde una de las ventanas se podía ver claramente el lugar desde donde la llama olímpica flameó en esa oportunidad. Sé que la foto no es totalmente clara, pero puede servir para hacerse una idea. Además si hacen click en la foto la podrán ver más grande.

Entre las ventajas que tiene este hotel está un servicio de transporte gratuito para huéspedes que abarca poco menos de 5 kilómetros alrededor del hotel. Dentro de esos límites están casi todos los atractivos de Atlanta que queríamos ver.

Voy a hacer corto un cuento largo. La primera mañana, un chofer joven nos dejó en una zona cercana al Centennial Park. Los pronósticos decían que llovería al día siguiente, así que aprovecharíamos ese soleado día para pasear cuanto pudiéramos por ahí.

Al bajar de la camioneta, el chofer nos dio un número de teléfono al que había que llamar cuando quisiéramos que nos recogieran.

Luego de horas de caminata, de fotos, de semáforos, de aguas danzarinas, de poca gente en la calle y cuando casi se hacía de noche, decidimos llamar para que fueran a buscarnos. M llamó desde su teléfono, y le dijo a quien contestó que estábamos dentro de otro hotel de esa misma cadena. El chofer le dijo que esperáramos dentro del hotel, que él ya llegaría por ahí.

Cosa curiosa: mientras esperábamos cómodas y abrigadas en el lobby del hotel, escuché el inconfundible modo de hablar limeño en un grupo de huéspedes que decidían a dónde ir a comer. Peruanos hay en todas partes.

Luego de algunos minutos de espera, hizo su entrada Big Sam. Tuve delante de mí a ese fiel empleado de la familia Wilkes que termina trabajando con Scarlett cuando todo su mundo ha llegado a su fin. Era exactamente como lo he imaginado toda la vida: enorme, fuerte, sonriente, de edad incierta y, sobre todo, infinitamente amable.

Nos preguntó si nosotras éramos sus pasajeras. Cuando le dijimos que si, nos invitó a subir a la camioneta con un gesto del brazo. Una vez dentro, nos contó que su demora había sido causada por su pasajero anterior. Tenía ese hablar cantarín que solamente había escuchado en el cine y remataba cada frase con un cordialísimo yes, ma'am que creo que nunca olvidaré.

Mientras manejaba, cosa que hacía con una extraordinaria pericia que no sé si resistiría el manejar agresivo de Lima, contestaba las llamadas de otros pasajeros y a todos les decía cuánto tiempo estimaba que le tomaría llegar. Siempre terminaba sus frases con un yes ma'am o un yes sir, según el caso. Hubo una ma'am que lo llamó hasta 5 veces para hacerle la misma pregunta (tal vez debería decir el mismo reclamo airado), y todas las veces la amabilidad de Mike fue admirable.

A la tarde siguiente, volvió a recogernos de otro punto de la ciudad. Esta vez la camioneta venía con más gente, por lo que fue poco lo que pudimos conversar con él.

En ambas ocasiones en que fuimos sus pasajeras, nos mostró con orgullo Georgia Tech. Lo mencionó casi con cariño al pasar por fuera de las instalaciones, al punto que me hizo pensar que quizá hubiera querido ser parte del alumnado, pero no había sido posible.

Al bajar de la camioneta esa segunda noche lo despedí con nostalgia. Sabía que sería la última vez que vería a Big Sam. Con su sencillez, su sonrisa y su amabilidad hizo de Atlanta una experiencia inolvidable.

Yes sir.

18 comentarios:

  1. Es hermoso viajar !!! .. pero que te atiendan con tanta amabilidad, te hacen sentir más cómoda y parece que disfrutas todo mucho más.

    Un beso , cuidate .
    Nancy

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  2. ¡Qué linda historia! Definitivamente viajar nos abre la puerta de lindas experiencias como esta que nos cuentas.
    Un abrazo!

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  3. LO CURIOSO Y QUE NUNCA UNO DEJA DE CUESTIONARSE ES: ¿QUÉ NOS FALTA A NOSOTROS PARA SER IGUAL DE AMABLES Y CORDIALES?...A TAL GRADO DE SER UNO DE LOS TANTOS MOTIVOS PARA ATRAER AL TURISTA.
    ¿EDUCACIÓN, FORMACIÓN, "CULTURA"?DIFÍCIL REFLEXIÓN LA MÍA.
    ALGÚN DÍA...ME IMAGINO...SE LLEGARÁ A ESE NIVEL DE AMABILIDAD QUE TANTO ATRAE Y HACE QUE UNO SIENTA ESA NOSTALGIA DE LA QUE HABLAS.
    ¿PROVOCA VOLVER VERDAD AMIGA?.
    COMO SIEMPRE, DISFRUTO TUS RELATOS Y NO DEJO DE ESPERAR CON MUCHO INTERÉS LA NUEVA REMESA.
    ME QUEDO CON ÁNIMOS PARA VOLVER A LOS ESTATES E IR A CONOCER ATLANTA...EN JULIO PASADO SOLO LLEGUÉ HASTA FLORIDA Y LOS FAMOSOS CAYOS.
    MUCHA FORTUNA Y BUENA VENTURA QUERIDA AMIGA.
    SALUDOS
    ANTONIO

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  4. Saludos de USA.
    Hi, Gabrielita.Me encanta poder comunicarme contigo aun que sea virtualmente.Si este es uno de los inviernos mas crudos que han habido
    en USA. Es precioso. Desafortunadamente no estoy en NJ. Asi que no puedo gozar de la nieve, pero si, hace frio y llueve muchisimo.
    Sabes aqui en USA. las companias de "Limo" o de autos, que, te llevan a los hoteles, al aeropuerto, son muy educados, muy "Nice", son seleccionados y en su mayoria son ingleses o de ascendencia inglesa.Con toda seguridad que, Big Sam pertenece a esa categoria.
    Mucha suerte. Te quiero.
    Cotiti.

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  5. Hay gente inolvidable, gente que hace la vida mas agradable a los demás

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  6. Qué lindo conocer Atlanta, con la CNN y todo lo demás. Pero sobre todo la ciudad de Lo que el viento se llevó, incluyendo al Gran Sam: me imagino verlo tal como describes a ese señor chofer, llevando a Scarlett en su carreta tirada por caballos. Igualito, enorme y amable, yes ma'am.

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  7. Me alegro Gabriela que hayas vuelto a viajar. Imagino que llevaste tus deliciosos chocolates de fabricación propia a los ¿atlántidos, altánticos, atlatenses...no sé? para deleite de los estadounidenses que seguramente disfrutaron de ellos, tal como nosotros durante tu visita a Chile.

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  8. Definitivamente es hermoso viajar, Nancy.

    Y esta fue una de tantas experiencias en Atlanta, Cheluca.

    No te arrepentirías de visitar Atlanta, Antonio.

    Yo tampoco pude ver la nieve, Consuelo. Será para la próxima.

    Este Big Sam fue inolvidable, María Jesús.

    Cambia la carreta por una moderna van y tendrás la figura completa, Lina.

    Ciertamente llevé de esos chocolates, Esteban. Son una cuenta pendiente para mi, ojala próxima, visita a Santiago.

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  9. Gracias por pasar por mi blog y dejarme tu mensaje!
    Que lindo que es viajar, yo ya estoy planeando mi próximo viaje!!!!
    Saludos

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  10. muy simpático el cuento! urgente reunirnos a comentar mas anécdotas. por fin me animé y tímidamente abrí mi blog. es mas un diario personal, pero quiero compartirlo contigo.
    http://miralara.blogspot.com/
    un beso
    Clau

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  11. Me alegra que tu viaje tenga tan lindos recuerdos,no he estado en Atlanta, pero por el clima en ésta época te inmaginaba caminando sobre una bella alfombra de nieve.
    Es muy hermoso viajar, espero si Dios quiere viajar en agosto.
    La foto agrandada, es muy buena, se aprecia la ciudad, lo más emosionante es el recuerdo de esa bella película "Lo que el viento se llevó", y el chofer un personaje increible, debiste tomarle una foto.
    Cariños,
    Maricarmen

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  12. Una historia alegre de esas que dejan ver un mundo que el mundo sí puede ser amable.
    Jejé.

    Un abrazo,

    Cati

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  13. Que lindo relato amiga!! Me senti parte de tus aventuras por Atlanta, me recordaste el frio invierno de alla y lo amable de la gente.
    A mi me encanta la fotografia, ojala hubiese visto unita mas de tus postales pero esta bien, me gusto la que posteaste.
    Me alegra que la pasaras bien, que encontraras gente de tu pais por alla y que tengas muchas cosas por compartir con nosotros, gracias!
    besotes!

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  14. Viajar es una de las mejores experiencias que uno puede tener, me encantaba leer el post sobre esto:)

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  15. Un pequeño detalle puede convertirse en un gran recuerdo. (Ahora, reconozco que esperaba una historia de romance loco en Atlanta...pero igual me gustó el post)
    Un abrazo

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  16. Conocer una nueva Ciudad es una aventura fascinante.
    Saludos desde Hamburgo.

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  17. Pues entonces, alas y buen viento, Clari.

    Lo he estado leyendo, Claudia. Te felicito por la decisión del blog.

    No se me ocurrió tomarle una foto a mi versión particular de Big Sam, Maricarmen. Qué falla la mía...

    Felizmente si, Cati.

    Y eso que no estuve en los días más fríos, Patricia.

    No lo dudo, Cyrano, gente sencilla, amable y buena hay en todas partes.

    No hay como viajar, Estrella.

    Me has hecho reír, Mary. Si hubiera habido alguna historia de loco romance, no la contaría por acá.
    ;)

    Fascinante e inolvidable, Fernando. Gracias por la visita.

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Gracias por leerme... y más aun por dejarme tu tarjeta de visita. Nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar la blogósfera.