jueves, 12 de agosto de 2010

Crónicas de viaje - Nueva York

Lo que cuento a continuación me pasó de verdad, hace 5 años, la primera (y hasta ahora única) vez que estuve en Nueva York.
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La cuarta estación

Estaba de vacaciones en Nueva York. Era mi primera visita a esa ciudad y estaba un poco ansiosa.

Estaba alojada en casa de C, una de mis mejores amigas del colegio, que en esos tiempos vivía bastante cerca de la Gran Manzana. La idea era que yo pasara unos días en Nueva York para conocer todo cuanto pudiera. Dadas las obligaciones laborales de C, tendría que hacerlo sola. Lo que si haríamos juntas sería el viaje de ida en tren, con ella como mi guía.

Así que, ni bien llegué de Lima, tomamos juntas el tren a Nueva York. Una vez en el tren las instrucciones fueron precisas: “te bajas en esta estación, buscas en el tablero que está ahí y te fijas en el número del andén. Vas para allá y esperas al tren. Como ves, pasan cada media hora más o menos. Si no alcanzas el tren, lo peor que puede pasar es que tengas que esperar el siguiente. Una vez dentro del tren, solamente tienes que contar cuatro paradas. Te bajas en la cuarta, que es fácil de distinguir porque es enorme. Para el regreso, el camino es inversamente igual”.

Repetí para acordarme: tengo que bajarme en la cuarta estación para el cambio de trenes. Ese segundo trayecto en tren era fácil, porque debía llegar a la última estación. C me estaría esperando, y si no estaba, podía esperarla o llamarla por teléfono.

Parecía muy fácil.

C se regresó a su casa y me quedé sola, alojada en un simpático y barato hotel.

Luego de cinco días de ir caminando a tantos sitios como pude, comiendo lo que podía, durmiendo lo menos posible para aprovechar el tiempo en conocer lo más posible, llegó el momento de regresar a la casa de C.

Fui a esa enorme estación, tantas veces vista en tantísimas películas, compré mi boleto, me fijé en los horarios y esperé un poco menos de media hora. Mi cansancio era tremendo.

Finalmente llegó el tren y me subí. Miré vagamente a los pocos pasajeros que estaban dentro, todos metidos en lo suyo. Todos viajaban solos. Escogí un asiento y me senté. Cuando el tren empezó a avanzar, mis nervios regresaron.

A los pocos minutos, el tren paró en la primera estación. Faltaban tres más. Todo estaba saliendo bien. Los nervios empezaron a disminuir.

De repente, al otro lado del pasillo, un poco más adelante de mi asiento, vi que un hombre me miraba fijamente. Tenía la mirada más dulce que había visto jamás en mi vida. Sonriéndome, movió la cabeza mientras me miraba y murmuró algo que no llegué a escuchar. Con toda mi desconfianza, decidí ignorarlo y mirar hacia otro lado. Pero sus ojos eran tan tranquilizadores. Volví a mirarlo: seguía murmurando mientras señalaba algo con la cabeza. Seguí con los ojos hacia donde señalaba, y entonces vi la estación. La estación que se suponía que era la cuarta parada. ¿Cómo así pasó a ser la segunda?

Me paré apresuradamente. Pasé al lado de este hombre, y recién ahí me di cuenta de su elegantísimo e impecable terno de tres piezas. Creo recordar que hasta tenía sombrero. Fue ahí cuando entendí claramente lo que decía: “esta es tu estación”. Asombrada, apenas pude agradecerle con un movimiento de cabeza antes de salir casi corriendo del tren.

Me quedé en la plataforma, sin poder hablar.

La gente que iba y venía me hizo reaccionar. Con las justas pude ver a qué andén tenía que ir, y con las justas pude subir al segundo tren. Me subí, pero seguía sin salir de mi asombro. Tenía un lío en la cabeza: ¿de dónde había salido ese hombre? ¿En qué momento se subió al tren? Estoy segura de que no estaba ahí cuando me subí. Con toda certeza, hubiera notado a un hombre tan elegantemente vestido. Ciertamente, hubiera notado esa mirada serena, inolvidable.

Entonces me di cuenta: de no haber sido por él, me hubiera quedado tranquilamente en el tren esperando la cuarta estación. ¿Dónde estaría en ese preciso momento? De puro miedo, descarté la idea.

Han pasado años de esto, y sigo sin tener respuestas. Me gusta pensar que era mi siempre atento y elegantemente vestido ángel de la guarda.
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No sé qué fiebre les ha dado a muchos alcaldes de Lima, que de un momento a otro están gastando recursos en "adornar" las veredas con unos ladrillos rojos. No se puede negar que se ven muy bonitos, pero no son nada prácticos. Además, más necesarias son las reparaciones de las pistas y veredas, muchas de ellas en estado realmente lamentable.

18 comentarios:

  1. Ah! me hiciste acordar cuando te tuvimos en casa, ojala vengas a visitarnos pronto! A lo mejor te embarco otra vez en un tren.

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  2. Claro que fue uno de esos seres que conocemos como "ángeles". A mí me han ayudado varias veces, una de ellas de forma tan clara y precisa que no me cabe la menor duda de su existencia. Fue cuando iba manejando de noche por la Panamericana Sur y me pasé sin darme cuenta la salida hacia donde iba. Totalmente perdida, ingresé por la siguiente salida que resultó ser una vía en construcción. Bajé del carro muy asustada y sin saber por dónde ir, todo estaba oscuro, cuando por el mismo camino llegó una camioneta blanca, manejada por un señor gordo y con varios niños en el interior. Le conté mi apuro y me dijo "Yo iba al mismo sitio que usted, también me pasé la salida, pero sé por dónde ir. Sígame". Así que lo seguí, regresamos a la Carretera, manejamos un buen rato hasta que llegamos a la salida de un puente por donde cruzamos, por supuesto yo no tenía la menor idea del lugar. Así dimos una enorme vuelta hasta que llegamos a una avenida ya muy conocida por mí, entramos por ahí y volvimos a la Panamericana. Entonces, al pasar por la salida que me correspondía, el señor de la camioneta me señaló con la mano, que por ahí debía entrar. Así lo hice, y recién ahí me acordé que él me había dicho que iba al mismo lugar que yo, pero ya se alejaba por la Carretera, mientras los niños me despedían agitando las manos. Bajé del carro, sin creer lo que me acababa de pasar. Díganme, ¿fue o no un ángel, el que me sacó del apuro y me llevó a mi destino? Yo creo que sí.

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  3. Se me puso la piel de gallina. Realmente tienes un ángel que te cuida, otra cosa no me imagino.

    Que ladrillos rojos? sirven para algo?

    Besos.

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  4. Vaya que coincidimos en nuestras experiencias.
    Solo lo que creemos de verdad en ellos vivimos seguros.
    No hay que dudar cuando uno de ellos vienen a nuestra ayuda, pedimos y nos dan, por eso debemos agradecer tenerlo siempre a nuestro lado.
    En mi caso no es elegante ni perdido, son los que siempre están.
    Gracias por hacerme reflexionar de manera positiva.
    Pido bendiciones para todos.
    Antonio

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  5. Hola Gabriela:
    A mi también me gustaría encontrarme con alguna angelita que me dijese en que estación tengo que bajar..., pero por desgracia no he tenido la suerte que tuviste tu.
    Como dicen en Galicia: no creo en meigas pero "haberlas haylas"...

    Cordiales saludos,
    Luis

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  6. Todos al nacer tenemos a nuestro Ángel de la Guarda,y no se presentan como los vemos en las estampitas, sino en personas que salvan de algún peligro o nos guían por donde ir.
    Yo tengo trabajando mucho a mi Ángel, porque como soy muy desorientada, y sin él me perdería y no llegaría de regreso a casa.

    Me gustó mucho tu aventura del tren, ese elegante señor, era tu Ángel.

    Cariños para mi ahijada preferida.

    p.d. Los ladrllos rojos también los tengo en las esquinas de todas las cuadras, donde han hecho unas bajadas para los coches de bebés, y sillas de ruedas, eso es lo que dice la Municipalidad.

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  7. Estimada Gabriela

    El año nuevo 2009 lo recibí en París al pie de la torre Eiffel. Lo que nadie me dijo es que esa madrugada no habrían trenes.

    Estaba sentado en un paradero, congelado y sin saber qué hacer cuando apareció una pandilla de 10 africanos. Hasta ahora no me explicó como se siguieron de largo sin decir nada y comenzaron a fastidiar a otra persona.

    Creo que esa es una de las ocasiones en que tranquilamente puedo decir que la saqué barata.

    Me gustó mucho tu post.

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  8. Ah... Y odio los ladrillos rojos.
    Ja ja ja

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  9. Hola Gabriela:
    Por naturaleza no creo en esas apariciones súbitas y benefactoras, pero si las cuenta alguien creíble como tu...me pongo a dudar.

    Cariños.

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  10. No hay problema, C, embárcame en otro tres. Pero asegurate de ver que entre los pasajeros esté un hombre muy elegante.

    Yo también lo creo así, Lina.

    Los ladrillos no sirven para nada más que adornar, Katy. Nada más.

    Lo gracioso, Antonio, es que esa vez no pedí nada. Se me adelantaron.

    Espero que nunca se te pase la estación donde debes bajar, Luis. Con angelita o sin ella.

    Imagino a tu ocupado ángel, Maricarmen. Tal vez sean varios, para que se den abasto.
    ;)

    Gracias por la visita, Renzo. Imagino el frío de tu Año hnuevo 2009.

    Gracias por lo de creíble, Esteban. Yo si creo que andan por ahí. A mí me han ayudado en muchas, hasta en aprobar exámenes de las maneras más increíbles.

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  11. Definitivamente creo en que hay cosas así de bellas... de esas que hacen la vida mágica!!

    Hermosa anéctota!

    Muchos saludos,

    Cati

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  12. Tan increíble que parece sacada de la imaginación, Marta.

    Mágica y llena de sorpresas, Cati. Ojalá siempre tuvieran un final feliz.

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  13. wow!!! No hay duda que Dios ayuda de verdad. Por cierto que elegante ángel de la guarda tienes.

    Yo nunca he viajado sola a otro país y creo que no podría.

    Y hablando de ángeles de la guarda, yo acostumbro dormirme en los transportes y hasta ahorita nunca me he pasado de mi parada, parece que mi ángel de la guarda no puede dormir cuando yo lo hago, porque muy lindo siempre me despierta.

    saluditos. hilda

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  14. Pucha, creo q hago trabajar mucho a los ángeles de la guarda... jajaja.

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  15. Espero que nunca se te pase el paradero en el que debes bajar, Hilda. Nunca me ha pasado, pero debe ser muy desagradable.

    ¿Y serán tan elegantes como este neoyorquino, Juan?

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  16. You traveled from Lima to New York by train? Que bueno! How long did it take?

    You must have seen a lot of beautiful scenery!:)

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  17. Muy malos los 'adoquines', te unes a la idea de plantar una bomba en la fabrica? A nosotros los patinadores no nos deja hacer nada...

    Un abrazo

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Gracias por leerme... y más aun por dejarme tu tarjeta de visita. Nunca sabemos hasta dónde nos puede llevar la blogósfera.